CAPÍTULO 6: LA AGRESION RADIOELECTRÓNICA DE ESTADOS UNIDOS CONTRA CUBA
Antecedentes de una guerra silenciosa
Desde los primeros años del siglo XX, el entonces emergente imperialismo estadounidense recurrió a los principales adelantos tecnológicos en materia de medios de difusión, como instrumentos de su labor de propaganda, injerencia e intervención. La radio alcanzó en esta primera etapa de penetración y dominación imperial un papel de primer orden. Bastaría remontarse al comienzo de las transmisiones norte¬americanas hacia América Latina, el 25 de mayo de 1924, bajo la cobertura de la Unión Panamericana.
Las interferencias incompatibles en la radiodifu¬sión por ondas medias entre Cuba y Estados Unidos tienen sus antecedentes mucho antes de enero de 1959. En la década de los años 30 del siglo pasado, las emisoras cubanas –con sistemas de ante¬nas de poca eficiencia y de reducida potencia –, eran afectadas por la interferencia en sus áreas de servicio de emisoras radiales de Estados Unidos, que contaban con transmisores de mayor potencia y sistemas de antenas muy eficientes.
En 1937 se celebra en La Habana la Conferen¬cia Regional de Radiodifusión, donde los 16 Estados americanos allí representados crearon la Oficina Interamericana de Radio y distribuyeron frecuencias en tres distintas zonas de América. Dicha Conferencia fue convocada por el interés de Estados Unidos, que negoció desde posiciones de fuerza para imponer a los participantes las bases técnicas concebidas para garantizar la continuidad de los privilegios que ya disfrutaban las estaciones norteamericanas, tanto dentro de su terri¬torio, como hacia el exterior.
Los instrumentos firmados en La Habana, el 13 de diciembre de 1937, comprendían la Convención Interamericana sobre Radiocomunicaciones, el Arreglo Interamericano sobre Radiocomunicaciones y el Con¬venio Regional Norteamericano de Radiodifusión (NARBA).
El último de los instrumentos antes mencionados regulaba las cuestiones de la radiodifusión por ondas medias en la región definida como norteamericana, que comprendía a los siguientes territorios: Canadá, Cuba, Estados Unidos, Haití, México, Terranova y República Dominicana.
El Convenio definió 105 canales de radiodifusión que clasificó en canales despeja¬dos, canales regionales y canales locales. Fueron distribuidos de la forma siguiente: Canadá 14; Cuba 9; Estados Unidos 63; Haití 1; México 15; Terranova 2 y República Dominicana 1.
Al tener más desarrollados sus medios de radiodifusión, Estados Unidos obtuvo en virtud del Convenio más del 50% de toda la banda, casi siempre con estaciones en "canales des¬pejados", lo que permite ofrecer un servicio libre de interferencias a grandes zonas, tanto del país emisor, como de vecinos más cercanos.
La distribución antes detallada obligó a los demás países firmantes a proporcionar protección a las extensas zonas de servicios delimitadas por los técnicos de la Secretaría de Comercio de Estados Unidos.
Para Cuba en particular, el ulterior desarrollo de su radiodifusión nacional quedaría lastrado por la carga económica que impone la necesidad de instalar complejas y costosas redes de antenas direccionales, para asegurar la disminución de las señales ra¬diadas hacia Estados Unidos, y así proporcionar la protección estipulada en el Acuerdo Regional. Sólo muy pequeñas emisoras locales de baja potencia y por lo tanto de muy reducida área de servicio pudieron ser instaladas, con antenas simples de bajo costo.
Luego de varios aplazamientos, el 13 de septiembre de 1949 se reunió en Montreal, Canadá, la III Conferencia Regional Norteamericana de Radiodifusión. La Conferencia sesionó ininterrumpidamente hasta el 8 de diciembre del propio año, fecha en que fue de¬clarada en receso ante la imposibilidad de lograrse un acuerdo entre Cuba y Estados Unidos.
En agosto de 1950 se reanudó la Conferencia para analizar las asignaciones de frecuencias, potencias y ubicación de las estaciones, con la participación en ella de Estados Unidos, Canadá, México, Cuba, Haití, Jamaica, Bahamas y República Dominicana. El resultado final de la reunión fue la adopción del Acuerdo NARBA, con la asig¬nación de un total de 3 085 estaciones.
