En derechos humanos: La Unión Europea ilustra la cobarde hipocresía

Trabajadores

Haroldo Romero Pérez

Un episodio del período 60 de sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, concluido este viernes en Ginebra, ha dejado huellas tan profundas que no podrán ser ignoradas en lo adelante por ese órgano, la comunidad de naciones ni por la opinión pública internacional.

El asunto giró en torno al proyecto de Resolución L-88, presentado por Cuba ante la Comisión, intitulado "La cuestión de las detenciones arbitrarias en la Base Naval de los Estados Unidos en Guantánamo", la instalación militar norteamericana enclavada en una porción del territorio cubano ilegalmente usurpada por este país desde hace un siglo, contra la voluntad del pueblo y el gobierno de la Isla.

Los medios han saturado al planeta de información sobre las infrahumanas condiciones a las que se encuentran sometidas y el limbo jurídico en el que se hallan en ese verdadero campo de concentración más de 600 personas, encarceladas por Estados Unidos a partir de la agresión que la superpotencia lanzó hace más de dos años contra Afganistán, encabezando una denominada "coalición" de naciones que se sumaron a la supuesta cruzada contra el terrorismo, emprendida por la administración de George W. Bush. Numerosas personalidades, organizaciones y gobiernos han expresado en más de una ocasión sus preocupaciones ante la situación de los prisioneros, respecto a la cual el documento cubano, haciéndose eco de esas manifestaciones, no proponía emitir condenas, sino sólo recabar cooperación para investigar.

Pero, durante ese tiempo, y a pesar del conocimiento y preocupación generalizados sobre tan flagrante, masiva y sistemática violación de derechos básicos de tantos seres humanos, sus penurias no han sido planteadas en foro internacional alguno por uno solo de los gobiernos de los más de 40 países que padecen la reclusión allí de ciudadanos suyos.

Ninguna de estas naciones lo ha hecho, aun cuando muchas de ellas, principalmente ricas del llamado mundo occidental y otras también aliadas o sometidas a Estados Unidos (todas las cuales se autoproclaman comprometidas hasta los tuétanos con los sagrados principios de los derechos humanos), integran el órgano de Naciones Unidas especializado en el tema, la Comisión de Derechos Humanos, y desde allí someten al escrutinio en esa materia, cada año, a países pobres del Tercer Mundo, incluida Cuba.

De modo que con el proyecto de Resolución L-88, lo primero que se demostró en Ginebra es el irrestricto compromiso de Cuba con los verdaderos derechos humanos para todas las personas, cuando no los reclama para ciudadanos suyos (pues ningún cubano se encuentra recluido en Guantánamo), sino para aquellos cuyos gobiernos no se atreven a hacerlo por temor a desatar la ira del imperio, y hasta son utilizados como moneda de cambio en aras de mezquinos intereses por los mismos gobernantes que debieran defenderlos.

La cobardía política e hipocresía en materia de derechos humanos de este grupo de gobiernos puede mostrarse con incontables anécdotas, que conocidas hasta hoy comprende a todos, a unos por lo que hicieron, y a otros por lo que dejaron de hacer; pero en aras de la brevedad baste señalar un caso suficientemente ilustrativo, el de la Unión Europea, la agrupación integrada desde este año por 25 naciones, que dice pretender convertirse en un polo de poder mundial equidistante de EE.UU.

Instada incluso por su propio órgano parlamentario, el Europarlamento, a presentar en la Comisión de Derechos Humanos el asunto de los detenidos en Guantánamo, donde guardan prisión numerosos ciudadanos europeos, la Unión Europea no formuló esa solicitud. Requerida por Cuba para que copatrocinara el proyecto de Resolución L-88, tampoco lo hizo. Temerosa y presionada por Washington, primero anunció que se opondría a la discusión del documento; luego, que votaría en su contra, si llegaba a someterse a votación; y, finalmente, que sería ella, y no Estados Unidos como estaba previsto, la que presentaría un recurso de procedimiento para impedir que el proyecto fuera debatido en plenario y posteriormente votado.

De esa manera, la Unión no sólo ignoró el mandato del Europarlamento, sino además no apoyó al pequeño país que hizo suya la justa demanda de este; más allá de lo anterior, se alió a quienes debía demandar en nombre de ese mismo órgano supranacional de Europa; y, en el colmo de la desvergüenza, asumió la representación de los demandados por su propio Parlamento.

Por este camino transitó la comparsa que acompaña a Estados Unidos en Ginebra. Confirmación de que la Comisión de Derechos Humanos de la ONU debe ser despojada de la selectividad, dobles raseros y politización que farisaicamente le imponen quienes pretenden dictar normas de conducta en materia tan cara a toda la humanidad.(26/04/2004)