Intervención de Juan Antonio Fernández Palacios, Embajador, Representante Permanente de Cuba, en ocasión de la Cuarta Sesión Especial del Consejo de Derechos Humanos sobre la situación de los derechos humanos en Darfur
Ginebra, 12 de diciembre de 2006
Señor Presidente:
Cuba ha sido uno de los 35 miembros del Consejo de Derechos Humanos que apoyó, con su copatrocinio, la solicitud de convocatoria de una Sesión Especial para considerar la “Situación de Derechos Humanos en Darfur”. Lo habíamos hecho también en las tres ocasiones anteriores en que este Consejo tuvo que reunirse en Sesiones Especiales para considerar la dramática situación en Palestina, el Líbano y Beit Hanoun, las que, asombrosamente, no contaron con el entusiasta apoyo de ningún miembro del Grupo Occidental.
Nosotros hemos actuado con integridad y estricto apego a los principios fundacionales de este nuevo Consejo, los mismos que recoge la resolución 60/251 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, al decidir que los trabajos de este órgano deben guiarse en base a la universalidad, imparcialidad, objetividad y no selectividad, mediante un diálogo constructivo y un enfoque de cooperación, con miras a fortalecer la promoción y protección de todos los derechos humanos.
La convocatoria de esta sesión especial es en si misma un rotundo mentís a los hipercríticos de este Consejo, a aquellos que apuestan por su fracaso, porque desean tener las manos libres para continuar con sus fechorías en todo el mundo. Conviene recordar, por cierto, que este Consejo no ha estado silente frente a la situación de Darfur, puesto que el 28 de noviembre, hace solo unos pocos días, aprobó su primera resolución sobre este asunto presentada por el Grupo Africano.
Señor Presidente:
En efecto, la grave situación humanitaria y de derechos humanos en Darfur, Sudán, como lo reconoce la resolución 2/115 de este Consejo, es motivo de preocupación para la comunidad internacional. Se trata de una situación compleja y delicada, cuyas causas profundas tienen sus bases en el pasado colonial; en las divisiones artificiales creadas en toda África por las antiguas metrópolis, en la pobreza estructural ocasionada por siglos de explotación y saqueo; y en los intereses económicos y geoestratégicos actuales de la gran superpotencia.
A estos factores se ha añadido una pertinaz campaña de descrédito y exageraciones orquestada contra el Gobierno de Sudán con el claro objetivo de facilitar las pretensiones hegemónicas de occidente.
Cuba puede dar fe de los infatigables esfuerzos realizados por el Gobierno de Sudán para enfrentar esta crisis, y de su permanente compromiso de cooperación con los mecanismos de derechos humanos de las Naciones Unidas.
En fecha reciente, un grupo de Embajadores y diplomáticos de diversos países, entre los que se incluyó Cuba, tuvo la oportunidad de visitar Darfur y apreciar la situación sobre el terreno, al igual que lo han hecho un sinnúmero de expertos y organizaciones no gubernamentales que trabajan en Sudán. El gobierno sudanés ha brindado abundante información y nos honró en fecha reciente con la visita del Vice-Gobernador del Estado de Darfur-Sur, Dr. Farah Mustafa. Se nos ha informado que han tomado medidas severas contra los culpables de violaciones de derechos humanos y se nos ha pedido nuestro apoyo para impulsar la plena aplicación del Acuerdo de Paz sobre Darfur, que debería ser firmado por todas las partes en conflicto.
Señor Presidente:
La compleja situación en Darfur no podrá ser nunca resuelta con imposiciones externas dictadas desde Nueva York o Ginebra. Las medidas que adopte este Consejo, sólo serán efectivas si involucran plenamente y cuentan con la aceptación del Gobierno de Sudán. La perspectiva del Grupo Africano y las medidas que este propone para atender el tema que nos ocupa, son igualmente compartidas por Cuba.
Cuba espera que los debates y resultados de esta sesión especial del Consejo de Derechos Humanos avancen entonces por un camino diferente al que se ha transitado hasta ahora en las Naciones Unidas. La solución a la situación en Darfur requiere una estrategia de desarrollo y cooperación a largo plazo, abandonándose los lenguajes inflamatorios y las pretensiones de imponer sanciones e innecesarias condenas.
Muchas gracias.