¿Quién puede sentirse olvidado?

Cuba desarrolla un programa para lograr que las reclusas proporcionen a sus hijos la educación adecuada en los primeros años de vida. Este es un paso de avance para materializar el sueño de convertir las prisiones en escuelas

Por Norges Martínez Montero
Tomado de Juventud Rebelde,
21 de marzo del 2006

El rostro de aquella joven expresaba total alegría. Constantemente abrazaba a su bebé, jugueteaba con ella, le mostraba varios juguetes y se acariciaban mutuamente mientras paseaban por el césped.

A diferencia de su madre, la pequeña no se ponía nerviosa por las cámaras de televisión y fotográficas que las apuntaban. Continuamente estiraba sus bracitos para tocar los equipos y sonreía, como si quisiera dejar grabada una buena imagen. Costaba trabajo creer que la escena ocurriera en un centro penitenciario.

Yulennis Garlobo Elías es reclusa en la Prisión de mujeres de Occidente, ubicada al oeste capitalino, donde ella y su niña Yarilei están insertadas en el programa Educa a tu hijo, el cual hace un año echó raíces en las prisiones.

“Es la primera vez que estoy recluida. Había escuchado que aquí enseñaban diversos oficios, pero jamás imaginé que se ocuparan también de que educáramos mejor a nuestros hijos mientras fuéramos reclusas, y también cuando salgamos en libertad”, explica Yulennis.

“De esta forma —agrega— puedo darle a mi niña la educación y el cariño necesarios en los primeros años de vida, lo que, estoy segura, en ninguna otra prisión del mundo pudiera hacer. Eso me demuestra que en este país, nadie está solo ni abandonado, aunque cometa un error”.

El pasado 28 de enero esta madre fue seleccionada como una de las más destacadas en el programa Educa a tu hijo. “Desde el primer momento me motivó mucho la idea. Solo tengo 20 años y lo que aprendo me resulta muy útil en la crianza de mi niña, que solo tiene dos añitos”.

ENSEÑANZA SIN BARROTES

“Cuba es una de las pocas naciones que les garantiza a las reclusas la posibilidad de educar correctamente a sus infantes durante los primeros años de vida”, aseguró a JR la teniente coronel Mercedes Luna Rodríguez, jefa de la Prisión de Mujeres de Occidente.

La idea era —añade— extender el Educa a tu hijo, que se desarrolla en todo el país, hasta los centros penitenciarios y la forma de hacerlo es el resultado del trabajo de varios años de un equipo compuesto por especialistas del Ministerio de Educación, la Federación de Mujeres Cubanas y el Ministerio del Interior. Hoy ya podemos hablar de resultados.

“En 12 meses estas madres han experimentado un cambio favorable en cuanto a la manera de educar a sus hijos, y estamos logrando que su condición de reclusas no afecte la integración de esos niños y niñas a la sociedad”, explica la oficial, que también es jefa del grupo promotor del programa Educa a tu hijo.

—¿Cómo funciona en la práctica esta iniciativa?

—Los familiares de las madres internas pueden traerles a sus hijos todos los sábados. Ese día les enseñamos diferentes materias que las ayudarán a relacionarse y entenderse mejor con sus niños. En muchas ocasiones contamos en el centro con especialistas del Ministerio de Educación y de otras entidades, quienes nos ayudan a desarrollar el proyecto.

—Vimos algunas internas con sus hijos realizando una coreografía de ejercicios aeróbicos...

—Sí. Esa es una de las actividades que más disfrutan, y puede catalogarse como una asignatura más para lograr los objetivos.

—¿Cuáles son los principales resultados?

—El más importante es que ha logrado elevar considerablemente la autoestima de muchas madres reclusas, porque han podido palpar el interés del país por convertir los centros penitenciarios en escuelas, que es el sueño a que aspiramos.

“Otro logro es que han mejorado las relaciones entre el personal que labora en los centros penitenciarios y los familiares de las madres que participan en el programa. Eso facilita la reeducación de las penadas”, manifiesta Mercedes.

CRECIENDO DESDE ADENTRO

Al principio, algunos de los tutores y especialistas que participaban en el proyecto eran personas que no laboraban directamente en centros penitenciarios.

En estos momentos su continuidad es responsabilidad casi totalmente del personal que trabaja en los distintos centros penitenciarios del país, y en ocasiones de reclusas bien preparadas para esta labor.

Tal es el caso de la pinera Suharmy Fernández Moya, la promotora más destacada. Por modestia explica que solo es la coordinadora de la iniciativa entre las internas, pero es mucho más.

Entre otras actividades, Suharmy recoge las necesidades de estudio de las reclusas y las entrega a una funcionaria del Ministerio de Educación, donde las analizan y tratan de cubrirlas. Además, la muchacha organiza casi todas las actividades y planes que contempla el programa en el recinto, con la ayuda de especialistas, oficiales y trabajadores civiles.

“No es fácil estar en prisión, eso es innegable. Pero te soy sincera: esta actividad la voy a extrañar, porque es algo que hago con amor desde el principio, y las cosas así nunca se olvidan”, dice Fernández Moya, quien dentro de tres meses tiene la posibilidad de salir en libertad.

LA PROFE DELA TABLA

Aunque pasadita de libras, Amarilis Montano Gómez es la responsable de montar las tablas gimnásticas del plantel, integradas por madres reclusas acompañadas de sus hijos.

“Pasé un curso básico para convertirme en monitora de ejercicios aeróbicos y el resto quedó de mi parte. Creo que lo estoy haciendo bien porque ya tenemos preparadas varias coreografías que han agradado a los visitantes.

“Casi diariamente realizamos diferentes entrenamientos y eso ha permitido una mejor unidad entre las internas. Somos casi una familia y trabajamos todas por un objetivo común. Aunque aún no tengo hijos, me gusta mucho trabajar con los niños porque eso me hace sentir útil, a pesar de estar aquí”, explica Amarilis.

Casi concluye la visita a la Prisión de Mujeres de Occidente. Hemos visto muy buenas iniciativas, pero no todas. Al cierre del recorrido nos invitaron a pasar al teatro, donde todo estaba listo para que los pequeñines de La Colmenita deleitaran con su arte a los presentes.

Desde la interpretación de los primeros números, aquellos pequeños artistas contagiaron su alegría a todos.

A la mayoría de las reclusas se les olvidó en ese instante que lo eran, levantaban a sus bebés al ritmo de las diferentes melodías, al tiempo que reían a carcajadas con las ocurrencias de los “colmeneros”.

Todo un espectáculo, que también merecen quienes cumplen sanciones en prisión, porque el objetivo es rescatarlos para que mañana estén al lado suyo, o mío, luchando con dignidad por los mismos objetivos.

 

 

 

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Ultima actualización: 13.04.2006
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