CubaMinrex. Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba

  English   RSS Cubaminrex  

EDITORIAL

Silenciar la verdad es un crimen imperdonable

Tomado de Granma,
3 de noviembre de 2005

Dos noticias recientes confirman, con lamentable exactitud, las denuncias oportunamente adelantadas por Cuba, sobre los planes de la actual administración norteamericana para obstruir la acción de la justicia en su afán por complacer a la mafia cubanoamericana que controla los destinos del sur de la Florida y a la que debe, entre otros caros favores, la fraudulenta llegada al poder de George W. Bush en el año 2000.

El miércoles 26 de octubre, en un acto vergonzante y vergonzoso, al que solo dieron carácter de noticia los medios de Miami, los representantes del Departamento de Seguridad Territorial (DHS) dejaron vencer el plazo para apelar el dictamen, emitido un mes antes por el juez de inmigración William L. Abbott, en el ridículo proceso migratorio que simularon seguir al terrorista Luis Posada Carriles y que terminó por no ser ni siquiera eso, pues jamás se investigaron los medios y métodos que empleó la mafia para introducir al criminal en Estados Unidos.

Nunca antes se había revelado con tanta desfachatez la doble moral de las autoridades norteamericanas en el enfrentamiento al terrorismo. Al no apelar el bochornoso dictamen, los funcionarios del DHS —una superestructura de presupuesto multimillonario, cuyas agencias se dicen destinadas a proteger a los ciudadanos norteamericanos de acciones terroristas—, bendijeron la farsa de El Paso y acaban de hacer expedito el previsto alojamiento definitivo en territorio estadounidense de quien es considerado, junto a Orlando Bosch, como uno de los dos terroristas más peligrosos de nuestro hemisferio.

"Estamos muy contentos, aunque honestamente esperábamos que no hubiera apelación alguna..." reconoció el abogado Eduardo Soto, en declaraciones a El Nuevo Herald, el mismo libelo que sirvió de portavoz a las impúdicas revelaciones del propio abogado de Posada sobre el abierto chantaje que negoció en Miami, mientras se montaba la farsa de audiencia en El Paso, donde para muchos él estaba inexplicablemente ausente.

Otra estructura del DHS entra ahora en el juego. Dean Boyd, vocero de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), ha dicho que el juez de Inmigración "ordenó que Posada fuera deportado de EE.UU. y nuestra intención es cumplir esa orden''. Esto también lo publica El Herald que, al mismo tiempo, se apresura a precisar que hay que buscar un tercer país porque "la deportación de Posada a Cuba y Venezuela no procede de acuerdo con el Convenio Internacional contra la Tortura", es decir la grosera mentira que el tal Abbott se prestó a aceptar para armar un dictamen que sirvió a la feroz campaña de difamación contra el gobierno venezolano y abrió el camino al amparo de un terrorista confeso y prófugo de la justicia.

No hay más que revisar la historia de cómo se refugió a Bosch en Miami para concluir que nunca aparecerá un tercer país disponible para aceptar a Posada y el final ahora, como antes, será otro "perdón presidencial" de un miembro de la dinastía Bush —esta vez el hijo como la vez anterior el padre— con los oficios intermedios de los representantes de la mafia en la Cámara, si es que hacen falta estos, cuando ya se conocen los profundos lazos que involucran a la familia presidencial en la historia criminal de Posada.

Por lo pronto, el abogado Soto, con la desfachatez que le otorga la impunidad negociada, anunció que "al cumplirse los 90 días de la decisión", dará curso a los trámites para sacar en libertad a su cliente.

Mientras, el gobierno se refugia en otro escandaloso silencio con respecto a la demanda de extradición, profusamente argumentada por Venezuela, con todas las pruebas de que dispone sobre la responsabilidad del terrorista en la planificación en Caracas del sabotaje al avión de Cubana que costó la vida a 73 personas en octubre de 1976, una acusación avalada por numerosos documentos de la CIA y el FBI desclasificados en estos años.

Con la autoridad moral que le otorga su condición de víctima principal de aquel crimen y que, sin embargo, renunció a su legítimo derecho a juzgar al asesino a favor de un país con leyes más flexibles y convenios de extradición con Estados Unidos, Cuba exige una vez más que se atienda la demanda de Venezuela y que termine la farsa que, entre trampas y silencios, ha orquestado el gobierno norteamericano para ceder al chantaje de la mafia en el interés de que su terrorista sea un protegido de la nación que hoy sacrifica a sus jóvenes en el altar de una falsa guerra al terrorismo.

