Por:
Virginia Vidal
La fama de Gore Vidal no sólo se basa en su fecunda obra de novelista,
historiador, ensayista, dramaturgo, guionista de cine y actor, sino también
de político que disputó dos veces un escaño por el Partido
Demócrata como candidato al Congreso y, en 1960, consiguió 70.000
votos más que el futuro presidente Kennedy, luego utilizó la
experiencia para escribir una farsa teatral, The best man (1963). Este temible
polemista desafía la censura de cualquier tipo y no tiene empacho en
denunciar las que considera "políticas criminales" de su
país.
Con plena certidumbre afirmó en relación con el dictador Pinochet,
que el ex secretario de Estado Henry Kissinger: "es el mayor criminal
de guerra libre en el planeta" y pidió que fuera detenido por
su juego determinante en “la política exterior de EEUU en Chile
y en Camboya".
En todo momento consideró nula la esperanza de los países subdesarrollados
ante el proceso eleccionario, pues los Estados Unidos sostienen un régimen
de partido único con dos sectores internos que se alternan en el ejercicio
del poder: los demócratas y los republicanos, criterio que comparten
Noam Chomsky y otros destacados intelectuales estadounidenses. Este escritor
octogenario tiene plena conciencia de que el odio de los pueblos está
recayendo de modo inexorable sobre los estadounidenses y hace un llamado de
alerta al respecto.
Vivió parte de su vida en Italia pero, a la muerte de su pareja, decidió
retornar. En entrevista concedida a Marc Cooper (Weekly (5-11 de julio de
2002), al referirse a los tres mil civiles que murieron el 11 de septiembre
de 2002 :”No creo que nosotros, el pueblo estadounidense, merecíamos
lo que sucedió. Tampoco nos merecemos el tipo de gobierno que hemos
tenido en los pasados cuarenta años. Nuestros gobiernos nos han acarreado
esto por sus acciones en todo el mundo.” Esa vez, como otras, hizo hincapié
en los más de doscientos cincuenta ataques militares llevados a cabo
en contra de otros países sin haber sido provocados, tan solo entre
1947-48, desde Panamá hasta Irán. Al mencionar otros ataques
aseveró que su lista “no incluye los lugares como Chile, ya que
esa fue una operación de la CIA. Sólo enumeré los ataques
militares”.
Gore Vidal dijo a tiempo que el “sexgate” tuvo por objetivo destruir
el intento de-Clinton de dar a la población un servicio nacional de
salud, desafiando la oposición de las empresas farmacéuticas,
las aseguradoras y una parte de la Asociación Médica Estadounidense.
Entonces, junto con maquinarse una campaña para inculcar que un servicio
de tal índole “es comunista, inoperante y nocivo”, se tramó
un escándalo de tal magnitud que no sólo destruyera a Clinton
de manera personal, sino que también amenazara, de paso, a quien osare
similar intento.
En mayo de 2001, defendió su decisión de asistir a la ejecución
de Timothy McVeigh, el responsable de la bomba que causó la muerte
de ciento sesenta y ocho personas en Oklahoma en 1995. Dijo compartir el sentimiento
de McVeigh de que el gobierno lo había hecho "enloquecer"
y se sintió partícipe de su horror por la decisión de
la Fiscal General estadounidense de ordenar la toma de Waco en 1993, cuyo
resultado fue la muerte de más de ochenta seguidores del "culto
davidiano"de David Koresh. "Estoy en contra de la pena de muerte,
estoy en contra de que Timothy McVeigh haya explotado bombas que matan a gente
en Oklahoma, pero estoy aun más en contra de la (anterior) Fiscal General
Janet Reno", dijo aduciendo que existía "un patrón
general de acoso de los estadounidenses por parte del gobierno".
Gore Vidal nació en 1925, en West Point (N.Y.) en un ambiente privilegiado.
