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LIBRO BLANCO DEL 2007

  • CONCLUSIONES

La política de hostilidad, bloqueo y agresiones de sucesivos gobiernos de Estados Unidos contra la libre determinación y la soberanía de la nación cubana – en la que se enmarca el injusto ejercicio anticubano en materia de derechos humanos –, no se iniciaron con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, ni con la proclamación de su carácter socialista en 1961. Estas han sido líneas permanentes de la conducta hacia Cuba de los círculos de poder en Washington por más de 150 años.

El bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra el pueblo cubano, es una de las más importantes violaciones masivas, flagrantes y sistemáticas de los derechos humanos del pueblo cubano derivadas de la política de hostilidad contra la nación cubana, pero no la única.

El pueblo cubano ha sido víctima de invasiones mercenarias, agresiones biológicas, radiales y televisivas, del aliento externo a la emigración ilegal y violenta, de planes de asesinato a sus principales dirigentes, así como sabotajes y actos terroristas que han causado daños directos a objetivos económicos y sociales del país por más de 54 mil millones de dólares, la muerte probada de 3.478 personas y la incapacidad permanente de otros 2.099 cubanos.

La resolución que contra Cuba se impuso cada año a la Comisión de Derechos Humanos, fue el resultado de maniobras de manipulación política y chantajes de las autoridades de Estados Unidos.

Las acciones agresivas, medidas hostiles, provocaciones y declaraciones de amenaza de la Administración Bush contra Cuba han tenido un grave recrudecimiento en el transcurso de los últimos años. Aquellos que se sumaron al apoyo del ejercicio anticubano en la extinta CDH, actuaron como cómplices en la injusta fabricación del pretexto al que recurren los actuales inquilinos de la Casa Blanca para promover un “cambio de régimen” en Cuba, que sólo sería posible tras una invasión y ocupación militar masiva y el literal genocidio del pueblo cubano.

No se puede juzgar la realidad cubana y la necesidad de enjuiciar y sancionar severamente a elementos mercenarios al servicio de los planes anticubanos y anexionistas de la superpotencia – los que han sido procesados con estricto apego al derecho y son tratados con el más ejemplar respeto a su dignidad humana –,desconociendo las circunstancias del agravamiento sin precedentes de la hostilidad de Estados Unidos contra el pueblo cubano y de las amenazas que la misma plantea a su propia existencia independiente como nación.

Resulta denigrante a la justa causa de los derechos humanos y escandalosamente falsa, la campaña mediática orquestada por Washington con el objetivo de presentar a sus mercenarios sancionados en Cuba como supuestos “periodistas, sindicalistas y opositores políticos pacíficos”. Ninguno de ellos fue condenado por la expresión de opiniones o ideas, o por el ejercicio de alguno de los derechos reconocidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Se encuentran cumpliendo sus respectivas sentencias en las condiciones de dignidad, atención y respeto que se garantizan a todos los cubanos y extranjeros que son objeto de reclusión penitenciaria en el país.

Cuba ha cooperado y continuará cooperando plenamente con todos los procedimientos y mecanismos no discriminatorios y de aplicación universal de la maquinaria de las Naciones Unidas en materia de derechos humanos. Sin embargo, no puede reconocer, ni cooperar, con la aplicación de las espurias resoluciones anticubanas que impuso la superpotencia a la extinta Comisión, de las que deriva su mandato la llamada “Representante Personal” del Alto Comisionado para Cuba. Como ocurrió en el pasado con el llamado Relator Especial, este nuevo procedimiento desaparecerá un día en que la justicia pueda volver a abrirse paso, sin que la persona que detenta tan ilegítimo mandato pueda ejercerlo nunca en el territorio cubano.

La resistencia y decisión de lucha hasta la victoria del pueblo cubano son sometidas continuamente a duras pruebas. Cinco jóvenes luchadores contra el terrorismo y defensores de los derechos humanos del pueblo cubano, permanecen detenidos arbitrariamente en Estados Unidos y sometidos, tanto ellos como sus familiares, a las más crueles formas de tortura psicológica. Para ellos, el pueblo cubano – con la solidaridad de muchas personas honestas de todo el mundo, incluidas de los propios Estados Unidos – exige la liberación y el derecho de regresar a su Patria.

A pesar de las condiciones de subdesarrollado heredadas y del férreo bloqueo que le impone el Gobierno de Estados Unidos, el pueblo cubano ha podido avanzar significativamente en sus transformaciones revolucionarias con el objetivo de construir una sociedad cada vez más justa, equitativa, que garantiza amplias posibilidades al ejercicio de la participación democrática de todos los ciudadanos. Las instituciones y componentes de un Estado que se sustenta en el poder de las grandes masas de trabajadores, intelectuales, profesionales y artistas, trabajan junto a una numerosa y activa sociedad civil, permitiendo a todo cubano y cubana una efectiva y sistemática participación en las decisiones que afectan su presente y determinarán su futuro.

Cuba espera que se imponga la justicia y la verdad y que los miembros del Consejo impidan a Estados Unidos activar su ilegítima e inútil rutina anticubana en las labores del nuevo órgano de derechos humanos. Cuba está lista para seguir avanzando en la cooperación internacional y el diálogo genuino en materia de derechos humanos. Sin embargo, si se le impusiera el camino de la confrontación, seguirá batallando hasta la victoria siempre.

El pueblo cubano seguirá luchando en defensa de sus derechos a la libre determinación, al desarrollo, a la paz y a un orden internacional más justo, democrático y equitativo, en el que pueda hacerse realidad definitivamente el objetivo de Todos los Derechos Humanos para Todos. A su justa reivindicación, está dispuesto a entregar su talento, su sudor y su sangre si fuera necesario.

 

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