Escape mental Por Miguel Angel Untoria Pedroso Los métodos empleados por los oficiales de la CIA y los militares estadounidenses en los interrogatorios de los presuntos terroristas han sido divulgados y denunciados en reiteradas ocasiones por violar lo establecido en la Convención de Ginebra, y no por ello dejan de sorprender y causar indignación. Según una de las últimas denuncias, al ciudadano de Arabia Saudita, Shaker Aamer, de 37 años, prisionero en una celda de aislamiento en la base naval de Guantánamo, desde el 24 de septiembre del 2005 se le ha deteriorado tan seriamente la salud mental, que se ha convencido de que puede hablar con las hormigas y que los pequeños insectos a los que alimenta, son sus amigos. La cárcel militar que el gobierno de EE.UU. mantiene contra la voluntad del pueblo cubano en el sur de la oriental provincia de Guantánamo, recibe hoy el repudio internacional, e incluso personalidades de diferentes países exigen su desmantelamiento inmediato. Los abogados de Aamer afirman que los carceleros le han aplicado diferentes variantes de torturas físicas y psicológicas. Entre las primeras se incluyen las golpeaduras y maltratos como los del 9 de junio pasado en que casi llegaron a estrangularlo. Los denunciantes señalan que al prisionero se le impedía dormir, y que fue sometido a drásticos cambios de temperatura en una pequeña celda de 2,4 por 1,8 metros. La violación de los más elementales derechos humanos del joven saudita se hace pública en momentos en que el presidente George W. Bush y sus más cercanos colaboradores tratan de lograr que el Congreso estadounidense apruebe cambios en la legislación vigente que les permitan establecer nuevas reglas y metodologías para interrogar (entiéndase para torturar) y perseguir a los que califican como sospechosos de participar o saber sobre acciones terroristas. Las autoridades del Pentágono rechazan, en el caso de Aamer, todas las acusaciones de tortura y de violaciones a la convención de Ginebra presentadas por los abogados de la defensa. En la actualidad, después del suicidio de tres de los prisioneros en la cárcel de Guantánamo (dos de Arabia Saudita y uno de Yemen), la comunidad internacional clama por el cierre del centro de detención y sus similares en otras partes del mundo. La reacción del Pentágono es cínica: el almirante Harry Harris afirma que esos suicidios son "actos de guerra contra Estados Unidos". Desde que Guantánamo fue convertida en prisión han ocurrido más de 40 intentos de suicidio y masivas huelgas de hambre, neutralizadas mediante la alimentación forzosa de los prisioneros. Los detenidos, sin esperanzas, buscan formas para escapar a las torturas físicas y psicológicas. Aamer ha conseguido burlar a sus captores. Gracias al deterioro de su mente logró evadirse de las terribles torturas psicológicas, y mientras lo tildan de loco, confía a los insectos sus vicisitudes y sufrimientos. |