Hijo de un instructor aeronáutico en la academia militar de West Point,
estudió en la Phillips Exeter Academy y en 1943 se alistó en
el ejército, donde permaneció hasta 1946. Publicó a los
veintiún años su primera novela, Williwa (violento viento ártico),
que le valió ocupar un sitial en la tradición realista de la
narrativa de su país. Su segunda novela, En un bosque amarillo (1947)
trata del duro esfuerzo de un combatiente veterano para reinsertarse en la
sociedad civil. The City an the Pillar (1948) es su tercer relato con el tema
de la homosexualidad que produjo un tremendo escándalo y, al mismo
tiempo dejó en evidencia el coraje del autor para asumir abiertamente
su sexualidad.
Pertenece a una notable promoción en la que se destacan: Mailer, Updike,
Capote, Burroughs, Bellow, Carson McCullers, Salinger. Siguió publicando
varias novelas hasta que se detuvo por diez años para dedicarse por
completo a escribir para la televisión y el cine. También tiene
también piezas teatrales y ensayos. En 1964, publicó Julian
(Juliano el Apóstata), biografía novelada del emperador romano
considerada por algunos críticos como su mejor libro aunque toda su
obra se caracteriza por la fuerte crítica a los criterios oficiales
imperantes; también escribió el guión de Julián,
pero después protestó indignado por la carga de pornografía
que se incluyó en el film. Entre sus novelas publicadas están
Myra Breckinridge (1968), sobre una transexual, Two Sisters (1970), Burr (1972),
la biografía de Aaron Burr, vicepresidente de Estados Unidos bajo el
gobierno de Alexander Hamilton, Kalki (1978), Creation (1980), Lincoln (1984),
Empire (1987) y Hollywood (1989), varias de las cuales han sido llevadas al
cine y en algunas él mismo ha actuado. Tampoco eludió el considerado
subgénero por algunos y con el seudónimo de Edgar Box escribió
numerosos relatos detectivescos.
Su libro Patria e imperio (Edhasa, Barcelona, 2001), prologado por el recientemente
fallecido escritor Manuel Vázquez Montalbán, es un conjunto
de ensayos. A juicio de Vázquez Montalbán, la de Gore Vidal
es “la escritura del exiliado interior”. Con esta expresión
se refiere a los escritores estadounidenses que pasan del exilio exterior,
por largo tiempo obligados a vivir fuera de su país a fin de escribir
libres de censura y represión (Henry Miller, Hemingway, Eliot, Kerouac),
y luego al retornar, quedan confinados al exilio interior. Para Vázquez
Montalbán, “Su literatura va por un camino diferente de la calificada
como comprometida y podría connotarse como literatura de intervención,
condicionada por las provocaciones directas del desorden de las conductas,
disfrazado de orden por el establishment, aunque a veces el autor recurra
a la fabulación de personajes históricos, pero siempre con la
voluntad de llamar la atención sobre algo que le provoca y le obsesiona
en la contemporaneidad. Esta escritura de intervención es un valor
obvio ya añadido a la propuesta literaria, y tal vez por eso Vidal
padece la maldición de lo pretextual, es decir, ser leído desde
una información previa sobre la finalidad denunciatoria o concienciadora
de su escritura”.
Aunque ha transcurrido el tiempo, mantiene su vigencia “No en nuestro
nombre”, el llamado a la resistencia civil, resistencia contra la guerra
y contra las políticas de guerra y represión del gobierno de
George W. Bush: Creemos que las personas con conciencia deben asumir la responsabilidad
de las acciones de sus gobiernos, y ante todo debemos oponernos a las injusticias
cometidas en nuestro nombre. Invitamos a todos los estadounidenses a resistir
frente a la guerra y la represión que ha sido lanzada sobre el mundo
por la administración Bush. Es injusta, inmoral e ilegítima.
Decidamos hacer causa común con los pueblos del mundo”. ***
15.08.04
(Publicado en Anaquel Austral digital el 19 de enero del 2005)