PROMOCIÓN DE LAS IDENTIDADES CULTURALES DE TODOS Y DEL RESPETO POR LAS DIVERSAS IDENTIDADES CULTURALES


Respuesta de Cuba a la solicitud de información de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas sobre la resolución 2004/20


Nota Verbal

La Misión Permanente de Cuba ante la Oficina de las Naciones Unidas y las Organizaciones Internacionales con sede en Suiza, saluda a la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y tiene el honor de referirse a la resolución 2004/20 de la Comisión de Derechos Humanos, titulada “Promoción de los derechos culturales de todos y del respeto por las diversas identidades culturales”.

Cuba concede la mayor importancia al insustituible papel que debe desempeñar la comunidad internacional, mediante el sistema de las Naciones Unidas, en la promoción y protección de los derechos y las identidades culturales y en la cooperación cultural internacional, teniendo como premisa el pleno respeto a la diversidad política, económica, cultural, social y religiosa de cada una de las sociedades, en estricta conformidad con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.

El respeto a las identidades culturales es condición sine qua non para la preservación de la diversidad cultural. Esta última debe ser entendida como patrimonio común de la humanidad y un valioso elemento para su adelanto y bienestar en general y para la preservación de la paz. La cultura es una de las fuentes del desarrollo, entendida no solamente en términos de crecimiento económico de las sociedades, sino también como medio de acceso a una existencia intelectual, afectiva, moral y espiritual más elevada.

Cuba desea reafirmar la necesidad de hacer efectivo el consenso de la comunidad internacional de que los derechos culturales son parte integral de los derechos humanos, y por tanto, son universales, indivisibles e interdependientes.

El actual proceso de globalización neoliberal, el acceso asimétrico a las tecnologías de la información y la comunicación que lo acompañan, y las pretensiones de hegemonía cultural de los países desarrollados, en particular por parte de la única superpotencia, constituyen serias amenazas a la realización de los derechos culturales, a la preservación de las identidades culturales y por ende, a la diversidad cultural.

En el llamado mundo en desarrollo, pero también en los países industrializados, las minorías nacionales, étnicas y lingüísticas, los pueblos indígenas y los afro-descendientes, están siendo objeto de un proceso de homogeneización y empobrecimiento cultural, a través de nuevas y sofisticadas formas de “colonialismo cultural” disfrazadas de un falso universalismo.

Es necesario reiterar que no puede haber democracia o libertad real en medio de las desigualdades, ignorancia, analfabetismo total o funcional, y una falta de cultura política, económica, científica y artística a las que sólo pueden acceder exiguas minorías, incluso dentro de los países desarrollados, en un mundo lleno de publicidad comercial y consumista, que conduce al despilfarro, la enajenación, y la destrucción implacable de las condiciones naturales de la vida humana.

La comunidad internacional debe reafirmar que incumbe principalmente a los Estados la promoción del pleno disfrute de los derechos culturales de todos y del respeto de las distintas identidades culturales y que corresponde a cada Estado definir y poner en práctica, a través de los medios que considere apropiados, su propia política cultural, teniendo debidamente en cuenta sus obligaciones internacionales.

Cuba desea subrayar, que ante los inmensos desafíos y los desequilibrios que se producen actualmente en los flujos e intercambios culturales a escala mundial, es necesario reforzar la cooperación y la solidaridad internacionales.

Los fines primordiales de las políticas culturales deben ser el logro de la distribución equitativa del saber y los conocimientos a escala global, la reivindicación el derecho público de acceso a la cultura, de conformidad con el Artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y el derecho de todos los países, en particular los países en desarrollo, a establecer industrias culturales viables y competitivas en los planos nacional e internacional que posibiliten preservar las identidades y la diversidad cultural.

En ese contexto, los Estados deben prestar una atención particular, a nivel nacional e internacional, a la diversidad de la oferta creativa, así como al carácter específico de los bienes y servicios culturales que, en la medida en que son portadores de identidad, de valores y sentido, no deben ser considerados como mercancías o bienes de consumo como los demás.

Cuba afirma que las fuerzas del mercado por sí solas no pueden garantizar la preservación y promoción de las identidades culturales, condición para el desarrollo humano sostenible. Desde este punto de vista, subraya que se debe reafirmar la preeminencia de las políticas públicas, respecto a los intereses del sector privado.

