Por Joaquín Rivery Tur No hay que asombrarse de lo que se dice, pero la agencia DPA reproducía un primer párrafo de un cable así: Los pueblos latinoamericanos se han alzado contra el ALCA y los TLC. "La generación de 5,7 millones de empleos en los próximos diez años será una de las grandes consecuencias a favor del Perú con el Tratado de Libre Comercio acordado con Estados Unidos, aseguraron hoy portavoces empresariales." La mentira dicha sin ambages tiene su origen en la Asociación de Exportadores de Perú, aunque PL refería una versión opuesta desde otra fuente, Luis Zúñiga, presidente de la Convención Nacional del Agro Peruano, quien acusó al Gobierno de Alejandro Toledo de traición a la patria por los términos del Tratado, que tendrá desastrosos efectos sobre la agricultura peruana y la sociedad en general. Como sucedió en México, en Chile y en Centroamérica, nada de lo convenido es de conocimiento de la población. Se trata de un acuerdo secreto, del cual las grandes masas solamente sabrán las consecuencias cuando las experimenten. Esas son las dos principales reacciones al hecho de que el Gobierno peruano concluyera en solitario el Tratado con Washington, dejando de lado a sus conegociadores de los gobiernos de Ecuador y Colombia. Ya el presidente Alejandro Toledo había declarado su apuro por la terminación de las conversaciones para no dejarlas al próximo Presidente que tomaría posesión el año próximo. Era su último regalo a Washington y a las transnacionales norteamericanas. Las posiciones de los otros dos que participaban en las negociaciones no eran tan complacientes como la de Toledo, aunque todos saben que un TLC con Washington implica concesiones a granel con todas las ventajas para el capital y el comercio del país del Norte. En Colombia la gran resistencia ha sido precisamente por el rubro agrícola y el tema de la propiedad intelectual, que encarecería enormemente el precio de las medicinas para una población que en su mayoría está por debajo de la línea de pobreza y no podría adquirir las marcas que hoy se producen como medicamentos genéricos. El mismo procurador general colombiano, Edgardo Maya, subrayaba el pasado 25 de octubre que una mala firma del tratado generaría efectos negativos para el país, y añadía dos aspectos más a los problemáticos: el acceso a los mercados norteamericanos y los textiles. Evidentemente, el TLC con los tres andinos no podrá firmarse este año, a pesar de que Regina Vargo, la principal negociadora estadounidense, amenazó a sus contrapartes con el peligro que supone dejar las tratativas para el primer semestre del 2006, pues será muy difícil negociar. Tal vez se refiera a que este tipo de actividad gubernamental no es muy aceptada, hay un año de elecciones en Estados Unidos, y ya el TLC con Centroamérica pasó apuros fuertes para que fuera sancionado en el Senado en Washington. La posición de Ecuador tiene también dificultades, pues los empresarios ganaderos pidieron a su Gobierno que excluyera los productos cárnicos y lácteos de las negociaciones, debido a que la entrada de esos mismos artículos procedentes del Norte y fuertemente subsidiados sería catastrófica para la producción nacional. En ninguno de los casos, los gobiernos andinos han planteado el problema de la protección de la producción agrícola norteamericana con miles de millones de dólares por parte del Gobierno de Washington, como tampoco lo hicieron los centroamericanos que firmaron el CAFTA, y nadie se ha mirado en el espejo de la devastada agricultura mexicana después de diez años de libre comercio con Estados Unidos. Con Venezuela no pueden contar. Allí los vientos soplan hacia la integración, la solidaridad y el enfrentamiento a los planes imperialistas de emplear la sedición y los crímenes. El otro país andino, Bolivia, no estuvo en las negociaciones porque su situación interna no lo permitía. Las protestas populares contra el ALCA fueron una demostración de potencia kilotónica y el clima era muy explosivo en el altiplano andino, poco antes de las elecciones. Para Washington, la victoria de Evo Morales es un contratiempo mayor, dada las posiciones del líder del Movimiento al Socialismo (MAS), tan antineoliberales que ya se pueden despedir de su posible participación en el TLC o en el ALCA. Eso significa, si Colombia y Ecuador firman igual que Perú, que la Comunidad Andina de Naciones se va a bolina, y que la tendencia natural en Bolivia sería la de integrarse más plenamente al Mercado Común del Sur (MERCOSUR), es posible que como miembro pleno, lo que, con la incorporación de Venezuela y los planes de interconexión energética potencian al grupo de integración sudamericano, que multiplica seriamente la fuerza negociadora de América del Sur, y tendrá la tendencia de atraer hacia sí a otras naciones que giran en su órbita, porque, si los TLC se firman, también se pueden deshacer. Washington había sostenido una línea de amenazas a Bolivia. Ahora aparece como más dialoguista, pero nunca se pueden descartar las acciones agresivas dadas las características fascistoides del Gobierno de Bush. Estas discordias andinas pueden hacer posible esa amenaza de la agresión preventiva en cualquier oscuro rincón del mundo. Habría que ver si la fiebre bélica le permite a Bush darse cuenta de que la acción puede encender el continente. Y si se percata, quizás pueda escoger la práctica israelí de los "asesinatos selectivos" de líderes, como si no fuera toda la masa humana desvalida de cada nación americana la sublevada en el continente y la que estallaría en caso de un ataque.
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