Estados Unidos recibió 2 402 asignaciones, para un 80% del total. A Cuba, con 116 estaciones, le correspondió sólo el 3%. Las asignaciones de Estados Unidos se distribuyeron entre los 106 canales disponibles. Cuba tuvo acceso a 81 canales.
El aspecto más significativo de este nuevo acuer¬do fue la muy desigual distribución de las prioridades, es decir, los derechos de protección a las áreas de servicios de las emisoras.
Mediante el acuerdo NARBA de 1950, Estados Unidos se aseguró el virtual dominio de las ondas medias en el área y el derecho a agredir con sus on¬das de radio a Cuba y otros países de la región.
El caso de la Voz de América y Radio Swan
Como ha denunciado el Gobierno cubano en los más diversos foros internacionales, desde el mismo triunfo de la Revolución Cubana el 1º de enero de 1959, las sucesivas administraciones nor¬teamericanas han recurrido a todo su poderío económico y tecnológico en apoyo a la agresión radioelectrónica contra Cuba. Mediante ilegales transmisiones radiales primero, y luego también televisivas, se ha venido agrediendo de modo permanente el espacio radioeléctrico cubano, difundiendo programaciones especialmente diseñadas para la incitación al derrocamiento del orden constitucional establecido por el pueblo cubano. Hacia ningún otro pueblo del mundo ha sido transmitida por una potencia extranjera, durante tan largo tiempo, tanta mentira y estímulo a la destrucción y al odio.
Concebida, instrumentada y financiada por grupos de poder norteamericanos que no renuncian a la pretensión de reimponer su control neocolonial sobre la Isla, en contubernio y complicidad con la mafia terrorista de origen cubano radicada en el territorio de la superpotencia, la agresión radiolectrónica constituye una pieza clave en la política de hostilidad, bloqueo y agresiones de Estados Unidos contra el pueblo cubano.
Estas transmisiones ilegales de radio y televisión buscan mediante falsas alegaciones, noticias tergiversadas y propaganda dolosa, promover el desencanto y el cuestionamiento del pueblo cubano a su Revolución, el desacato al orden constitucional del país y el enfrentamiento a sus autoridades, la emigración ilegal de cubanos poniendo en riesgo sus vidas, en resumen, fomentar el desencadenamiento de una crisis artificial que sirva de pretexto a una eventual intervención mili¬tar y una guerra de conquista contra Cuba.
El uso de la radio como instrumento de guerra y subversión se convirtió en norma del Departamento de Es¬tado norteamericano desde fines de la década del 50, proceso que fuera impulsado tras la designación de Leonard Marks y Frank Shakespeare, connotados ideólogos anticomunistas, al frente de la Agencia de Información de Estados Unidos (USIA).
EI 21 de marzo de 1960 se inició oficialmente la agresión radial contra la Revolución Cubana, al salir al aire una nueva emisión de La Voz de América (VOA), en idioma español. La VOA es uno de los órganos centrales de manipulación propagandística y guerra psicológica e ideológica de la USIA.
La programación de esa estación radial estaba dirigida contra la Revolución Cubana, aunque cínicamente se alegaba un supuesto interés en atender la realidad de "todo el Continente". Sus contenidos reflejaban la creciente agresividad de la administración estadounidense de turno frente al proceso de transformaciones sociales y económicas que avanzaba en Cuba.
En tanto emisora oficial del Gobierno de Estados Unidos, La Voz de América tenía determinadas limitaciones para cumplir todas las expectativas y necesidades de propaganda en la aplicación de la política de guerra no declarada contra la Revolución Cubana. No resultaba recomendable – en tanto brindaría pruebas de cargos contra las autoridades norteamericanas –, que la VOA transmitiera determinados conteni¬dos hacia Cuba, tales como la incitación directa a la rebelión o las instrucciones para la ejecución de actividades terroristas.
Es por ello que el 17 de mayo de 1960, se puso en el aire una estación de radio subversiva con cobertura comer¬cial, nombrada Radio Swan, para realizar transmisio¬nes que sirvieran para alentar y orientar a los terroristas que operaban en territorio cubano.
Radio Swan comenzó a operar en una frecuencia cuidadosamente escogida para penetrar en toda Cuba y causar la menor interferencia nociva posible a las emisoras de Estados Unidos.
Era una operación clandestina, y como tal, jamás fue inscrita en el Registro Internacional de Frecuencias de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) .
