Declaración de Sr. Jorge Ferrer, Ministro Consejero de la Misión Permanente de Cuba en Ginebra, ante el Consejo General de la Organización Mundial del Comercio (OMC) Ginebra, 7 de mayo de 2008 Sr. Presidente: La delegación cubana agradece al director general, Pascal Lamy, por su declaración inicial sobre el proceso de la Ronda de Doha, en su capacidad de presidente del Comité de Negociaciones Comerciales. Coincidimos con el diagnóstico del Director General sobre la gravedad de la crisis mundial de los precios de los alimentos, pero no con todos los elementos de la receta para la posible contribución de la OMC a su alivio en el mediano o largo plazo. Se requiere un enfoque más integral. Algunos han estado culpando solo a los agrocombustibles, al crecimiento de la demanda mundial o a los problemas climáticos de la actual crisis alimentaria. Las causas no son sólo estas. En realidad, esta crisis es también consecuencia de la privatización, la desregulación y la desigual “liberalización” de la agricultura en los países desarrollados y en desarrollo en los últimos 20-30 años. Por décadas los organismos financieros y comerciales internacionales promovieron en los países en desarrollo políticas que socavaron las producciones nacionales de alimentos, la inversión en la agricultura, el apoyo a los campesinos y pequeños agricultores y el papel de los Estados, de las empresas públicas y los fondos de reserva administrados por los gobiernos. Sr. Presidente: No tiene por qué haber escasez de alimentos en el mercado mundial. Hay suficiente comida en el mundo para alimentar a la población global. Según la FAO, el mundo podría aún alimentar hasta 12 mil millones de personas en el futuro. Desde 1961, la producción mundial de cereales se ha triplicado, mientras que la población solo se ha duplicado. [2] La producción mundial de granos en la cosecha 2007/2008 está estimada en 2108 millones de toneladas, un aumento de 4,7% comparado con la del 2006/2007 que supera la media de crecimiento del 2% en la pasada década, mientras que el consumo medio de cereales para la alimentación aumentó solo cerca del 1% anual que aún dista de satisfacer los requerimientos calóricos y nutricionales de todos los habitantes del planeta. El uso se cereales para otros fines que no son la alimentación animal y humana será de cerca de 364 millones de toneladas. Una parte importante de esta cantidad es maíz (95 millones de toneladas), y su mayor parte se destina a agrocombustibles. Se espera que EE.UU. utilice 81 millones de toneladas de maíz para etanol, un 37% más que en 2006/2007. [3] La especulación financiera internacional también juega un papel fundamental en el aumento de precios de los alimentos. El mejor ejemplo es el alza de los precios del arroz, producto que no es utilizado como bio combustible, y que sus cosechas y existencias en todo el mundo han tenido un récord histórico este año de 423 millones de toneladas, capaz de satisfacer la demanda global. Pese a ello, el precio del arroz se ha más que duplicado en un año, pasando de 360 dólares la tonelada métrica a 760. [4] La volatilidad en los mercados alimentarios se debe sobre todo a la desregulación de los mercados nacionales e internacionales, a la falta de control sobre las grandes empresas transnacionales de los países desarrollados y al debilitamiento del rol de los Estados para estabilizar los mercados. Contradictoriamente, la OMC promueve la eliminación de los monopolios de las empresas comerciales de los Estados, cuando no hay nada más monopólico que las empresas transnacionales privadas de los países industrializados que controlan las existencias de alimentos y los precios y distorsionan el comercio, no solo en países individuales, sino en todo el mundo. No son los campesinos y pequeños agricultores de los países en desarrollo los que se benefician de los altos precios, sino las transnacionales. Aunque los precios que se pagan a los campesinos han subido para algunos productos agrícolas, ese aumento es muy poco comparado con los incrementos de precios en el mercado mundial y los que pagan los consumidores. Sr. Presidente: Algunas instituciones internacionales y los gobiernos de los países desarrollados, están ahora promoviendo incrementar la ayuda alimentaria para los países en desarrollo importadores de alimentos y liberalizar más los mercados. Las cifras de nuevas ayudas que manejan algunos países desarrollados para los más de 800 millones de hambrientos en el mundo que existían antes de la actual crisis y los 100 millones de personas que se han sumado a esa cifra, según el FMI, como consecuencia de la reciente espiral de precios son ridículas e insuficientes, cuando se compara que Cuba, pequeño país en desarrollo con solo unos 11 millones de habitantes, tuvo que pagar no menos de 300 millones de dólares adicionales por su factura de alimentos en el año 2007 a causa de los altos precios. Los que están tratando de utilizar esta crisis para empujar a los países en desarrollo a reducir aún más los aranceles agrícolas de importación en la Ronda de negociaciones de la OMC, no dicen nada sobre la necesidad de una mayor regulación y estabilización de los mercados, de la especulación y del papel de sus transnacionales. La contribución que podría realizar la OMC a paliar la crisis de los precios de los alimentos no se reduce solo a que los países desarrollados disminuyan los subsidios agrícolas internos que distorsionan el comercio y mucho menos a que los países subdesarrollados reduzcamos los aranceles de importación. De hecho, los recortes arancelarios y las liberalizaciones comerciales impuestas por los programas de ajuste estructural del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial y por los Acuerdos de la Ronda Uruguay de la OMC arruinaron la agricultura de decenas de países en desarrollo y los convirtieron en importadores netos de alimentos. Los países en desarrollo deben tener la flexibilidad de controlar las importaciones para poder proteger la producción nacional de alimentos mediante los productos especiales y el mecanismo de salvaguardia especial para estos países que se negocian en esta Ronda. La producción de biocombustibles a partir de alimentos, como granos y cereales, o del desvío de tierras que se utilizaban para producir estos debe detenerse, pues compite con la producción de alimentos. La ayuda interna agrícola de los países desarrollados debe ser reducida de manera sustantiva y efectiva, conforme el mandato de la Ronda de Doha, y lo mínimo que podrían hacer es congelarla en los niveles aplicados del año pasado. Las disciplinas del Acuerdo de Agricultura de la OMC para la caja verde de la ayuda interna de los países desarrollados deben ser fortalecidas con el fin de evitar que estos burlen con impunidad los compromisos de reducción de subsidios que distorsionan el comercio. Al mismo tiempo, los países en desarrollo deben contar con suficientes flexibilidades en los acuerdos de la OMC para, entre otras cuestiones, garantizar reservas públicas de alimentos que aseguren la disponibilidad de alimentos y la estabilidad de los precios en los mercados nacionales. Las nuevas disposiciones en materia de ayuda alimentaria y créditos a las exportaciones agrícolas que se negocian actualmente en esta Organización no deben obstaculizar, sino facilitar el acceso a los alimentos de los Países Menos Adelantados y los Países en Desarrollo Importadores Netos de Alimentos en proporción a sus necesidades. Los obstáculos al acceso de las exportaciones agrícolas de los países en desarrollo a los mercados de los países desarrollados en forma de aranceles y barreras no arancelarias como normas, incluso privadas, así como la progresividad arancelaria en los países desarrollados que impide el procesamiento industrial de la producción agrícola en los países en desarrollo deben ser eliminados o reducidos sustancialmente. La cuestión pendiente de aplicación de la Ronda Uruguay: la Decisión de Marrakech sobre medidas relativas a los posibles efectos negativos del programa de reforma en los países menos adelantados y en los países en desarrollo importadores netos de alimentos, que nunca se ha cumplido, debe materializarse en su integridad. Esas, serían, entre otras, las contribuciones que podría realizar la OMC en el marco de la Ronda de Doha para el desarrollo frente a la actual crisis de los alimentos. |