CUBA, 6 de diciembre de 2007. El intercambio comercial entre Cuba y China mantiene un notable y creciente ritmo y cada día es mayor la presencia de los artículos chinos en el mercado de la Isla, con una positiva influencia en la calidad de vida de la población. De enero a septiembre último el comercio bilateral ascendió a 1.718 millones de dólares, para un aumento de 38 por ciento respecto a igual período de 2006, cuando el monto total superó los 2.000 millones de dólares. Las exportaciones de China a Cuba fueron de 833 millones de dólares, y las importaciones desde la Isla sumaron 885 millones, informó el Consejero Económico y Comercial de la embajada de Beijing en La Habana, Yang Shidi. Tal comportamiento consolida a China como segundo socio comercial de la nación caribeña, después de Venezuela. Ello responde al estado actual de las relaciones entre los dos países socialistas, las cuales transitan por su mejor momento histórico en 47 años de vínculos diplomáticos después que Cuba devino primer país latinoamericano en establecer relaciones diplomáticas con China (el 28 de septiembre de 1960). A esos crecientes lazos contribuyeron la visita que realizó en 2001 a La Habana el entonces presidente chino, Jiang Zemin, el posterior viaje del mandatario Fidel Castro a Pekín en 2003 y la estancia del dignatario Hu Jintao a la Isla en 2004 que marcó el despegue en esas relaciones con la firma de importantes convenios económico-comerciales. La presencia china es notable en la industria electrónica, las comunicaciones, la agricultura y el transporte (locomotoras, ómnibus, vehículos ligeros y pesados). También la actividad doméstica comienza a sentir la existencia de los productos del gigante asiático, que por su calidad -al decir de varios consumidores- se han ganado un espacio en los hogares cubanos, donde hasta hace unos años eran habituales los equipos de la ex Unión Soviética. Actualmente, en la mayor parte de los hogares de los 11,2 millones de cubanos se pueden ver televisores, refrigeradores, ventiladores, ollas arroceras, hornillas eléctricas, bombillos ahorradores y electrobombas para agua, entregados masivamente a la población. Todo comenzó como parte del programa priorizado de las autoridades cubanas, conocido aquí como Revolución Energética, dirigido a lograr mayor eficiencia en el sector y un uso racional de los combustibles. Con ese objetivo se distribuyeron, por núcleos familiares, más de 10 millones de equipos eléctricos para cocción. Asimismo, se desarrolla en cada uno de los 169 municipios del país un plan de sustitución y renovación de cientos de miles de viejos equipos electrodomésticos de alto consumo, por otros modernos y mucho más eficientes, también con facilidades de pago en moneda nacional (peso). En las tiendas en divisas los artículos chinos tienen cada día mayor presencia y demanda, con precios muy competitivos ante similares de Japón y Sudcorea, entre otras naciones. Funcionarios y consumidores cubanos coinciden en que son equipos de muy buena presentación, calidad técnica y alta tecnología, suministrados a precios atractivos, que contribuyen al beneficio de la economía cubana y de la vida cotidiana de su población. El propio presidente cubano, Fidel Castro, resaltó en 2006, en una comparecencia televisiva, las notables ventajas de los artículos electrodomésticos chinos. Cuba figura hoy como uno de los países con mayor crecimiento comercial con China en América Latina y el mayor socio en los intercambios del país asiático en el Caribe. Dirigentes y funcionarios de ambos países coinciden en que todavía existen potencialidades para el futuro y aspiran a realizar trabajos conjuntos a un nivel superior. Estas negociaciones se realizan a través de empresas estatales de ambos países, en ocasión de las Comisiones Intergubernamentales para las Relaciones Económicas y Comerciales, que se realizan cada año en sedes alternas. La XX edición de esas reuniones se efectuará en diciembre entrante en Beijing, para analizar los resultados de los últimos acuerdos y las proyecciones a corto y mediano plazos. Se trata de un mecanismo para aumentar el conocimiento mutuo y explorar nuevos campos de colaboración entre dos países cuyos nexos económicos y comerciales estrechan aún más sus ya sólidas relaciones políticas y de amistad.
(Cubaminrex-RHC)
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