EL GRAN ABSURDO Intervención del Dr. Miguel Barnet en el Evento de Intelectuales de América Latina y Europa convocado por el Instituto Cervantes de Viena , el 4 de mayo de 2006. Para los europeos, no cabe duda alguna, los latinoamericanos somos gentes maravillosas; ejercemos la sensualidad, el hedonismo y la originalidad. Somos grandes artistas, grandes escritores, aquí la originalidad se nos admite sin reservas, ¡Ah!, grandes deportistas y muy buenos guías de turismo. Pero cuando nos proponemos un cambio social, producto de la violencia y el dolor desmesurado de nuestra historia, entonces, nos miran con suspicacia, cuidado, ahí viene el diablo. Somos delirantes, aventureros o cuando menos utópicos inveterados. Nos miran como el abuelito regañón mira al nieto díscolo. No hay modo de cuestionarse el modelo metropolitano si no es con métodos “civilizados” y con patrones establecidos de antemano que, desde luego, deben ser europeos. Métodos distintos en condiciones diferentes, eso jamás; sería una herejía propia de Calibán. El cimarrón a la carga del machete. Occidente, léase el occidente que nació con el capitalismo inglés primero y luego con el capitalismo imperial surgido a finales del siglo 19, es incuestionable; la tabla raza sobre la cual debemos medir cada uno de nuestros pasos, como si no fuéramos también los latinoamericanos occidentales redomados solo que con matices culturales propios provenientes de sabias culturas milenarias y de un fluir orgánico de vivencias personales. De un tiempo a esta parte se tiende a usar en lugar de occidente, sin embargo, y ya como un eje extremo, el vocablo NORTE, que convierte a los demás países, incluyendo a los latinoamericanos, por inclinación binaria en el Sur. DICOTOMIA que en diabólica metamorfosis nos vuelve ángeles o demonios, según nos comportemos. Somos, pues, asumámoslo el demonio redivivo. Un demonio gracioso a veces, pero como todo demonio, peligroso y temible. Aunque, también, porque negarlo, demonio empobrecido, colonizado pero no domesticado. He ahí el gran problema. Demonio cuyo balbuciente discurso es acusado de irrelevante a la teoría, a lo racional, a lo lógico; somos pues, el sitio en que viven repito, la sensualidad y el instinto, el Eros y el tánato, pero un Eros sin más proyección que la ludrica. Afortunadamente no todos piensan así, los hay que se acercan con respeto y hasta con admiración, pero desde mi punto de vista, son los menos. Nuestras civilizaciones precolombinas fueron diezmadas por la colonización y sólo nos quedó la ilusión de un mundo fenecido que evocamos con nostalgia pero que en el subconsciente nos alimenta con una fuerza inmedible. Las metrópolis han lucrado a su antojo con este ideal latinoamericano de un imaginario que nos sirve de acicate para la formación de una civilización moderna. Pero occidente insiste en someternos a sus cánones para según ellos poder alzarnos como pueblos dignos de ser reconocidos y auxiliados en propósitos sociales y políticos. Algo así como un filantropismo pasado por agua. “Toda obra nuestra, de nuestra América robusta tendrá, pues, el inevitable sello de la civilización conquistadora, pero la mejorará, adelantará y asombrará con la energía y el creador empuje de un pueblo en esencia distinto, de nobles ambiciones y aunque herido, no muerto” como expresó José Martí, Apóstol de la independencia de Cuba, en su artículo “Los Códigos Nuevos” de 1877. Quiere decir que no hay batalla verdadera ni la habrá jamás entre civilización y barbarie sino entre la falsa erudición y la naturaleza, es decir la naturaleza que crea hombres naturales y no artificiales, sabios que no letrados de gabinete. Nuestra Grecia, aseveró Martí, es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria. Somos como afirmó Bolívar afrolatinoamericanos, en nuestro tronco se injerta el mundo con una savia nutricia. Esto de por sí es una declaración de principios de raíz antropológica. La nuestra, por obligación, es una cultura de síntesis como toda cultura proteica, como todo continente multicultural. Así nos expresamos. Mientras las elites europeas no se percaten de esto, mientras no lo acepten con modestia, no habrán entendido jamás a los latinoamericanos. No se trata de vulgares calificaciones entre lo que puede ser superior e inferior en si mismo sino de puntos de vista diferentes de la realidad. Si es verdad que tenemos que aprender de la GRECIA ANTIGUA y sus valores éticos revelados en la Iliada y La Odisea y en todo su mundo cosmogónico enriquecido por los filósofos de la naturaleza, también debemos conocer de la filosofía de los Mayas y los Incas y de las culturas africanas y sus valores éticos y morales que tanta energía nos han insuflado, porque no sabemos a ciencia cierta, aun hoy, o peor con los bárbaros ejemplos de hoy de saqueos implacables y guerras injustificadas e ilegales sí la fórmula de occidente será la que finalmente domine mañana. Cuando el sabio cubano Fernando Ortiz habla de Transculturación en