Basta de mentiras y enmascaramientos. Los que ordenaron el infame dictamen de El Paso son los mismos que no lo apelaron. Todos son, en definitiva, funcionarios de la misma administración y se sabe que todos cumplían órdenes directas de Washington. Así fue confirmado cuando los abogados de Posada anunciaron que el terrorista renunciaría al pedido de asilo para evitar que sus declaraciones afectaran al gobierno, con el que negociaban otra salida. ¿Cuál? El refugio al terrorista, esta nueva bofetada a los que sufrimos por las víctimas del crimen de Barbados, pero también a las madres norteamericanas de los más de 2 000 muertos que ha costado ya la guerra insensata y mentirosa contra el terrorismo, que insiste en mantener el gobierno de W. Bush.

CONTRA LA LIBERTAD DE LOS CINCO

La segunda noticia que vino a confirmar las oportunas denuncias de Cuba se dio a conocer en los medios de Miami, el pasado lunes 31 de octubre. Ese día, la Corte de Apelaciones del Onceno Circuito de Atlanta aceptó considerar la apelación de la Fiscalía contra la decisión tomada unánimemente por un panel de jueces del mismo Circuito el pasado 9 de agosto de 2005 y que revocaba la totalidad de las condenas de los Cinco, ordenando la realización de un nuevo juicio.

Esta aceptación, que fue decidida por mayoría y no por la totalidad del pleno de los jueces del Circuito, propicia un alargamiento del proceso, entorpeciendo la posibilidad de que se haga justicia de forma inmediata y los jóvenes luchadores antiterroristas puedan regresar a la Patria.

Alargar y entorpecer la ejecución de la justicia es precisamente lo que buscaba la Fiscalía al apelar el dictamen del 9 de agosto, considerado por los expertos, como una prueba irrebatible de que los Cinco fueron víctimas de un proceso arbitrario, minado por los prejuicios de una comunidad que hace más de 45 años vive bajo la presión del odio hacia todo lo relacionado con Cuba y la Revolución, odio particularmente exacerbado durante el periodo en que transcurrió el juicio por la prensa local.

Y aquel fallo unánime de los tres jueces de Atlanta ordenando un nuevo juicio, ya tenía otro contundente antecedente en la resolución emitida el 27 de mayo pasado por el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, que declaró ilegal e improcedentes el apresamiento y todo el proceso posterior contra los Cinco.

Si bien el acuerdo del 31 de octubre estaba entre las opciones, en opinión de los expertos en el caso, la unanimidad de la decisión del panel de tres jueces del 9 de agosto y la contundencia de sus 93 páginas de sólidos argumentos permitían esperar que se ratificara la justa orden del nuevo juicio. Pero era igualmente esperada la apelación de la fiscalía pues, para ellos, reabrir el proceso significa iniciar una suerte de tribunal de Nuremberg contra el histórico terrorismo anticubano que se genera desde Miami, ahora en las condiciones de un caso que ya no podría ser silenciado como en los primeros tiempos.

No olvidemos que los representantes de la mafia, Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln Díaz-Balart, no escatimaron imputaciones y ofensas contra los tres jueces de Atlanta y que los medios más agresivos de Miami, llegaron a calificar esa instancia de la Justicia norteamericana como "castrista", reaccionando al fallo del 9 de agosto, con las más groseras expresiones del odio visceral que los invalida para ser justos en cualquier cosa que tenga que ver con Cuba.

Seguramente por eso, la noticia de que se aceptaba la apelación se dio a conocer primero y solamente hasta ahora en los envenenados predios de la prensa viciada por el odio anticubano que fomenta la rabiosa ultraderecha en Miami. Mientras, el silencio ha vuelto a posarse sobre el caso en la gran prensa norteamericana que sí se había hecho eco de la decisión anterior de los tres jueces y que debería interesarse en el tema más aun ahora, cuando casi una decena de Premios Nobel y otras más de 6 000 personalidades de todo el mundo se han dirigido personalmente, en una Carta abierta, al Fiscal General de los Estados Unidos, demandando la liberación inmediata de los Cinco.