También defiende la necesidad de preservar el patrimonio cultural de la humanidad, de enfrentar al tráfico ilícito de bienes y servicios culturales y la devolución de esos bienes culturales robados a sus países de origen. En ese sentido, condena el saqueo y destrucción de que fuera objeto el Museo de Bagdad y su patrimonio, con la connivencia de los Estados Unidos, como potencia ocupante, en violación de sus obligaciones conforme al Derecho Internacional y llama a la comunidad internacional a exigir la devolución de los bienes robados y la sanción de los culpables y cómplices de estos delitos internacionales.

Cuba reafirma que es urgente propiciar, mediante la educación y la implementación de políticas culturales, una verdadera revolución ética en el ser humano que haga efectivo el derecho de toda persona a una educación de calidad que respete plenamente su identidad cultural y que inculque valores y actitudes que susciten la tolerancia, el respeto mutuo y un conocimiento elemental de los demás.

En ese sentido, la Constitución de la República de Cuba establece que el Estado orienta, fomenta y promueve la educación, la cultura y las ciencias en todas sus manifestaciones y particularmente preconiza la libertad de creación artística y la defensa de la identidad de la cultura cubana, la conservación del patrimonio cultural, la riqueza artística e histórica de la nación, así como la protección de los monumentos nacionales, teniendo también en cuenta las tradiciones y valores universales.

En Cuba hay un renovado auge de las más variadas expresiones artísticas e intelectuales que, unido a un colosal esfuerzo en el terreno de la cultura y la educación, con énfasis especial en la calidad de la misma, y al avance de las instituciones científicas, sustentan la absoluta seguridad de que la cultura y el arte conduzcan a nuestra especie hacia un mejor destino.

Se mantienen y perfeccionan los logros de los programas de desarrollo ulterior de la educación tales como la Universidad para Todos; el Programa Audiovisual para niños, adolescentes y jóvenes matriculados en las escuelas del país; el desarrollo de los centros de video y centros de computación comunitarios para alumnos y pueblo en general; la formación masiva de instructores de arte y trabajadores sociales, etc. Todos estos programas tienen por fin alcanzar una cultura general integral, sin la cual obtener un título profesional universitario no es suficiente para dejar de ser analfabeto funcional.

Cuba está trabajando también para que todos sus ciudadanos puedan aprovechar los beneficios de las nuevas tecnologías, en particular de la información y de las comunicaciones en la gran revolución educacional y cultural que se está desarrollando, cuyos logros rebasan las fronteras de nuestro propio país.

A partir de esos programas y de los logros alcanzados por Cuba, los cuales han cumplido ya las metas trazadas por la UNESCO en el sector educativo hasta el 2015, nuestro país desarrolla varios proyectos de cooperación en el marco de esa Organización.

En contraste con la apertura y la vocación universalista cultural de Cuba, el pueblo cubano ha tenido que emprender como pocos, la lucha frente a los intentos de anexión y de asimilación de su identidad, por la potencia más poderosa del mundo, de la que lo separan sólo 90 millas.

Los pueblos cubano y estadounidense, han sido privados por más de 40 años, por espurias motivaciones políticas de dominación, de sus derechos al intercambio bilateral mutuamente beneficioso en las esferas académica, científica, cultural, turística y deportiva producto de la imposición de un bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos contra Cuba.

La imposibilidad de acceder al mercado de bienes de servicios de los Estados Unidos para adquirir los insumos necesarios en la cultura y la enseñanza; la prohibición a los artistas cubanos de firmar contratos comerciales de trabajo en los Estados Unidos y de recibir honorarios por sus actuaciones; el impedimento del disfrute de los derechos de propiedad intelectual de nuestros creadores; las restricciones a la libertad de viajes mediante las sanciones y las amenazas contra los ciudadanos estadounidenses que desean visitar a Cuba; y la negación de científicos, artistas, deportistas, educadores y otras personalidades cubanas de la cultura, son algunos de los obstáculos que violan los derechos y la identidad culturales del pueblo cubano.

Entre las afectaciones por la imposición del bloqueo a la esfera de la cultura podemos citar:

- Las más de 20 actuaciones no comerciales que se vio obligado a llevar a cabo el Ballet Nacional de Cuba entre el 1 de octubre y el 16 de noviembre del 2003, por las que dejó de ingresar aproximadamente 200 mil dólares.