Según do¬cumentos desclasificados en 1980, la emisora Radio Swan imponía a la CIA una erogación mensual de entre 400 a 500 mil dólares, sosteniendo una programación que llegó a contar con tres horarios: matutino, vespertino y nocturno, con una duración promedio diaria de entre 8 a 12 horas.
Poco antes de la invasión mercenaria de Bahía de Cochinos, Radio Swan fue dotada de un transmisor adi¬cional en la banda internacional de onda corta de 49 metros, el cual funcionaba en la frecuencia de 6 000 khz y también estaba dirigido hacia Cuba.
Los contenidos de las emisiones de Radio Swan se hicieron cada vez más abiertamente agresivos, incitando a diversas formas de terrorismo, entre ellas el sabotaje económico, la destrucción de instalaciones administrativas y de servicios y el asesinato de los principales dirigentes revolucionarios.
EI 17 de abril de 1961, al iniciarse la invasión mercenaria de Bahía de Cochinos, organizada, financiada y dirigida por el Gobierno de Estados Unidos, Radio Swan pasó a brindar un apoyo y orientación directa en sus transmisiones a la contrarrevolución y los agresores.
Tras la rotunda derrota propinada a los invasores mercenarios de Bahía de Cochinos por el pueblo cubano, la CIA decidió cambiar el nombre de Radio Swan – a partir de su total des¬crédito –, rebautizándola como “Radio América: La Voz de la Verdad para todo el Continente", la cual continuó su propaganda contra Cuba, hasta que los recortes en el abultado presupuesto para operaciones anticubanas de la Agencia, la hicieron desaparecer a mediados de los años 60.
Durante la Crisis de Octubre (Crisis de los Misiles), Estados Unidos intensificó la utilización de la radio como instrumento de guerra psicológica contra la Revolución Cubana, mediante la ejecución del llamado “Plan Jacobs”. Este plan contemplaba la instalación emergente de dos nuevos transmisores de ondas medias en cayos al sur de la Florida, en las frecuen¬cias de 1180 kHz y 1040 kHz, respectivamente.
Estas instalaciones iniciaron una nueva fase de la guerra radial contra Cuba, al llevar el ataque directo de Estados Unidos a la banda de radiodifusión comercial de AM por ondas medias, con lo que esperaban aumentar considerablemente su audiencia. Hasta ese momento solo se había empleado dicha banda en operaciones clandestinas y nunca reconocidas por el Gobierno de Estados Unidos.
. La mal llamada Radio Martí
Con el ascenso de la administración Reagan a la presidencia de Estados Unidos y el incremento de las acciones de hostilidad y agresividad contra el pueblo cubano, se reinician las emisiones oficiales de radio expresamente dirigidas hacia Cuba.
El 20 de mayo de 1985, en grave afrenta a la dignidad y al legado histórico y patriótico de la nación cubana – un día como ese del año 1902 fue impuesta al pueblo cubano un sistema de control neocolonial por el entonces emergente Imperio estadounidense –, el servicio de transmisiones de radio diseñado y dirigido a fomentar el cumplimiento de la sempiterna pretensión de anexarse la Isla, fue bautizado por los personeros del poder en Washington nada menos que con el nombre del Héroe Nacional cubano, José Martí.
Las transmisiones del Servicio Especial de Programas de la Voz de América: Radio Martí, se han mantenido, a partir de su salida al aire, como un eslabón esencial de la política de guerra propagandística, psicológica e ideológica de sucesivas administraciones norteamericanas contra el pueblo cubano.
La victoria de Estados Unidos en la llamada Guerra Fría – que algunos han calificado como la Tercera Guerra Mundial –, y en particular, el derrumbe del llamado “socialismo real” en Europa Oriental y el desmoronamiento de la Unión Soviética, condujeron a los estrategas del Imperio a la conclusión errónea de que los métodos de guerra ideológica utilizados contra el socialismo en aquella región del mundo, serían también eficaces en la destrucción de la Revolución Cubana.
Con todo el potencial tecnológico y la experiencia acumulada por un amplio número de especialistas altamente calificados en este tipo de guerra sucia, se recrudeció la contienda bélica anticubana en materia de transmisiones radiales y televisivas, que alcanzó en septiembre del 2005 la cifra de 2 267 horas semanales emitidas en 29 frecuencias de radio y televisión.
