Sonidos de lujo
Por Idania Machado
La vigésimo primera edición del Festival Internacional Jazz
Plaza transcurrió entre los días 16 y 19 de diciembre del 2004
para goce de los cubanos amantes de la más libre expresión musical
del planeta. Si por obra y (des)gracia de las restricciones que aplican los
Estados Unidos a los que viajan a Cuba desde ese país —aun simplemente
a traer sonidos armónicos— no estuvieron todos los convidados
el evento lució con otros asistentes, entre quienes se destacó
el compositor e intérprete francés Michel Legrand.
El maestro galo asistió invitado por el pianista Chucho Valdés,
presidente del festival, cumpliendo la doble tarea de dar un concierto junto
al virtuoso cubano y fungir como jurado del Premio SGAE de Jazz Latino.
Como se esperaba, el “desafío” a dos pianos fue un regalo
de los dioses. La sala Caturla del Teatro auditórium Amadeo Roldán
fue testigo de uno de esos momentos irrepetibles que sucede entre dos talentos
capaces de sintonizarse como si se tratase de un dúo de años.
El repertorio seleccionado —en su mayoría de piezas de Legrand—,
brindó a los asistentes un paseo por la obra del compositor esta vez
con acento y sonoridades jazzísticas. Con la emblemática Los
paraguas de Cherburgo llovió… pero una torrencial ovación
del público. Por su parte, Chucho no dejó dudas de por qué
está desde hace años entre los mejores del mundo del jazz. Giraldo
Piloto, director y baterista de Klímax, una de las orquestas de música
popular de la Isla aportó una batería a la altura. La agrupación
Sexto Sentido completó la noche con la armonía de sus voces.
Sencillamente un lujazo.
A la capital cubana llegaron el reconocido pianista brasileño Wagner
Tiso y el guitarrista argentino Victor Biglione quienes satisficieron con
sus presentaciones. Apreciamos a Latin from the North, grupo conformado por
músicos europeos aficionados a las sonoridades latinas. También
se sumaron el trompetista Steve Waterman, de Gran Bretaña; Peter Svord,
baterista de Suecia; Peter Weniger y su trío, Alemania; Jordi Berni
de España y el guitarrista Luis Salinas, de Argentina. Todos imprimieron
variedad al certamen y dejaron muy buena impresión.
La representación del patio concentró a los más destacados
ejecutantes de la escena nacional. Se disfrutó al veterano Bobby Carcasés
(fundador del Jazz Plaza en 1980) que cada día expresa mejor su talento.
Carlos Emilio Morales y Javier Zalba demostraron que les queda mucho todavía
aunque tengan a los nuevos siguiéndoles los pasos. Los conciertos y
jam sessions, tuvieron el impulso de la mezcla conceptual de varias generaciones.
Orlando Valle “Maraca”, Basilio Márquez y Alexander Abreu,
César López, Germán Velasco, José Luis Cortés
“El tosco”, Mayra Caridad Valdés, Bellita, el dúo
Angelisa, Jorge Luis Chicoy, Peruchín Jr., entre otros confirmaron
la valía de los músicos cubanos entre lo mejor del género.
Como parte de las actividades colaterales, sesionaron coloquios. Uno de esos
días estuvo dedicado al grupo Irakere, imprescindible a la hora de
hablar de jazz latino a nivel internacional. El grupo fundado por Chucho Valdés
ha sido cantera de estrellas, siendo esa su distinción, que sus miembros
sean todos brillantes en su instrumento. El maestro, además de sus
presentaciones ofreció clases magistrales.
El premio que otorga la Sociedad General de Autores y Editores de España
(SGAE) lo obtuvo el compositor argentino Guillermo Ernesto Reuter con El gorgojo.
Para Colombia fue el segundo lauro a manos de Orlando Sandoval con la obra
Nostalgia y el tercero lo compartieron dos cubanos, Rember Duarte y José
A. Rivero, con Azul y Pa` Eleggua respectivamente. El jurado estuvo integrado
por Michel Legrand, la cantante española Soledad Giménez, Luis
Salinas y el saxofonista brasileño Carlos Malta. Lo presidió
Chucho Valdés. Esta es la cuarta vez que la SGAE lo concede.
Uno de los encantos de esta edición fue el rescate de la Casa de la
Cultura de Plaza (Calzada y Ocho), la primera sede. Se debe pensar en su arreglo
para que recupere la calidad de otros años, no obstante volver a ella
tuvo el buen sabor de la nostalgia. Otros centros como el Jazz Café,
Irakere Jazz Club, Delirio Habanero, La zorra y el cuervo, Club Chico O´Farril
sirvieron de espacio para las descargas nocturnas.
La Habana se reafirmó como digna plaza del jazz latino. El prestigio
de los asistentes a través de los años y sobre todo, de los
músicos y agrupaciones nacionales, la hacen puerto seguro. Los que
difundieron por el mundo y aportaron la sabrosura cubana: Mario Bauzá,
Machito y Chano Pozo deben estar contentos por allá arriba. El relevo
está sonando bien.