¿No es acaso legítimo preguntarse por qué ese pedido de justicia sigue sin respuesta? Como sigue sin respuesta el llamado hecho por el compañero Fidel a las autoridades norteamericanas el 20 de mayo y reiterado en días recientes, durante la II graduación nacional de instructores de Arte, cuando recordaba que:

"...Como se conoce por el documento leído en la Tribuna antimperialista de Cuba hace algunos meses y suscrito por uno de los más grandes escritores en la historia de este hemisferio, que es Gabriel García Márquez, allí él exponía e informaba sobre los pasos que había dado Cuba, a fin de trasmitir la respuesta de las autoridades norteamericanas cuando les informamos que ese grupo terrorista, y teniendo como centro a Posada Carriles, estaba planeando volar aviones en el aire donde también viajaban ciudadanos norteamericanos. Después de aquella ola de atentados contra los hoteles en Cuba, que fue descubierta y paralizada, se les crea a los terroristas una situación embarazosa y ya estaban pensando volar aviones de líneas regulares que viajaban a Cuba con el mismo procedimiento: montar mercenarios en el avión, poner una bomba que podía estallar 50, 60 ó hasta 90 horas después cuando ya se habían marchado del país.

Se lo comunicamos al gobierno de Estados Unidos, ofreciéndoles información, precisamente compartiendo lo que aquellos compañeros que hoy están presos obtenían cuando buscaban información sobre los terroristas para defender a nuestro pueblo. Ellos, desde luego, no eran los únicos, pero formaban parte de los mecanismos mediante los cuales el país se informaba y podía prevenir esos hechos.

Ustedes recordarán lo que ocurrió. Hasta al FBI lo mandaron a ver, a comprobar, se les dieron todos los elementos de juicio, y a los pocos días lo que hicieron fue buscar pista, tal vez algunas ya las tenían, arrestar a esos compañeros y someterlos al procedimiento atroz al que los sometieron. Están solos, no pueden ni conversar entre ellos, en lugares distintos. Hay familiares íntimos que no han podido visitarlos.

Los descarados que se rasgan las vestiduras contra la Revolución que con toda justicia combate a los mercenarios que apoyan el terrorismo, que apoyan el bloqueo, que apoyan las cobardes acciones contra nuestro país no dicen nada de aquellos que están allí presos. No les quedará la moral mínima, que hoy está a la altura de las suelas de sus zapatos, como ha estado siempre a lo largo de la historia, desde sus existencias como naciones industrializadas, explotando pueblos, explotando continentes y explotando al mundo.

Pero cuando contamos aquel episodio sobre lo que informaba García Márquez, nos quedamos a esperar a ver qué decían los jefes del imperio, si era verdad o mentira que se lo habíamos informado al Presidente de Estados Unidos, si era verdad o mentira. No han dicho una palabra. No han dicho una palabra: yo recibí ese informe, o yo no lo recibí, el FBI lo conoció o no lo conoció; el FBI viajó a Cuba o no viajó a Cuba; el FBI recibió tales y tales informes, muchos de los cuales procedían de esos compañeros que están allí presos.

Esos compañeros no solo defendieron al pueblo de Cuba; defendieron al pueblo de EstadosUnidos, a ciudadanos norteamericanos de las acciones de la mafia terrorista de Miami y de los asesinos de la banda de Posada Carriles.

Nadie ha escuchado una palabra..."

¿Por qué después de tantos meses no se ha dado una elemental respuesta a esas preguntas de Fidel, basadas en un irrebatible documento histórico?

Por las mismas sinrazones que están detrás de la inmoral decisión de la administración norteamericana de ceder al chantaje de la mafia y abrir el camino del refugio a Posada, al mismo tiempo que maniobran para impedir el nuevo juicio que desnudaría ante el mundo la prolongada guerra de terror que sucesivas administraciones del imperio han auspiciado en el frustrado intento de destruir a la Revolución Cubana.

Silenciar la verdad es un crimen imperdonable, mucho más cuando en ella está la posibilidad de dar justo castigo a los asesinos y merecido reconocimiento a los héroes.

Cuba no se cansará de demandar respuesta para sus preguntas al gobierno norteamericano y a todos los que conocen la verdad relatada en ese documento que a un mismo tiempo confirma cuán peligrosos siguen siendo Luis Posada Carriles y sus cómplices, no solo para Cuba sino también para la propia sociedad norteamericana.

Los que callan, otorgan: refugio a los terroristas y cárcel a los luchadores contra el terrorismo. Y son responsables de guerras ilegales e infinitas en nombre de una mentira, cada día más evidente e inaceptable, que está llevando a la muerte a miles de jóvenes norteamericanos y de otras partes del mundo.

Hoy más que nunca es imprescindible el compromiso con la verdad, que es la causa de los justos.

 

 

 

<< Atrás

Copyright © Ministerio de Relaciones Exteriores

Escribir al WebmasterEscribir al Webmaster