De las 17 emisoras que transmiten programaciones subversivas contra la Revolución Cubana, 11 dirigen sus señales específicamente a Cuba. Tres de ellas son propiedad del Gobierno de Estados Unidos: El programa Ventana a Cuba de la Voz de América (VOA) y las mal llamadas Radio y Televisión Martí.
Varias de las emisoras son propiedad o prestan sus servicios a organizaciones integradas por, o vinculadas directamente a elementos terroristas que operan y actúan con total impunidad contra Cuba desde el territorio norteamericano.
El Documento de Santa Fe, que se convirtió en plataforma programática de la administración del presidente Reagan estipuló claramente las motivaciones del establecimiento de la mal llamada Radio Martí (que fuera inicialmente concebida como Radio Cuba Libre):
(…) “La Habana debe ser responsabilizada por su política de agresión contra los estados herma¬nos de América. Entre otras medidas, será creada la Radio Cuba Libre, bajo abierta res¬ponsabilidad de Estados Unidos, la cual emitirá información objetiva al pueblo cubano.(...)Si la propaganda falla, debe ser lanzada una gue¬rra de liberación contra Castro”.
¿Qué observador imparcial y con un conocimiento mínimo de la historia de la pasada centuria, podría acreditar que Estados Unidos – el campeón de la desinformación y la mentira – destinaría un solo dólar a la transmisión de “información objetiva” al pueblo cubano? ¿Cómo podrían hacerlo los personeros políticos del Imperio que niega al pueblo cubano la posibilidad de recibir visitas e intercambiar información con los ciudadanos estadounidenses? ¿Cómo es posible tanto cinismo e hipocresía, si esos mismos sectores políticos hoy encumbrados con la administración Bush, han incrementado los obstáculos y prohibiciones al intercambio educativo, cultural y científico entre cubanos y estadounidenses?
Las mal llamadas Radio y Televisión Martí no emiten información, por el contrario, la falsifican y tergiversan; no aspiran a respetar valores como la objetividad y el apego a la verdad; fabrican con premeditación la mentira e incitan al odio destructivo.
El Reglamento de Radio Comunicaciones de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), en su edición de 1990 y su revisión de 1994, estipula en su artí¬culo 30, Sección 1, numeral 2666 (actual numeral 23.3 de la edición del 2004), que las transmisio¬nes de radio en la banda de radiodifusión comercial de AM por ondas medias, por FM o por televisión, deben ser concebidas como "un servicio nacional de buena calidad dentro de los límites del país que se trate". Quiere esto decir, que incluso en el orden técnico y operativo, las emisiones de la mal llamada Radio Martí transgreden las normas internacionalmente aceptadas en la materia. Sus transmisiones en los 1180 khz son ilegales, al invadir de forma grosera el espacio radioeléctrico del territorio nacional cubano.
Las transmisiones de onda corta que realiza Radio Martí – utilizando 13 frecuencias para ello –, también son ilegales, en tanto el contenido de esas emisiones contraviene principios consagrados en la Constitución y Convenio de la UIT, entre ellos la afirmación que realiza su Preámbulo en el sentido que "las transmisiones de onda corta de¬ben facilitar las relaciones pacificas y la cooperación internacional entre los pueblos".
Mientras pretende convencer a incautos acerca de un falso fin de las ideologías – intentando “universalizar” los patrones y dogmas de una doctrina diseñada en función de los intereses de dominación hegemónica de sus círculos imperiales de poder político, económico y militar –, el Gobierno estadounidense dilapida partidas millonarias del dinero de sus contribuyentes para imponer al pueblo cubano un clima de permanente hostilidad y amenaza de guerra.
El recrudecimiento producido en la última década en el desarrollo de la guerra no declarada contra el pueblo cubano, contraviene la tesis de que la Guerra Fría iniciada por las autoridades de Washington habría llegado a su fin. Con el factor agravante del “envalentonamiento” y arrogancia de la superpotencia – a partir de las pírricas victorias alcanzadas –, la hostilidad y agresiones de la administración Bush contra Cuba han venido oscilando en rangos superiores a una guerra “tibia”, con amenazas periódicas y cada vez más graves de alcanzar la temperatura de ebullición.
