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26to. FESTIVAL DEL NUEVO CINE LATINOAMERICANO

Paisaje después de la carrera

Por Mireya Castañeda

Una rápida mirada a los premios del Festival de Cine de La Habana: Uruguay brindó con Whisky. Argentina fue la máxima ganadora. Cuba (des)consolada con ciertos terceros lugares, ciertas menciones. Brasil y México, otrora gigantes, llegaron muy deprimidos y partieron igual.
Se sabe que la decisión de los jurados, felizmente, siempre provoca controversias, y en la 26ta. edición (7 al 17 de diciembre) no fue diferente. También hay que considerar que nunca apareció —estamos hablando de los largometrajes de ficción (67) en concurso— esa gran cinta que todos concordasen era El coral.
Esto no es falta del Festival, que como de costumbre incluyó además: Panoramas Latinoamericano y Contemporáneo, Sección informativa documental, Hecho en Cuba, Muestras (cine alemán, danés, español, francés, independiente norteamericano, suizo y Latinos en USA), retrospectivas (Felipe Cazals, Francois Truffaut), y Presentaciones Especiales.
Retomando los premios Coral. El Primero en ficción fue para Whisky, de Uruguay, dirigida por Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, en la que los jurados admiraron “la sencillez con la que utiliza recursos mínimos”.
Pero sin dudas la máxima ganadora ha sido Argentina con once palmarés. Abrió la marcha con el Premio en Guión Inédito (fueron enviados 102), de Lucia Cedrón, con la propuesta Agnus Dei, seguida por Coral en ópera prima —donde este año se pudo apreciar el surgimiento de una generación de cineastas con otra mirada— para Whisky Romeo Zulú, de Enrique Piñeyro (Argentina).
El coral a la mejor actuación femenina fue para Susú Pecoraro, por su cálida, estremecedora actuación en el papel de Roma, que da título a la cinta del argentino Adolfo Aristaraín. La actriz recibió el premio justo 20 años después del que le otorgaran por Camila, de la recordada directora María Luisa Bemberg. Aristaraín, que firma el libreto cinematográfico de Roma con Mario Camus y Kathy Saavedra, se llevó además coral al Mejor Guión.
Lucrecia Martel, con La niña santa, obtuvo dos corales, Mejor Dirección y tercero de Largometraje de Ficción. El coral a la Mejor Dirección Artística fue para Mercedes Alfonsín, en la cinta Luna de Avellaneda, de Juan José Campanella, que también suma el coral en Sonido.
Patoruzito, un animado “que muestra su efectividad al recordar un personaje tradicional”, de José Luis Massa, dio a Argentina el Coral en animación. En documental el coral fue para Fernando Pino Solanas por Memoria del saqueo, y el Premio FIPRESCI fue para El cielito, de María Victoria Menis.
La película chilena Machuca, de Andrés Wood, que acaparó cinco de los premios colaterales, debió consolarse con el segundo coral, y el de fotografía, y el de la Asociación Católica Mundial para la comunicación (SIGNIS).
El Premio Especial del jurado en largometraje de ficción fue para Punto y Raya, de Elia K. Schneider, de Venezuela, mientras que uno de sus actores, Roque Valero, se alzó con el coral de Actuación.
En ficción, los corales de Música y Edición fueron para la película brasileña Casi dos hermanos, de Lucía Murat. Brasil tuvo el handicap de que las copias de sus filmes llegaron casi terminando el Festival.
El coral a un documental de realizador no latinoamericano que aborde la realidad de la región fue para los irlandeses Donnacha O’Brien y Kim Bartley por La revolución no será transmitida, sobre el proceso que vive el pueblo venezolano, mientras el Premio Especial fue para Digna... hasta el último aliento, del mexicano Felipe Cazals, sobre la luchadora social, la abogada Digna Ochoa, secuestrada en 1988 por policías judiciales, y de trágica muerte en 2001.
El otro coral para el cine mexicano fue para el mediometraje de ficción El otro sueño americano, de Enrique Arroyo.
Para Colombia fue el coral en Cartel, representando al filme La sombra del caminante, ópera prima de Ciro Guerra.
Cuba, aunque se agradece siempre su presencia en las pantallas, presentó solo dos filmes a concurso, uno en la Sección Oficial, Perfecto amor equivocado, una comedia de enredos de Gerardo Chijona, que si bien ha tenido récord de asistencia en las salas nacionales, no se le aprecian méritos para recibir premios, y no los tuvo. La otra película, en la Sección de Opera Prima, fue Tres veces dos, de los jóvenes realizadores Pavel Giroud, Lester Hamlet y Esteban Isausti. Acunada por la crítica cubana y premiada en varios festivales, entre ellos Montreal, era una gran esperanza, pero ya se sabe...los jurados.
No obstante, la cinematografía cubana alcanzó algunos premios: en Ficción, mención especial para Utopía, de Arturo Infante; en Documentales, Tercer premio (y compartido) por deMoler, de Alejandro Ramírez, y Mención por Niños en la frontera, de Luis Acevedo, y en Animación, Tercer Coral, por Filminuto 57, de Tulio Raggi.
Con los premios Coral terminó la carrera, imposible de ganar, que impone el Festival Internacional de Cine de La Habana por sus tantas y diversas propuestas.