- La denegación de licencias por el Departamento del Tesoro norteamericano para desarrollar proyectos de asistencia y cooperación propuestos por instituciones de ese país para la conservación del patrimonio de la Isla.

- Los 53 representantes del sector de la cultura que entre mayo del 2003 y abril de 2004 quedaron a la espera de sus visas de entrada a los Estados Unidos y los 215 artistas que recibieron una negativa rotunda por respuesta.

Como si ello no fuera suficiente, el 6 de mayo del presente año el Presidente de George W. Bush anunció nuevas medidas que refuerzan aún más las medidas anti-cubanas que constituyen una violación de la independencia y la soberanía cubanas y una escalada sin precedentes de las violaciones masivas y flagrantes de los derechos humanos del pueblo cubano.

A pesar de esas medidas, Cuba reitera su compromiso de seguir apoyando de manera firme, cuanto esfuerzo se emprenda en el marco del sistema de las Naciones Unidas, y dentro de la UNESCO, consistente en preservar y promover las identidades y diversidad cultural de todos los pueblos y naciones.

En ese sentido, Cuba apoya los esfuerzos encaminados a adoptar una Convención sobre la protección de la Diversidad Cultural de la UNESCO que fortalezca el diálogo entre las diversas culturas y el disfrute de las diversas expresiones culturales con igualdad de oportunidades para todos.

Cuba espera que como resultado del proceso de negociación, se adopte un instrumento internacional que contribuya a promover y proteger la diversidad de todas las culturas en un mundo en el que se constatan grandes y graves amenazas para la cultura en general y existe un intercambio cultural desigual.

Cuba considera que entre los objetivos de la Convención, debería reconocerse la contribución de las expresiones y el diálogo culturales a la defensa y preservación de la paz y la seguridad mundiales, así como la protección de las expresiones artísticas durante conflictos armados u ocupación extranjera.

Dicho instrumento debería reafirmar que todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación, en virtud del cual ellos establecen libremente su condición política y proveen asimismo a su desarrollo económico, social y cultural.

Asimismo, la educación artística para todos debe ser un aspecto priorizado por la Convención, ya que la falta de una cultura política, económica, científica y artística producto del subdesarrollo y a la que sólo pueden acceder exiguas minorías, incluso dentro de los países desarrollados, es un obstáculo para promover y proteger la diversidad cultural.

Por otra parte, la Convención debería contribuir a la solución del enfrentamiento a un mercado internacional donde predominan las posiciones de grandes grupos económicos dominantes. Por esta razón, dicho instrumento deberá proteger los derechos de propiedad intelectual, y salvaguardar la identidad cultural y sus expresiones especialmente aquellas que pueden resultar desfavorecidas en el intercambio comercial o que no son objeto del comercio y el lucro.

La Convención debería velar porque los efectos negativos de la globalización no influyan en el desarrollo de la cultura nacional y las expresiones artísticas de un país y prohibir a los Estados Parte adoptar medidas nacionales que imposibiliten el libre intercambio cultural entre los pueblos afectando el desarrollo cultural de los mismos.

Por último, destacando la responsabilidad de todos los Estados en la promoción de los derechos culturales de todos y de las identidades culturales y teniendo en cuenta los grandes desafíos y las graves amenazas que se ciernen sobre los derechos y las identidades culturales, expuestos anteriormente, Cuba reitera su apoyo a la idea de nombrar un experto independiente cuyo mandato se sustente en las resoluciones 2003/26 y 2004/20 de la CDH y que coloque la promoción y protección de los derechos culturales al mismo nivel que el resto de las categorías de derechos. Este experto contribuiría a la integración de una perspectiva de derechos humanos en todo el trabajo del sistema de Naciones Unidas en el ámbito de la cultura y sistematizaría en beneficio de la CDH, la información sobre lecciones aprendidas y buenas prácticas a nivel nacional y los aportes y contribuciones de otros componentes del sistema, en particular la UNESCO, en el ámbito de la realización de los derechos culturales, el respeto a la diversidad cultural y la cooperación internacional cultural.

La Misión Permanente de Cuba ante la Oficina de las Naciones Unidas y las Organizaciones Internacionales con sede en Suiza, aprovecha la ocasión para reiterar a la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, el testimonio de su consideración.


Ginebra, 29 de septiembre de 2004