Una televisión que no se ve
En fecha temprana tras el triunfo revolucionario en Cuba, aprovechando los avances que se habían producido en la introducción de la televisión en el país y conociendo perfectamente las características tecnológicas de los equipos instalados – todos eran de producción norteamericana –, fueron concebidos los primeros planes oficiales estadounidenses para utilizar la televisión con herramienta de apoyo a la agresión contra la Revolución Cubana.
En 1962 fue elaborado por la Agencia de Información de Estados Unidos un plan de propaganda anticubana, que incluía la utilización de dos aviones DC-6, volando a 18 000 pies, muy cerca del espacio aéreo cubano. Aplazado el proyecto, la idea resurgió durante la administración Carter, cuando el profesor George Chester, de la Universidad de Maryland, propuso la variante de una transmisión desde Cayo Hueso, a través de un canal cubano no utilizado.
Bajo la administración Reagan, circuló por prime¬ra en el Congreso de Estados Unidos un pro¬yecto la realización de estudios de factibilidad para iniciar las trans¬misiones de televisión a Cuba con fines de agresión política, propagandística e ideológica. La mafia terrorista cubano-americana de Miami, fue incorporada activamente a la labor de cabildeo y apoyo a dicha iniciativa.
En 1989, la Cámara y el Senado aprobaron sendas resoluciones autorizando la estación de televisión, una vez que las pruebas de transmisión hubieran sido cumplidas de manera satisfactoria.
La variante escogida fue un globo cautivo con un transmisor a bordo, de una potencia aproximada de 10 mil watts, que se mantendría a una altura de 10 a 14 mil pies en la zona de Cudjoe Key.
La señal de televisión se generaría en Miami y sería transmitida a una estación terrena ubicada en Cudjoe Key, de ahí hacia el transmisor ubicado en la góndola del aerostato, de donde partiría la señal para penetrar en territorio cubano.
Con anticipación más que suficiente y por todas las vías posibles, Cuba hizo todo lo que estuvo a su alcance en el orden político y diplomático, incluyendo una carta al presidente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, con el objetivo de exigir al Gobierno de Esta¬dos Unidos que detuviera la nueva escalada en la agresión en materia de telecomunicaciones. Se le expresó la disposición del gobierno cubano a negociar un en¬tendimiento respecto al intercambio de programas y transmisiones de televisión.
El 27 de marzo de 1990, comenzó la agresión televisiva, que fue neutralizada a los 10 minutos de penetrar en los telereceptores cubanos. Día tras día, desde esa fecha, el ataque ha sido repelido, dismi¬nuyendo el tiempo en que se observa la señal desde 10 a un minuto.
Estados Unidos intentó inscribir la Estación a bordo del dirigible en el Registro Maestro Internacional de Frecuencias de la UIT, cuestión que fue denegada por la Junta Internacional de Registro de Frecuencias, argumentando que estas transmisiones desde el dirigible contravenían disposiciones del Reglamento de Radiocomunicaciones.
El 27 de julio de 1990, la administración estadounidense de turno presentó al Congreso un informe evaluando el llamado período de pruebas de Tele Martí. En el mismo se reconoce que Cuba de modo eficaz y sistemático lograba interferir las señales, que la Junta In¬ternacional del Registro de Frecuencias había certifica¬do la ilegalidad de esa acción y que la reacción internacional había sido desfavorable a Estados Unidos. No obstante, el presidente Bush (padre) ordenó con¬tinuar las transmisiones.
Estados Unidos pretende cubrir su impúdica agresión a la soberanía y la dignidad del pueblo cubano, alegando que sus transmisiones televisivas no generan interferencias en Cuba, al transmitir en un horario en que no brinda sus servicios la televisión cubana. Oculta cínicamente que nuestros transmisores han sido re¬gistrados para ofrecer servicios las 24 horas del día.
El Gobierno de Estados Unidos no sólo transmite hacia Cuba una programación televisiva repleta de mentiras, tergiversaciones de la historia y la realidad actual, profundamente ofensiva a la determinación de independencia y justicia de la nación cubana; pretende también coartar el ejercicio del derecho de libre determinación al pueblo cubano, impidiéndole – como hace cualquier otro país en el mundo – administrar soberanamente sus frecuencias radioeléctricas y espacio radioelectrónicos, y decidir al interior de sus fronteras, el modo y horario de transmisiones de los servicios de radio y televisión.
