Las sombras con poder

Por Joaquín Rivery Tur,
Tomado de Granma,
18 de febrero de 2005

El gobierno de W. Bush es un equipo de sombras. Los más altos cargos de Washington se escogen entre los personajes más tenebrosos de la fauna política reaccionaria norteamericana y cada vez que el Presidente elige a alguien para un cargo, es el peor de todos. Y todos forman la peor de las administraciones, la más oscura, cruel y mesiánica.

Bush acaba de escoger a John Negroponte como director nacional de Inteligencia, un cargo que lo sitúa por encima de la red de organismos de espionaje del país, con potestades enormes y abultadísimo presupuesto. Es, a partir de ahora, jefe de todos los espías, y de los que torturen, planeen magnicidios o golpes de Estado.

Como embajador en Iraq, cargo para el que fue nombrado hace unos meses, Negroponte ha sido el procónsul de EE.UU., el personaje al que el "Gobierno" de Iyad Allawi consulta todas las decisiones, el jefe de las barbaridades que cometen las tropas norteamericanas, como arrasar Fallujah, mantener los campos de tortura, permitir el asesinato de periodistas, dejar sin aclarar las numerosas irregularidades, fraudes y sobornos.

¿Y antes? Acumula un expediente tan sórdido como su papel en Iraq. "¡Qué barbaridad!", dijo Bertha Oliva, coordinadora del Comité de Familiares Desaparecidos en Honduras, donde John fue embajador y mantuvo magníficas relaciones con el régimen militar entre 1981 y 1985. "Estados Unidos —aclaró Oliva— hasta inventó un cargo para premiar a un nefasto personaje de la historia de Honduras y Centroamérica."

Bajo el reinado de Negroponte en Honduras, las tropas del país fueron asesoradas por las dictaduras argentina y chilena y por los especialistas de la Escuela de las Américas. Claro, no se le pueden restar méritos a John. El entonces Embajador también desempeñó un papel fundamental en la organización, entrenamiento y armamento de los contras que hacían la guerra sucia a los sandinistas en la época del presidente Ronald Reagan.

De su historia particular se sabe que nació en Londres, en 1939, hijo de un magnate naviero griego. Para que se entienda: nada de procedencia humilde, nada de posiciones ganadas por su esfuerzo. Odia orgánicamente todo lo que huela a progresista.

También fue asistente adjunto de Seguridad Nacional durante la Administración de George H. Bush (el padre), y luego embajador en México y las Filipinas.

Parece ser que su aprendizaje fundamental fue en la etapa hondureña, cuando su reinado permitió la proliferación de las violaciones de los derechos humanos y las torturas, se multiplicaron las desapariciones de personas ligadas a la izquierda y se creó un batallón de inteligencia que se especializó en no dar cuenta de los asesinatos que cometía.

Cuando el Senado demoró seis meses su nombramiento como embajador ante la ONU, declaró: "No creo que hubiera escuadrones de la muerte operando en Honduras". Es decir, acostumbrado a las mentiras, era fácil que Bush se fijara en él, aunque fracasó en su intento de que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobara la agresión a Iraq.

Para La Frontera.info, de México, se trata de un "halcón" (así llaman a los personajes proclives a las políticas agresivas en Estados Unidos) "que tiene fama de combinar un carácter de hierro con guante de terciopelo", e implicado en el escándalo Irán-contras.

El periódico digital también lo acusa de fomentar la brutalidad represiva del ejército hondureño y señala que la organización Nizkor lo acusó de supervisar la base aérea de Aguacate, un centro de detención y tortura donde fueron entrenados los contras nicaragüenses.

Nizkor informó que en agosto del 2001 comenzaron excavaciones en la base y pronto se descubrieron algunos de los cadáveres de las 185 personas que se cree fueron asesinadas y enterradas allí.

Gracias a John, EE.UU. financió al régimen militar hondureño con más de 1 000 millones de dólares, que, entre otras cosas, sirvieron para costear el Batallón 316 entrenado por la CIA y los "especialistas" del régimen militar argentino, y al cual se le achacan 140 desapariciones.

Según el sitio Torrediconfine.org, fue el más alto funcionario de la agresión estadounidense en Honduras y, por lo tanto, según las leyes de Nuremberg, es responsable de los crímenes de guerra cometidos por su Gobierno. Este es uno de los casos por los que Bush no desea firmar ni comprometerse con el Tribunal Penal Internacional que acaba de entrar en vigencia, porque John es uno de los que caen de lleno bajo su jurisdicción.

Pero, en lugar de ser enjuiciado, fue premiado en el 2001 con el cargo de embajador ante las Naciones Unidas por el Gobierno de George W. Bush.

El diario Baltimore Sun afirmaba en un título en julio de 1995: "Honduras: cuando Negroponte y los militares argentinos la convirtieron en el infierno", y decía en el sumario: "Cuando una oleada de tortura y asesinatos hace tambalear a un pequeño aliado de los Estados Unidos, la verdad pasa a contarse entre las bajas. ¿Tuvo algo que ver la CIA? ¿Estaba Washington al corriente? ¿Estaba engañada la opinión pública?"

"Ahora lo sabemos: sí, sí y sí."