

Cuba y EE.UU. : Actitudes antagónicas ante los Derechos Humanos
Por: Miguel Urbano Rodrigues, escritor, ex diputado portugués.
9 de diciembre de 2008.
La mayoría de los gobiernos de Occidente y los grandes órganos de prensa internacionales presentan un panorama deformado de la situación de los derechos humanos en Cuba, utilizando el tema como instrumento de campañas perversas contra la patria de Martí.
A lo largo de la vida visité más de 70 países y residí durante ocho años en Cuba, de 1996 al 2004, y tengo por eso autoridad para pronunciarme sobre el asunto.
Una cuestión preliminar en el abordaje del problema, es el propio concepto de «derechos humanos». Esas dos palabras son utilizadas con frecuencia para expresar realidades y objetivos diferentes.
Para mí hay dos derechos humanos fundamentales: el derecho a la vida y el derecho a la educación, al acceso al saber.
No hay mentira que pueda ocultar la evidencia: Cuba se sitúa a la vanguardia de las sociedades donde esos dos derechos son respetados.
La Salud, inseparable del derecho a la vida, es gratuita en la Isla. Cuba no solamente presenta la más baja tasa de mortalidad infantil de Latinoamérica sino que la esperanza de vida allí es también la mayor de la región. Ningún otro país tiene un porcentaje tan elevado de médicos. Y aun más, decenas de miles de médicos cubanos, en misiones de solidaridad internacionalista, llevan la salud a muchos países. Y en la Escuela Latinoamericana de Ciencias Medicas se forman médicos de muchos países del Tercer Mundo (y hasta norteamericanos pobres).
En cuanto a la Educación, Cuba ha merecido elogios de la UNICEF por los grandes éxitos obtenidos en ese campo. Fue el primer país de la región en erradicar el analfabetismo. El porcentaje de cubanos con educación superior es hoy uno de los más elevados del mundo.
Entonces pregunto: ¿no será acaso la promoción de la Cultura una tarea fundamental en la apertura del acceso a un derecho humano imprescindible para el progreso de la Humanidad?
En Cuba, desde el inicio de la Revolución, ningún preso ha sido sometido jamás a cualquier tipo de tortura.
El contraste con EE.UU en ese terreno y en otros es transparente. El Congreso estadounidense, bajo presión del Presidente Bush, aprobó una ley perversa que autoriza la tortura.
Son de dominio público los crímenes abyectos que, bajo el mando de oficiales del ejército de EE.UU, han sido cometidos en la cárcel iraquí de Abu Graib y las torturas que allí han sido víctimas los presos de Guantánamo.
En las guerras de agresión de EE.UU el terrorismo de Estado cuenta con el apoyo incondicional de la Casa Blanca, del Congreso y del Pentágono. No hay estadísticas confiables, pero hasta los grandes diarios de EE.UU reconocen que en Irak y en Afganistán los bombardeos de la USAF han provocado la muerte de miles de civiles. El balance de víctimas de esas guerras excede ya en más de 50 veces el total de muertos de los atentados del 11 de Septiembre.
En Seberghan, Afganistán, a algunos prisioneros les fue cortada la lengua, en presencia de oficiales norteamericanos. En Kunduz, las tropas estadounidenses ametrallaron a prisioneros encerrados en contenedores. En Kandahar, un oficial de la US Army dio la orden a soldados afganos que cercaban la ciudad cuya guarnición ya había capitulado: «!No quiero sobrevivientes!»
Solo en las SS de Hitler encontramos precedentes de crímenes similares.
No se puede ignorar lo obvio: la actitud de Cuba y de EE.UU ante los derechos humanos es antagónica. Por: Miguel Urbano Rodrigues, escritor, ex diputado portugués.( Cubaminrex- Embacuba Portugal ).