Comparación entre el ALBA y otros “libres comercios”
Por Joaquín Rivery Tur
Tomado de Granma,
16 de mayo de 2005
Repentinamente, como si respondieran a una señal de su organillero, un grupo de gobernantes de estados-culebra de Centroamérica han corrido juntos a Estados Unidos para defender allá al CAFTA-DR, una sigla en inglés, que identifica al Tratado de Libre Comercio de Centroamérica y República Dominicana.
Fueron juntos, nada menos que a promover la aprobación del acuerdo por el Congreso norteamericano —donde muchos demócratas lo rechazan— antes de que comience el receso de verano del Parlamento norteño, en la más inconcebible peregrinación que se haya visto, pues en el documento solamente hay concesiones de los países pobres a la superpotencia rica.
Acompañados por Jeb Bush, gobernador de la Florida, los presidentes Oscar Berger, de Guatemala; Ricardo Maduro, de Honduras, y Enrique Bolaños, de Nicaragua, destacaron que la aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos, República Dominicana y Centroamérica, frenaría la migración hacia este país (donde se ubican grandes concentraciones de guatemaltecos, hondureños, nicaragüenses. salvadoreños y dominicanos).
Los gobernantes en ningún momento se han preguntado por qué el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (México, Canadá, Estados Unidos, casi idéntico al CAFTA) no ha frenado la emigración mexicana con rumbo septentrional ni por qué va a ser distinto en Centroamérica, donde el hambre, la miseria, la ignorancia, la falta de trabajo y de salud se las arreglan para triunfar.
En una rueda de prensa conjunta ofrecida en el puerto de Miami, el guatemalteco, Oscar Berger, dijo que "nuestras democracias son muy frágiles" y hasta ahora no han respondido a sus pueblos. ¿Quiénes? ¿Los gobernantes? ¿Y esperan hacerlo vendiendo los países?
Fíjense ustedes en las amenazas: Jeb Bush, gran sostén de los que compartieron con él las mismas mentiras, advirtió que si no se aprueba el acuerdo con Dominicana y Centroamérica, menos se concretará el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Claro, hombre, si al ALCA, planeado para entrar en vigor este 2005, prácticamente le están haciendo el velorio.
Cuando el CAFTA-DR entre en vigor, veremos repetirse lo de México: bancos a manos norteamericanas, los campesinos hambreados por la competencia de la agricultura subsidiada estadounidense, productos de exportación casi sin componentes nacionales, medicamentos caros porque los controlan las transnacionales gracias a la "propiedad intelectual" que no permite fabricar genéricos y, lo principal, grandes capitales con libertad para entrar a los países y comprar los negocios que les convienen, mientras dejan para los locales todo, todo, todo... lo que no les interesa.
Exactamente en el sentido opuesto del CAFTA-DR y del ALCA, avanza la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), iniciativa del presidente venezolano Hugo Chávez que encontró el apoyo e impulso inmediatos de la Revolución cubana.
Los acuerdos, cartas de intención, proyectos y demás documentos firmados por el Presidente Fidel Castro y el mandatario venezolano en diciembre del 2003 y abril del 2004 avanzan a buena velocidad y se distinguen de los tratados impulsados por Washington en que lo comercial va de la mano con lo social y lo espiritual, porque al fin y al cabo el objetivo de todo es el hombre y no las empresas.
Mientras se firmaban los documentos con Cuba, Chávez impulsaba el ALBA en las conversaciones que sostenía con los gobernantes de Brasil y Argentina, en las cuales se destaca el énfasis puesto en el sector energético con la idea de crear una empresa petrolera latinoamericana denominada Petrosur.
En un plan para retribuir con productos de los países socios en estos proyectos, el petróleo y gas venezolanos pueden llegar a Brasil, en Argentina se pueden reparar los tanqueros de PDVSA, en Brasil se planifica construir una refinería entre los tres en la zona del Nordeste de ese país, Venezuela puede recibir alimentos de sus dos socios de integración y hay muchas ideas más.
Para contrarrestar el monopolio de la televisión norteamericana que divulga únicamente su visión de los acontecimientos regionales y mundiales, Chávez propuso e inmediatamente comenzó el trabajo de creación de Telesur, una cadena televisiva para presentar las noticias desde el punto de vista latinoamericano.
Los convenios entre Cuba y Venezuela, parte del ALBA, se destacan por la ampliación acelerada de un sistema de salud que llegue en Venezuela a toda la población, y la formación de decenas de miles de médicos para prestar asistencia a los que más lo necesitan.
Se trata de planes que ya pronto van a comenzar a beneficiar a otras naciones, aunque no hayan suscrito el ALBA, pues ambos presidentes acordaron que la Operación Milagro, por la cual decenas de miles de venezolanos con catarata, miopía y otras enfermedades oftalmológicas se operaron y continuarán operándose en Cuba, sea extendida a la población pobre de otros países, y gracias a esta iniciativa, unos 100 000 latinoamericanos podrán recuperar la visión.
La diferencia es abismal entre aquellas concepciones norteamericanas contra los pueblos y las bolivarianas y martianas, de real integración de los pueblos latinoamericanos para ayudarse y apoyarse mutuamente, no con priorización de las ganancias, sino haciendo énfasis en el hombre.