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Por
Argelio Santiesteban
I
Don Juan de Maldonado Barnuevo tiene muy bien puesto su apellido. Porque el
gobernador de ésta Muy Fiel Isla de Cuba ha recibido de los dioses
el mal don de gastarse un geniecito que se las trae.
A la más mínima contradicción, he ahí a un basilisco
echando espuma por la boca.
Y ese temperamento demoníaco del gobernador nos legó una simpática
anécdota cuando, hace cuatrocientos años, subió a un
escenario improvisado la primera representación teatral efectuada en
Cuba.
II
La Habana donde ejercía su mandato el cascarrabias Maldonado, exhibía
su título de ciudad, concedido pocos años antes. Ah, pero una
cosa es blasonar de una condición, y muy otra ostentarla realmente.
San Cristóbal tiene cuatro calles, y ochocientos habitantes, incluyendo
una guarnición de un centenar de hombres. Y hasta cuenta con un condestable.
Vaya honor
Posee La Habana dos boticas: la de Sebastián Milanés y la de
López Alfaro. Ninguna de ellas tiene más de cincuenta frascos.
Los perros jíbaros entran a hacer de las suyas en la población.
Un conjunto de cuatro músicos lo mismo ameniza una fiesta que toca
en las misnas solemnes de la parroquia. De ahí en fuera, todo es aburrirse,
y soportar el mal genio de Maldonado.
III
El día 23 de junio de 1596, el gobernador amaneció con el genio
más revuelto que de costumbre, si ello era posible. Quizás fue
en esa ocasión cuando escribió al rey una carta, que aún
se conserva, donde dejando aparte respetos y miramientos le dice a Su Majestad
que la defensa de La Habana es “indecente”, y que los piratas
no la atacan porque casi no hay dinero en sus arcas.
Es de imaginar que los subordinados anduviesen hablando en susurros, para
no ganarse una reprimenda. Fue entonces cuando a uno de ellos, tipo diestro
en las artes adulatorias, se le ocurrió la idea: es la víspera
del onomástico del gobernador. ¡Hay que celebrarlo! Y algunos
entusiastas —siempre los hay— montaron un tablado junto al Castillo
de La Fuerza, y memorizaron a matacaballos la pieza teatral “Los buenos
al cielo y los malos al suelo”.
Por la noche, asistía Maldonado a la primera función teatral
en Cuba, celebrada en su honor. Pero, fuese porque los aduladores actuaban
más que pésimamente, fuese porque la pieza en cuestión
era un bodrio indigerible, lo cierto es que entre el público comenzaron
las risitas. Puro relajo cubano, ya en el siglo XVI.
Aquella primera representación teatral terminó como la fiesta
de El Guatao, ocurrida siglos después. Porque Maldonado, echando chispas,
se paró espada en mano y gritando: “¡Diantres, al se´or
goberna´or se le respeta! ¡No quiero relajitos en mi cumpleaños!
¡Por Santiago de Compostela que al próximo risueño lo
mando un mes a reírse en el cepo de campaña!”.
Y, tras cuatro maldiciones de carretonero, Juan de Maldonado y Barnuevo dejó
instituido el teatro en Cuba.
Sugerencias de ilustraciones
1.-
Castillo de la Real Fuerza
Pie: Junto a la Real Fuerza, primera fortaleza, se inauguró nuestro
teatro, según algunas versiones.
2.- Plano Habana años 1500. Ver la fidelísima Habana, de G.
Eguren
Pie: Una Habana de sólo ochocientos habitantes, donde mandaba el cascarrabias
gobernador Maldonado.
3.- Teatro Tacón
Pie: Después de la representación teatral primera, habría
que esperar dos siglos y un tercio para que La Habana tuviese un coliseo decente:
El Teatro Tacón