En la base naval de Guantánamo: Rostro del agua sucia

Nicanor León Cotayo
Tomado de Granma Digital
19 de septiembre de 2005

La huelga de hambre que llevan a cabo numerosos prisioneros en la base norteamericana impuesta en Guantánamo explica aún más por qué ese enclave semeja una cárcel del Medioevo.

En una huelga similar efectuada en julio pasado tomaron parte unos 50 cautivos, y en la iniciada ahora el 8 de agosto las cifras oficiales reportaron entre 76 y 128.

Abogados de los detenidos manifestaron a la prensa que el número real de quienes se han negado a consumir alimentos llega a más de 200, algunos de ellos reportados graves.

¿Por qué? Para denunciar las tremendas violaciones jurídicas y los múltiples tormentos que en nombre de la lucha contra el terrorismo han sufrido a manos de sus carceleros estadounidenses.

No en balde, el campo de concentración montado en esa base naval ha devenido uno de los más repulsivos casos de violación de los derechos humanos que existen sobre la Tierra.

Algunos ejemplos, entre mil, así lo demuestran.

Dos ex presidentes norteamericanos, James Carter y William Clinton, llegaron a reclamar el cierre de esa prisión, por representar “un terrible bochorno” para Estados Unidos.

También lo pidió el influyente periódico The New York Times, cuando en un editorial el pasado cinco de junio formuló duras críticas a la situación imperante en ese lugar.

El mismo diario reveló documentos del Comité Internacional de la Cruz Roja y del Buró Federal de Investigaciones (FBI) que plantean graves señalamientos a militares norteamericanos de su base en Guantánamo.

La Cruz Roja logró enviar una delegación allí que más tarde redactó un informe -dado a conocer por el Times a fines de noviembre del 2004- donde valoraron lo visto como “equivalente a tortura”.

En el segundo caso, desclasificado por el Gobierno, agentes del FBI escribieron que tanto en Iraq como en la referida base naval, personal castrense llevó a cabo suplicios y otros maltratos.

El testimonio de uno de los agentes dice que entró a locales donde vio hombres encadenados tirados en el piso, sin alimentos ni agua, la mayoría abandonados allí por 18, 24 o más horas. Posteriormente cuatro expertos de Naciones Unidas declararon en Ginebra que tienen relatos confiables vinculados a la realización de tales hechos en la base naval estadounidense de Guantánamo.

Uno de esos especialistas, el austriaco Manfred Nowak, investigador especial de la ONU sobre torturas, apuntó que la Casa Blanca no les garantizaba el derecho de hablar en privado con los reclusos.

En un intento por responder esas molestas acusaciones, una vocera de Bush en Ginebra, Brooks Robinson, afirmó que su Gobierno trata humanamente a los detenidos en la guerra contra el terrorismo.

Sin embargo, la huelga de hambre emprendida desde hace semanas por más de 200 prisioneros de la base norteamericana de Guantánamo tiende a negar lo dicho por la señora Robinson.

Los cautivos allí, como demuestran pruebas de gran calibre, al igual que lo sucedido en Iraq y en no pocos casos en Afganistán, han sido tratados como bestias, e incluso hasta peor que estas.

¿Podría alguien sobre la Tierra justificar que la titulada guerra contra el terrorismo se lleve a cabo torturando, golpeando, ofendiendo y vulnerando todas las normas jurídicas?

Es la lógica del Gobierno que llegó al poder mediante un fraude brutal, justificó su agresión contra Iraq basado en probadas falsedades y ve morir a sus jóvenes soldados mientras su Presidente disfrutaba largas vacaciones.

Gobernantes que, aún sin pretextos legales, se mantienen a la fuerza en Iraq, con su frivolidad agrandaron el desastre del huracán Katrina, y como delincuentes fraguan una agresión contra Venezuela y recrudecen la hostilidad contra Cuba.

La Casa Blanca, llena de rasguños en los sondeos nacionales de opinión pública, trata de enmascarar el rostro del agua sucia que invade sus predios. Pero no lo ha conseguido.

Ahí está la huelga de hambre en su base de Guantánamo, donde se denuncian las tremendas violaciones legales cometidas, así como las atrocidades allí sufridas que ni siquiera han sido discutidas en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

La historia oficial de Estados Unidos se encuentra muy salpicada de fango y de sangre, pero si no fuera de esa manera, bastaría el capítulo de su prisión en la base de Guantánamo para que así constara.