

Humanos con derechos y deberes
La celebración el próximo 10 de diciembre en La Habana del Taller Internacional La Declaración Universal de los Derechos Humanos evidencia que en el plano de las ideas la Revolución continuará su combate en este campo
Por: Francisco Rodríguez Cruz
Diario: Trabajadores
8 de diciembre de 2008.
La derrota del ejercicio anticubano que durante años orquestó el gobierno de los Estados Unidos en la desaparecida Comisión de Derechos Humanos de la ONU como otro pretexto para agredir a nuestro pueblo, no implica para nada que en la Isla dejemos de hablar de este sensible tema.
Aunque algunos fuera o dentro de las fronteras intenten escamotear la verdad o pretendan manipular el término para montar burdas provocaciones, cada día los hechos prueban que nuestro país tiene no solamente un limpio historial en la defensa de los derechos de su gente, sino también a favor de los desfavorecidos de este mundo.
Esta última semana, por ejemplo, leía con admiración cómo esta pequeña nación pobre y subdesarrollada respondió con la construcción de una moderna planta de vacunas a la emergencia planteada por la Organización Mundial de la Salud, ante la negativa de las grandes trasnacionales farmacéuticas a continuar la fabricación de un producto preventivo contra la meningitis tipo A, cuyo destino principal son países africanos, “porque las ventas ya no les resultaban lucrativas”.
La celebración el próximo 10 de diciembre en La Habana del Taller Internacional La Declaración Universal de los Derechos Humanos: 60 años después, a fin de debatir sobre la crisis financiera y ambiental, el terrorismo de Estado y la guerra, evidencia también que en el plano de las ideas la Revolución continuará su combate en este campo.
Los países poderosos de la Tierra, que se dan golpes de pecho cada año durante la celebración del Día de los Derechos Humanos por la supuesta defensa que hacen de tales valores, debieran sentir vergüenza que seis décadas después, el texto de la tan citada Declaración Universal sea letra muerta en una inmensa porción de este planeta.
Las cubanas y cubanos comprendemos que no podrá haber un efectivo y total respeto a los derechos humanos fuera de los ideales del socialismo. Por su esencia —y hasta la etimología lo indica— el capitalismo es una sociedad que antepone el dinero a las personas. La Historia, sin embargo, comienza a demostrar que el capital no puede ser la columna vertebral para el bienestar de la especie humana.
La respuesta colectiva y organizada que continuamos dando para lograr la recuperación después de los tres devastadores huracanes que azotaron a Cuba, son la demostración más palpable de lo que es posible alcanzar cuando un Estado sitúa en el centro de la atención los intereses de su población.
Durante estos últimos meses todos hemos sido testigos orgullosos de incontables gestos de amor, desprendimiento y hasta heroicidades, tanto entre nosotros mismos, como provenientes de otras naciones hermanas que han querido contribuir a aliviar la difícil situación de los miles de damnificados.
También hemos denunciado y enfrentado con rigor las manifestaciones de egoísmo y actitudes individualistas que afloraron con cierta fuerza en algunos ciudadanos.
Y es que junto con los derechos tenemos que aprender a exigir y cumplir más, ciertos deberes, que también son muy humanos.
En los 50 años que cumple la Revolución cubana, el internacionalismo y la solidaridad son algunas de esas obligaciones que más hemos cultivado con la humanidad o entre compatriotas. La laboriosidad, la constancia, el respeto a la diversidad, están por su parte entre aquellas que debemos continuar fomentando.
En esta progresiva conquista, a la que aspiraba ya José Martí, del “culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”, no hay espacio para comparaciones con otros, ni para complacencias que nos inmovilicen. Siempre será posible perfeccionar aún más la sociedad cubana y eliminar viejas o nuevas injusticias.
O dicho con las palabras del Héroe Nacional: “O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre, o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestro bravos”. ( Cubaminrex- Trabajadores).