DECLARACIÓN DEL EXCMO. SR. ORLANDO REQUEIJO, EMBAJADOR, REPRESENTANTE PERMANENTE DE CUBA ANTE NN.UU. Nueva York, 10 de febrero de 2005.
Consulta informal acerca del Informe del Proyecto del Milenio.
Sr. Presidente:
En primer lugar mi delegación desea adherirse a la declaración pronunciada por la distinguida representación de Jamaica, a nombre del G-77 y China. Nos sumamos igualmente a las expresiones de agradecimiento hacia usted por convocar a esta consulta informal y darnos de ese modo la oportunidad de intercambiar sobre las disímiles propuestas contenidas en el Informe presentado por el Proyecto del Milenio, documento que, sin lugar a dudas, aborda temas de suma importancia para el grupo de países en desarrollo.
Tenemos ante nosotros un documento voluminoso que aún estamos estudiando. Los criterios que compartiremos hoy aquí han surgido del análisis de su contenido y también de los valiosos intercambios en los que hemos podido participar con los principales responsables del Proyecto del Milenio. Aunque muchas otras cosas podrían decirse de un texto como este, nos concentraremos en las principales recomendaciones que aparecen en el informe.
Ante todo y de forma general debemos expresar que si bien entendemos el mandato específico que fue otorgado a los autores del informe, para mi delegación es importante subrayar que el desarrollo es un proceso abarcador y complejo que no puede resumirse en los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio. El alcance de estas metas debe concebirse sólo como un paso hacia el logro de objetivos mucho más ambiciosos en todos los ámbitos, algunos de los cuales han sido reflejados de manera concreta en el resultado de diversas conferencias y cumbres de NN.UU, por lo que constituyen de igual forma compromisos ineludibles de la comunidad internacional y parte sustancial de la agenda de cooperación Norte-Sur.
Desde esta perspectiva hemos analizado las recomendaciones de este texto que si bien merecen atención por la importancia de los temas que abordan, sólo intentan la búsqueda de respuestas parciales a un limitado espectro de problemas que enfrentan nuestros países.
A partir de esta lógica, la propuesta de adoptar estrategias de reducción de la pobreza basadas en los Objetivos de Desarrollo del Milenio que aparece reflejada en las primeras tres recomendaciones del informe debe entenderse por tanto dentro del contexto amplio de las estrategias nacionales de desarrollo que deberán responder estrictamente a las necesidades y prioridades de cada país. Es importante recalcar en este punto que el derecho de cada pueblo a escoger su propio modelo de desarrollo socio-económico no puede ser socavado bajo ninguna circunstancia.
Por otra parte, nos parece importante que cuestiones básicas como las que se plantean en el llamado “grupo de acciones de ganancia rápida” propuesto en el contexto de la Recomendación No. 5 hayan merecido finalmente este reconocimiento. Sin embargo nos preocupa que no se hagan propuestas más concretas de cómo llevar a la práctica dichas acciones. Su consecución requiere sin lugar a dudas de un rol protagónico del Estado al que ha intentado debilitarse en extremo a lo largo de muchos años de consagración de la privatización indiscriminada como solución a los problemas del desarrollo, como parte de la imposición del modelo neoliberal, cuyo estruendoso fracaso se hace cada día más evidente. La lista de elementos identificados aquí podría incluir muchas otras acciones dirigidas a solucionar otras tantas dificultades que enfrentan hoy en día los países pobres que en muchos casos carecen de un sector público fuerte y bien estructurado como resultado de la aplicación de las políticas antes mencionadas.
El apoyo a iniciativas de carácter regional a las que se hace referencia en la Recomendación No. 6 es positivo. En el caso de las estrategias nacionales de desarrollo y su alineamiento a este tipo de iniciativas, son válidas nuestras observaciones anteriores en cuanto a la titularidad nacional de tales decisiones.