su insuperable libro “El Contrapunteo del Azúcar y el Tabaco”, está hablando de una cultura de síntesis, como un “abrazo de cópula genética de los individuos: la criatura siempre es distinta de cada uno de ellos”. En conjunto, el proceso es de transculturación y este término comprende todas las fases de su parábola. La religión popular de Cuba, es la santería, compendio de santos católicos fusionados en increíbles equivalencias con los Orishas o santos yorubas que llegaron a mi país en los barcos negreros. No conozco otro encuentro mas espectacular y fértil que este de la cultura europea católica y las creencias o religiones mal llamadas sincréticas en oposición a las occidentales, como si el catolicismo y las religiones evangélicas no gozaran también y fíjense que digo gozaran de un rico sincretismo de origen pagano y medieval. La cultura, escribió Fernando Ortiz, no es un lujo ni un ornamento, es una energía y una necesidad. Una categoría del ser y no del saber. Imponernos una globalización sería siempre un acto de violencia, de incomprensión de racismo y de totalitarismo. Nosotros los latinoamericanos estamos bien conscientes de ello, por eso entendemos el dialogo de igual igual. Y a nombre de todos los pueblos del llamado Sur o mundo en vías de desarrollo, exigimos comprensión que no tolerancia, vocablo indigno y paternal. Comprensión y aceptación de la cultura del otro, de sus modos y costumbres, de sus principios éticos y filosóficos, de su diario hacer para que el NORTE, es decir, los países desarrollados, no se mantengan incólumes y de brazos cruzados frente a las felonías de los poderes hegemónicos que amenazan con guerras preventivas que se tornan salvajes como la de Irak, o acciones irracionales y maniqueas como la de la Unión Europea que en su reciente política hacia Cuba siguió el modelo norteamericano de agresión constante y dictó medidas de coacción a las instancias diplomáticas de sus países creando un diferendo absurdo con la mayor de las islas del Caribe, debilitando las relaciones culturales intrínsecas por históricas, propiciando encuentros en sus sedes diplomáticas con la llamada disidencia interna que no es mas que un eufemismo bizarro de la contrarrevolución patrocinada por la Oficina de Intereses de La Habana, y reduciendo los niveles de relaciones entre funcionarios europeos y cubanos. ¿A qué se debe este absurdo? Para mí está claro que a una subestimación de las capacidades nuestras, a un desconocimiento de la historia de nuestros países, en este caso particularmente a Cuba, que por otra parte es heredera de lo mejor de la cultura europea porque si bien es verdad que en Cuba el que no tiene de congo tiene de carabalí, también es cierto que el que no tiene de gallego, tiene de catalán o de francés o de italiano y somos, además, depositarios de la cultura europea como lo somos de la africana y de la china, para poner solo tres ejemplos irrebatibles. Celebramos con júbilo el 250 aniversario de Wolfgang Amadeus Mozart., austriaco universal, hombre de todas las latitudes; su ejemplo es el mejor, como lo es también el de la música latinoamericana que pone de pie a los austriacos tranquilos y sensibles en los teatros vieneses. A eso me refiero. Amamos a la Europa culta y planetaria, a la Europa autónoma y digna no a la que se somete a proyectos imperiales ajenos a su idiosincrasia. A esta Europa nuestro saludo en este evento del honorable Instituto Cervantes. Y sepan los pueblos europeos y sus gobiernos que nos quieran acompañar en nuestra batalla frente a GOLIATH que Cuba no se rendirá, no perderá su honor. El pueblo cubano lleva 200 años luchando por su proyecto de soberanía, libertad y justicia social, desde la época en que el presbítero Felix Varela proclamó la independencia de Cuba de la colonia española y propuso la abolición de la esclavitud en las cortes de Cádiz en 1810, hasta que estalló nuestra primera guerra patria encabezada por Carlos Manuel de Céspedes, luego por José Martí y finalmente por Fidel Castro. Ellos son símbolos que encarnan la voluntad de una nación que desea defender su derecho a ser, a existir como tal frente a todo tipo de violencia y de explotación. Ese derecho a nadie se lo pedimos prestado, lo tomamos de la revolución francesa, lo conquistamos con nuestra lucha y lo pagamos además con sangre. Nuestra cultura no se apoya en una construcción falaz, ni en un utopismo trasnochado. Somos naturaleza porque somos historia. No hemos creado sino nuestra propia tradición. No estamos en venta, ni se nos amedrenta con amenazas retóricas. América Latina se despertó con el sueño de Francisco de Miranda, Simón Bolívar y Jose Martí. Ya es NUESTRA AMERICA y habrá que respetarla ahora más que nunca. La violencia genera violencia. La razón por el contrario, propugna por el dialogo civilizado. Los nobles y valientes europeos que tantas guerras injustas han sufrido en la carne de su continente sabrán respetarnos en un abrazo que llevará a la conquista de la PAZ. |