Guantánamo:
la tortura Made in USA
Por Orlando Oramas León
Tomado de Prensa Latina
26 de enero de 2005.
Si los derechos humanos tienen un reconocido carácter universal, en
el perímetro que ocupa la base naval de Estados Unidos en Guantánamo
tal premisa sigue siendo desconocida para cientos de prisioneros de la llamada
cruzada global antiterrorista.
No se trata de una noticia, pero si de la persistencia de maltratos y torturas
a más de 500 detenidos durante la guerra contra Afganistán,
sin que sea preocupación de la Comisión de Derechos Humanos
de las Naciones Unidas.
El asunto cobra cada vez más actualidad, a despecho de los intentos
de Washington por silenciar el enjaulamiento de los prisioneros, muchos de
ellos tras los barrotes por más de dos años, sin que medie proceso
legal alguno.
En medios de prensa estadounidenses trascendieron planes de la Casa Blanca
de mantenerlos en esa condición por tiempo indefinido, lo cual se une
a otras restricciones a las libertades ciudadanas impuestas por la actual
administración.
La Unión de Libertades Civiles (UCLA) logró que el gobierno
desclasificara documentos que corroboran las torturas cometidas por soldados
estadounidenses en el enclave de Guantánamo.
Esas prácticas, incluso prescritas por médicos militares norteamericanos,
fueron comprobadas y alertadas por agentes del Buró Federal de Investigaciones
(FBI).
Una advertencia al director del FBI, Robert Mueller, solicita a los oficiales
del Buró se alejen de las sesiones de interrogatorios que tienen lugar
en la prisión de Guantánamo, para evitar ser implicados en actos
criminales.
"Estuve enjaulado como un animal. Nadie me preguntó si era humano
o no". La frase es de un ex detenido en el campo de concentración
donde se ensayaron los brutales métodos de interrogatorios aprobados
por la Casa Blanca.
Los reos fueron llevados hasta el extremo suroriental de Cuba en vuelos militares,
encapuchados y con las manos amarradas a la espalda.
Las esposas estaban tan apretadas que pronto varios de ellos comenzaron a
sangrar, en medio de gritos y llantos que acompañaron aquellos macabros
vuelos.
El sitio de concentración primero se llamó X-Ray. Luego Campo
Delta y después "Camp Five", todas denominaciones de un modelo
carcelario conforme a las prisiones de máxima seguridad.
"Honor en la defensa de la libertad", así rezaba un cartel
en la entrada del presidio, pero puertas adentro se violan las más
elementales reglas de la Tercera Convención de Ginebra.
La Casa Blanca, con la asesoría legal del próximo secretario
de Justicia, Alberto Gonzáles, le niega a sus encarcelados la condición
de prisioneros de guerra, con lo cual se abroga el derecho de someterlos a
presiones físicas y sicológicas.
Son en realidad rehenes, a quienes Washington califica de "combatientes
enemigos", a fin de privarlos de los derechos internacionalmente reconocidos
en la Convención de Ginebra.
Sobre ellos recae el castigo sin condena y su ubicación en Guantánamo,
fuera del territorio estadounidense, persigue asimismo rehuir la propias leyes
norteamericanas al mantenerlos en un interesado limbo legal.
Permanecen aislados, encerrados en jaulas y con apenas 90 minutos al aire
libre a la semana. Sus nombres no cuentan, salvo en los expedientes y los
sucesivos interrogatorios, pues deben responder a un número ante sus
carceleros.
Ese campo de detención tiene el propósito de aniquilar la moral
de los presos, sometidos a las prácticas luego repetidas en la cárcel
iraquí de Abu Ghraib y en otras prisiones clandestinas bajo control
estadounidense en Afganistán.
Allí han estado recluidas personas de alrededor de 40 nacionalidades,
incluso de países aliados de Washington en la alegada cruzada global
antiterrorista. Niños y adolescentes fueron también inquilinos
de "Camp Five".
Un memorando del FBI consigna que a los prisioneros en Guantánamo se
les encadenaba y eran obligados a asumir durante horas la posición
fetal, privados de alimentos y agua.
Los guardias les cubrían la cabeza con capuchas y les golpeaban. Los
carceleros también orinaban o defecaban sobre los detenidos en los
cuartos de interrogatorio.
Otras vejaciones son más sofisticadas. El sudanés Ibrahim Ahmed
Mahmoud aseguró que durante las indagatorias lo cubrieron con la bandera
de Israel.
Uno de los excarcelados narró ante un tribunal norteamericano que a
un argelino le mostraron un video sobre la violación sexual a un hombre.
Luego lo amenazaron con correr igual suerte si no cooperaba.
Son muchos los testimonios del horror que se comete a diario en un pedazo
de tierra cubana donde ondea la bandera estadounidense y donde las jaulas
y las torturas se conjugan para violentar y humillar la dignidad humana.