La Recomendación No. 7 aborda un tema de primordial importancia para los países pobres: la Asistencia Oficial al Desarrollo. Nuestras naciones han observado con preocupación y profunda decepción a lo largo de los años el incumplimiento de este antiguo compromiso de parte de los países desarrollados. Es imperativo exigir por tanto su consecución más inmediata y exenta de todo tipo de condicionalidades. En este punto, nos parece importante recordar que la AOD constituye una esencial fuente de recursos para el financiamiento de prioridades de desarrollo que no sólo se restringen a los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
El
comercio es otro de los tópicos de particular relevancia para nuestros
países y nos complace constatar el énfasis del informe en el
mismo. A pesar de ello, la Recomendación No. 8 nos parece bastante
limitada en comparación con el análisis de los temas comerciales
que aparece en el informe. Tampoco nos parece un adecuado reflejo de los acuerdos
que se han logrado en el seno de la Organización Mundial del Comercio.
A ello quisiéramos añadir que el debate sobre el comercio internacional
no puede circunscribirse al marco de la OMC. Es imprescindible subrayar el
rol primordial que deben jugar las NN.UU en este sentido como foro universal
para la discusión de estos temas.
Nos complace también que la Recomendación No. 9 se ocupe del
progreso de la ciencia y su financiamiento, una de las áreas más
críticas para el desarrollo de nuestros países. Sin embargo,
debemos enfatizar en la importancia de la adecuada transferencia científica
y tecnológica hacia los países en desarrollo, que deberán
ser los principales receptores de los avances que proporcionen las investigaciones
en estos campos. Junto a ello debería mencionarse la imperiosa necesidad
del fomento de la capacidad de nuestros pueblos dirigida al desarrollo de
nuestro propio potencial científico y tecnológico.
La Recomendación No. 10 se ocupa del rol de las agencias, fondos y programas de NN.UU en el terreno para apoyar la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Si bien favorecemos este enfoque en sentido general, nos preocupa que sea ese el único rol que se le conceda a las NN.UU en este proceso. No se mencionan aquí los espacios intergubernamentales más importantes con los que cuenta esta organización para hacer avanzar la agenda internacional del desarrollo como el ECOSOC y la propia Asamblea General. Estos órganos deberán ser fortalecidos a fin de que jueguen el papel central que les corresponde en este sentido.
Señor Presidente:
Hemos dejado para el final nuestro comentario acerca de la Recomendación No. 4 por ser esta motivo de fuerte preocupación para mi delegación. La identificación de un listado de países que supuestamente se encontrarían en la llamada “vía rápida” respecto a los Objetivos de Desarrollo del Milenio para que los mismos sean objeto de un incremento rápido en los niveles de AOD sobre la base de criterios controversiales acerca de buena gobernabilidad y capacidad de absorción nos parece un elemento distorsionador de los principios de imparcialidad y no selectividad que deben guiar el otorgamiento de esa asistencia. En ninguno de los enunciados de los compromisos internacionalmente acordados con relación a la AOD aparecen elementos vinculados a condicionalidades para su obtención. Esto sería sencillamente inaceptable para el conjunto de los países en desarrollo. Nos llama la atención que uno de los criterios escogidos para medir “buenas conductas” haya sido aquel que aplica el más poderoso Estado miembro con que cuenta esta Organización, que a su vez posee el récord más pobre de concesión de Asistencia Oficial al Desarrollo.
Cualquier intento de legitimación de la injerencia de los países donantes en nuestras políticas nacionales de desarrollo debe ser rotundamente rechazado puesto que la formulación de las mismas constituye un acto esencial de soberanía de nuestros Estados.
En
este sentido, no podemos dejar de insistir en la importancia de promover cambios
importantes en el orden mundial que permitan la creación de un entorno
internacional propicio al progreso de nuestras naciones, libre de sanciones
y medidas coercitivas unilaterales y de todo tipo de condicionalidades que
sólo intentan trasladar a los hombros de nuestros pueblos la responsabilidad
histórica, moral, política y económica que tienen los
países ricos para con nuestro desarrollo.
Muchas gracias.