La agresión radio-televisiva contra Cuba evidencia no sólo la naturaleza demencial de su política de hostilidad y agresiones contra el pueblo cubano, también el total desprecio del Gobierno de Estados Unidos por las normas y principios del Derecho Internacional que rigen las relaciones entre los Estados.
La guerra radioelectrónica de Estados Unidos contra el pueblo cubano viola directamente la letra o transgrede el espíritu de instrumentos internacionales como:
Los propósitos y principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y en numerosos instrumentos internacionales, en particular los relativos a la igual¬dad soberana de todos los Estados y la no injerencia en los asuntos que son de jurisdicción interna de los mismos.
La Declaración de Principios de Derecho Internacional relativos a las relaciones de amistad y cooperación entre los Estados, consagrada mediante la resolución 2625(XXV) adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1970.
La Constitución, el Convenio y el Reglamento de Radiocomunicaciones de la UIT, en particular su numeral 23.3, que limita las transmisiones televisivas más allá de los límites nacionales.
El Artículo I común al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y al de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, adoptados por la Asamblea General de la ONU en diciembre de 1966.
La Declaración sobre los principios fundamentales relativos a la contribución de los medios de comunicación de masas al fortalecimiento de la paz y la comprensión internacional, a la promoción de los derechos humanos y a la lucha contra el racismo, el apartheid y la incitación a la guerra, proclamada el 28 de noviembre de 1978 en la XX Reunión de la Conferencia General de la UNESCO.
La Resolución 37/92 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, del 10 de diciembre de 1982, que estableció los principios que han de regir la utilización por los Estados de satélites artificiales de la Tierra para las transmisiones internacionales directas por televisión.
El 20 de noviembre de 1997 se escaló cualitativamente la agresión televisiva, al comenzar las transmisiones de la mal llamada Tele Martí en la banda de UHF, empleando hasta el presente, tres canales diferentes. Nuevamente el pueblo cubano brindó una respuesta contundente al agresor, neutralizando en pocos minu¬tos la penetración de la señal.
Los reiterados intentos de utilizar el factor sorpresa, mediante cambios en el canal o los horarios de transmisión, no han reportado resultado satisfactorio alguno al agresor.
El 24 de febrero del 2003, el Gobierno de Estado Unidos permitió que desde una nave aérea perteneciente a una de las organizaciones de la mafia terrorista y anticubana de Miami, “Hermanos al Rescate”, se realizaran transmisiones de televisión en bandas de frecuencias empleadas por radioaficionados de los Estados Unidos. Este hecho, constituye una severa violación del Reglamento de Radiocomunicaciones que establece la prohibición de señales de radiodifusión en aguas o espacios aéreos internacionales.
Luego de varias declaraciones de la FCC reconociendo y advirtiendo que estas transmisiones eran violatorias de leyes internacionales, el 20 de mayo del 2003 una aeronave de las Fuerzas Armadas realizó este tipo de transmisiones volando, en este caso, desde el espacio aéreo de los Estados Unidos.
En septiembre del 2003 se comenzó a retransmitir la señal de la Televisión Martí por el sistema de satélites HISPASAT, simultáneamente con el sistema NSS-806 empleado hasta ese momento. Desde entonces, las transmisiones se realizan durante las 24 horas del día.
En ese propio año, se estableció en las transmisiones de la VOA un programa de media hora diaria denominado “Ventana a Cuba”.
El presidente Bush escala la agresión radioelectrónica contra Cuba.
El 6 de mayo de 2004, el presidente Bush decidió dar nuevos pasos en el recrudecimiento de la agresión radioelectrónica y las campañas de desinformación y estímulo a la subversión en Cuba, al anunciar la asignación de 18 millones de dólares adicionales para las transmisiones de las mal llamadas Radio y Televisión Martí contra el pueblo cubano, desde un avión militar C-130 destinado exclusivamente a ello.
Los referidos 18 millones de dólares incrementaron los fondos ya comprometidos en la “Ley Consolidada de Asignaciones presupuestarias para el 2005” e hicieron crecer el financiamiento gubernamental a ambas emisoras hasta un nivel sin precedentes.
En noviembre del 2005, al adoptarse la “Ley de Asignaciones para la Ciencia y los Departamentos de Estado, Justicia y Comercio, para el año fiscal 2006”, se aprobó la suma de 37.7 millones de dólares para las trasmisiones de Radio y Televisión Martí. Cabe destacar que esta cifra significa un incremento de alrededor de 10 millones de dólares, en comparación con lo aprobado en la misma partida en el 2004.
