Intervención de la delegación cubana en el tema 51 a) Comercio Internacional y Desarrollo.
II Comisión. 30 de octubre de 2009.
Señor Presidente:
Hace varios años que nuestra delegación viene a este debate a reiterar los mismos puntos y las mismas legítimas demandas, que son en esencia, aquellas que compartimos todos los países en desarrollo, cuando de este tema se trata.
Los lenguajes acordados aquí se refieren a la necesidad de establecer un sistema multilateral de comercio abierto, justo y equitativo. Sin embargo, ello sigue sin materializarse, a pesar de las promesas, que también desde hace varios años escuchamos al respecto en múltiples foros.
La crisis económica y financiera global que atraviesa el mundo, cuyas raíces estructurales y profundas causas sistémicas ya nadie duda, ha puesto de relieve la urgencia de la reforma del sistema económico mundial. Tal reforma deberá incluir forzosamente, la reforma del sistema comercial multilateral, a fin de lograr el objetivo antes mencionado, del que hemos hablado tantas veces.
Las cifras por concepto de afectaciones al comercio como resultado de la crisis, presentes en todos los informes y documentos analíticos sobre el fenómeno y que no vamos a reiterar, hablan por sí solas, y nos presentan un panorama desolador en esta importante actividad económica, particularmente para los países en desarrollo.
A menudo escuchamos que la rápida conclusión de la Ronda de Doha sería el remedio más inmediato para paliar la situación actual. En ese sentido, hemos vuelto a escuchar también algo que por años se nos viene prometiendo acerca de un supuesto nuevo compromiso o impulso político a las negociaciones en el marco de la Organización Mundial de Comercio (OMC), con vistas a concluir la Ronda lo antes posible. Sin embargo, no se aprecian cambios sustanciales en las posiciones de negociación de los principales actores desarrollados, ni parece que tendrán lugar a corto y mediano plazo.
Señor Presidente:
No debemos olvidar que nuestro compromiso con la Ronda de Doha es lograr su conclusión exitosa, lo cual equivale a garantizar el logro de los objetivos de desarrollo que fueron fijados para la misma, mediante un acuerdo equilibrado y equitativo sobre acceso a mercados para agricultura y productos industriales, a través del respeto al criterio de reciprocidad menos que plena, la garantía del espacio para que los países en desarrollo puedan implementar sus políticas nacionales y la atención a las necesidades especiales de los países en desarrollo, en particular de las economías pequeñas y vulnerables, a fin de permitir su efectiva inserción en el comercio mundial.
Las últimas declaraciones de influyentes grupos de países, como el G-20, hablan de esforzarse por concluir la Ronda y se ha creado una especie de euforia con hacerlo para el 2010, al tiempo que se celebran los supuestos beneficios de finalizar las negociaciones lo antes posible.
Sin embargo, estas declaraciones no han incluido los temas claves que será necesario resolver para cumplir el verdadero objetivo que nos propusimos al iniciar la Ronda. Es decir, no se han referido a la necesidad de garantizar el trato especial y diferenciado y las flexibilidades para los países en vías de desarrollo, ni a la urgencia de garantizar la operacionalización del Mecanismo de Salvaguardia Especial para nuestras naciones, y tampoco a la importancia de corregir el deterioro de los desiguales términos de intercambio comercial en detrimento de las exportaciones de los países en desarrollo.
Han hablado de resistir el proteccionismo, pero ni siquiera se ha mencionado la más antigua y mayor forma de proteccionismo que existe: los multimillonarios subsidios de los países desarrollados a su agricultura, a pesar de que la agricultura y el desarrollo fueron las principales razones del lanzamiento de la Ronda de Doha y deberán continuar siendo el centro de esta.
El compromiso de combatir el proteccionismo, como hemos dicho también en otras ocasiones, tanto aquí como en Ginebra, debe cumplirse de forma integral, sin demagogias, ni dobles raseros.
En ese sentido, nos permitimos recordar que los aranceles son casi el único espacio o instrumento de política con que cuentan los países en desarrollo, pues, salvo en contadas excepciones, nuestros países no pueden utilizar subsidios por las limitaciones que les imponen los acuerdos de la OMC y por carecer de los multimillonarios fondos que en más de 350 mil millones de dólares anuales, alrededor de 1000 millones de dólares diarios, emplean los países desarrollados para subsidiar su agricultura. Solo por ese concepto los países en desarrollo, exportadores de alimentos, pierden anualmente más de 40 mil millones de dólares, además de la permanente falta de competitividad que ello ocasiona a sus productos agrícolas.
Por otro lado, los países desarrollados intentan imponer su filosofía del libre comercio y al mismo tiempo que presionan para la apertura a ultranza de los mercados de los países subdesarrollados, aplican medidas proteccionistas cuando productos de estos países logran cierta competitividad.
Es por ello que no basta con declaraciones vacías. Es imprescindible enfrentar de manera efectiva las varias capas de proteccionismo que aplican los países desarrollados en forma de subsidios, barreras no arancelarias, salvaguardias, aranceles no advaloren, progresividad y picos arancelarios, así como contingentes arancelarios y productos sensibles.
Señor Presidente:
El Banco Mundial proyectó los eventuales beneficios de una finalización de esta Ronda en 96 mil millones de dólares, de los cuales solo 16 mil millones o sea una quinta parte, serían para los países en desarrollo. Es decir, en ese escenario, los beneficios per cápita para los países industrializados serían 25 veces los de los países en desarrollo.
Por todo ello reiteramos que el contenido y el cumplimiento de los mandatos que nos propusimos en Doha deben prevalecer sobre los calendarios.
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Desde nuestro punto de vista, una respuesta efectiva a la crisis actual a corto plazo, desde la OMC, debería pasar por la adopción del Mecanismo de Salvaguardia Especial, un acuerdo sobre Productos Especiales no sujetos a liberalización, la garantía de un acceso efectivo para ciertos productos de alta sensibilidad como algodón y banano, la atención adecuada al tema de la erosión de las preferencias, y suficiente flexibilidad para permitir a los Países Importadores Netos de Alimentos acceder a financiamiento para la importación de los mismos.
Por otro lado, cualquier futuro acuerdo debería garantizar la flexibilidad necesaria para que los países en desarrollo protejan su sector agrario, a sus productores de la competencia desleal que imponen los países ricos, y a los sectores más vulnerables, a fin de salvaguardar la seguridad y soberanía alimentarías, así como sus medios de subsistencia y el desarrollo rural.
Esperamos que nuestras discusiones reconozcan estos elementos esenciales, pues de no hacerlo, no estaríamos dando contenido real al vínculo entre el comercio y el desarrollo, como el propio título de este tema indica.
Muchas gracias.
(Cubaminrex-Misión ONU)