Este incremento, obedece a una solicitud realizada al Congreso por la administración Bush, con el objetivo de adquirir un avión que le permita asegurar las transmisiones Televisión Martí hacia Cuba con carácter permanente. Dicho avión reemplazará el C-130 del Comando Solo que ha venido siendo utilizado para cumplir la infame misión desde agosto del 2004.
Los vuelos del C-130 han ocurrido una vez por semana, cuestión que ha sido denunciada por Cuba ante la Junta del Reglamento de Radiocomunicaciones de la UIT, en sus reuniones 34, 35, 36 y 37. El tema ha sido también presentado en los Consejos de la UIT de los años 2004 y del 2005.
La Junta concluyó en su 37 reunión, en junio del 2005, que tanto las transmisiones diarias desde el dirigible, como las semanales en el vuelo del C-130, causan efectivamente interferencia perjudicial a servicios de televisión que Cuba tiene inscritos en el Registro Maestro Internacional de Frecuencias y solicitó a la Administración norteamericana que dispusiera el cese de estas interferencias. Las autoridades estadounidenses, en franco desacato al dictamen de la entidad internacional competente, se han negado a poner fin a las transmisiones ilegales contra Cuba.
En menos de un año – en el período comprendido desde agosto de 2004 hasta julio 2005 –, se efectuaron 46 transmisiones desde el avión militar, a la vez que se mantuvieron las que se efectúan diariamente desde el globo aerostático.
Con esa decisión agresiva y desafiante, Estados Unidos no sólo agrava sus sistemáticas violaciones a las regulaciones establecidas por la Unión Internacional de Telecomunicaciones, sino el contenido de las Resoluciones 110 (II) y 127 (II) de la Asamblea General de la ONU, adoptadas ambas en 1947, a sólo dos años del fin de la segunda conflagración mundial.
Mediante su Resolución 110 (II) la Asamblea General condenó “toda propaganda destinada a provocar o a estimular amenazas contra la paz, la ruptura de la paz o todo acto de agresión”; mientras en virtud de su Resolución 127 (II), la propia Asamblea invitó a todos los Estados a adoptar medidas para luchar “contra la difusión de noticias falsas o deformadas que puedan perjudicar las buenas relaciones entre Estados”.
Cronología de los hechos relacionados con la agresión radio-televisiva contra Cuba
- 21 de marzo de 1960. Salió al aire una nueva emi¬sión de La Voz de América, en idioma español.
- 17 de mayo de 1960. Se iniciaron las transmisiones de Radio Swan.
- Octubre de 1962. Se inició el funcionamiento de las emi¬soras anticubanas de Cayo Marathon (1180khz) y Sugar Loaf (1 040 khz).
- 23 de octubre de 1962. Unas 10 emisoras comer¬ciales de Estados Unidos, comenzaron a retrans¬mitir hacia Cuba los contenidos de la VOA.
- 1 de julio de 1974. Fue suprimido el suplemento "Cita con Cuba" transmitido por la VOA.
- Ginebra, 1979. Conferencia Administrativa Mun¬dial de Radiocomunicaciones. La República de Cuba declaró no reconocer la notificación, inscripción y utilización de frecuencias por parte del Gobierno de Estados Unidos en la parte del territorio de la bahía de Guantánamo que ocupa ilegalmente y, en contra de la voluntad expresa del pueblo cubano, una Base Naval estadounidense.
- 10 de marzo de 1980. La administración cubana envió una carta a la Junta Internacional de Registro de Frecuencias (IFRB), de la UIT, en la cual se denunció la existencia de estaciones piratas que afectaban las bandas de radioaficionados y a una estación costera cubana.
- 26 de marzo de 1980. Buenos Aires, Argentina. IV Sesión plenaria de la Conferencia Regional de Radiodifusión por ondas medias de la UIT. Cuba denunció nuevamente la problemática de las estaciones de radiodifusión que operan desde la ilegal Base estadounidense enclavada en la provincia de Guantánamo, Cuba.
- Julio de 1981. La Junta Internacional de Registro de Frecuencias de la UIT, presentó una queja ante la Comisión Fede¬ral de Comunicaciones de Estados Unidos, sobre transmisiones ilegales de radiodifusión por ondas cortas desde Miami hacia Cuba.
- 22 de septiembre de 1981. El presidente Ronald Reagan firmó la orden ejecutiva 12323, creando la "Comisión Presidencial para la Radiodifusión hacia Cuba".
- Noviembre de 1981. Cuba denunció el Convenio NARBA.
- Diciembre de 1982. El proyecto de la mal llamada Radio Martí es derrotado en sesión extraordinaria del Congreso de Estados Unidos.
- 13 de septiembre de 1983. El senado estadouni¬dense aprobó la creación de la cínicamente nombrada Ra¬dio Martí.
- 20 de mayo de 1985. Salió al aire Ra¬dio Martí como servicio para Cuba de La Voz de América.
- Mayo de 1986. El Senador por la Florida, Lawton Chiles, solicitó a la USIA el inicio de una investigación sobre las posibilidades de crear un siste¬ma de televisión hacia Cuba.
- 7 de agosto de 1987. Se presentó ante el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara, la resolución solicitando la creación de la mal llamada Tele Martí.
- 27 de marzo de 1990. Se iniciaron las pruebas de un servicio de televisión en español, exclusiva¬mente dirigido a Cuba.
- 27 de julio de 1990. El Gobierno estadounidense presentó al Congreso un informe, en el que eva¬luó el llamado período de pruebas de Tele Martí. A pesar del desastre, el presidente Bush (padre) ordenó continuar la agresión televisiva.
- 20 de noviembre de 1997. Se produjo una nueva es¬calada en la teleagresión, al comen¬zarse las transmisiones de la mal llamada Tele Martí en la banda de UHF.
- 20 de mayo del 2002. Estados Unidos introdujo cambios sorpresivos en el horario de trans¬misiones de Tele Martí. Fracasó nuevamente en su intento de imponer la recepción de su señal subversiva en la Isla.
- 24 de febrero de 2003. La agrupación de la mafia terrorista y anticubana de Miami, "Hermanos al Rescate", con la autorización de la Agencia Federal de Aviación de los Estados Unidos (FAA), realizó transmisiones de televisión ilegales hacia Cuba, desde un avión en el espacio aéreo internacional en las proximidades a la Isla.
- 20 de mayo de 2003. Estados Unidos utilizó un avión C-130 de las Fuerzas Armadas de ese país, para emitir señales televisivas hacia Cuba entre las 18:45 y las 20:45 horas. Utilizó las frecuencias del canal 13 de VHF, inscritas a nombre de Cuba en el Registro Internacional de Frecuencias de la UIT. Con su agresión televisiva, afectó el servicio en diferentes puntos del país de las transmisiones de la programación nacional.
- 6 de mayo de 2004. El presidente Bush adoptó nuevas medidas encaminadas a escalar la agresión radioelectrónica y las campañas de desinformación y estímulo a la subversión en Cuba. Asignó 18 millones de dólares adicionales para asegurar las transmisiones de Radio y Tele Martí desde un avión militar C-130.
- 21 de agosto del 2004. Entre las 18:00 y las 22:00 horas, tuvo lugar una violación similar a la ocurrida el 20 de mayo del 2003. En esta ocasión, la interferencia intencional y perjudicial al normal funcionamiento de las estaciones de radio y televisión cubanas, se produjo en medio de la labor de recuperación de los daños causados por el devastador huracán Charley, obstaculizando la labor de difusión de información de interés para todo el pueblo cubano.
- 12 de diciembre de 2004. Radio Martí inició sus transmisiones por la banda de radiodifusión comercial de FM. Se realizaron pruebas adicionales de transmisión en otras frecuencias de la banda de radiodifusión comercial de onda media.
- 30 de abril, y 7 y 14 de mayo del 2005. Se llevaron a cabo tres vuelos de exploración con aviones del tipo RC-135, a la misma hora en que el EC-130J transmitía hacia Cuba, con la posible intención de comprobar la efectividad y los parámetros de nuestra respuesta a la teleagresión.
- 13 de julio del 2005. Cinco días después del paso del huracán Dennis, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos rebasificó en la estación aeronaval de Key West en la Florida, dos aviones EC-130 J de la 193 Ala de Operaciones especiales de Pennsylvania. Una de las aeronaves voló consecutivamente los días 15, 16, 18, 20 y 23 de julio, en otra escalada provocadora y agresiva de las transmisiones anticubanas.