
Entrevista a Ricardo Alarcón de Quesada, Presidente del Parlamento Cubano, 2 de noviembre de 2003
Más allá de las engañifas etimológicas, el bloqueo ha sido la guerra económica más abarcadora, prolongada y desproporcionada aplicada contra país alguno. La sabiduría, la resistencia y la solidaridad del pueblo cubano lo han condenado al fracaso. Ricardo Alarcón reflexiona sobre los orígenes
Publicada en el Periódico Juventud Rebelde
Parlamentocubano.cu
Noviembre 2, 2003
La definición de bloqueo se queda corta. Guerra económica con carácter genocida y extraterritorial: así califica Ricardo Alarcón de Quesada al instrumento ineficaz de una política destinada a subvertir desde los sufrimientos que busca crear en todo el pueblo cubano, y que Washington ha querido disfrazar con la palabra embargo.
Conversar con el Presidente del Parlamento cubano sobre este tema es tocar un resorte que saca a la luz todos los vericuetos leguleyescos e hipócritas de una práctica cada vez más rechazada en el mundo e, incluso, dentro de amplios sectores de los propios Estados Unidos.
Pero, en su criterio, no se llegará a ver claro si no se comprende el trasfondo de esa política y se sabe escoger en la pretendida dicotomía de dos vocablos muy distintos: bloqueo no es lo mismo que embargo.
Avezado político ligado al quehacer diplomático casi desde los mismos albores de la Revolución, Ricardo Alarcón estremece tanto en el tú a tú del diálogo periodístico como cuando, en el podio de la ONU, ha levantado su voz —¡tantas veces!— para representar y defender a Cuba.
Escuchándole siempre se aprende. Es uno de los cubanos que con más “conocimiento de causa” habla sobre el tema.
Fue él, justamente, quien presentó ante la Asamblea General de la ONU la primera resolución sobre un reclamo que ahora, por oncena vez, será sometido a votación del conglomerado, el próximo 4 de noviembre.
Sus palabras de aquel otoño de 1991 al explicar la Necesidad de poner fin al bloqueo comercial, económico y financiero de Estados Unidos contra Cuba, fueron premonitorias: “Este asunto los va a perseguir como una maldición gitana”, advirtió poco más o menos al representante norteamericano luego de que la delegación de la Isla decidiese no someter el texto a la votación del plenario. Después, sería aprobada por casi el mundo entero.
“De votarse en el 91, se habría aprobado —afirma—, porque en contra siempre hubiera estado solamente EE.UU. y alguno que otro de los gobiernos que siempre ellos arrastran pero, según los cálculos que hicimos en ese momento, se hubiese registrado una enorme cantidad de abstenciones. Las presiones fueron realmente descomunales.
“Yo recuerdo —porque me las mostraron diplomáticos de algunos países— informaciones concretas de esas presiones que ejercieron los norteamericanos. A un país muy pobre del Tercer Mundo le dijeron: ‘Si usted vota a favor de esto, olvídese del crédito que le habíamos otorgado’ (creo que para una carretera)... Es interesante que en todos los casos les decían: ‘Explíquele a sus amigos cubanos el precio que va a tener lo que ellos les están pidiendo a ustedes’.
“Y realmente, el precio era muy alto. Por eso, entonces, decidimos no llevar a votación la resolución. Pero no retiramos el tema. Les dijimos que el asunto no terminaba ahí. Confiábamos en la solidaridad internacional.”
En efecto. Desde aquella ocasión a la fecha, el texto cubano ha recibido el apoyo aplastante y mayoritario —casi absoluto— del mundo. En 1992, la resolución cubana demandando el fin del bloqueo se aprobó con una mayoría de 57 votos a favor.
“A partir de ahí ha ido subiendo hasta un nivel que es ya la totalidad... porque cuando pasas de 150 votos en Naciones Unidas tienes mayoría y, además, si se pronuncian en contra dos o tres, es obvio que la totalidad de la gente está a favor de esa resolución.
“Se ve un crecimiento del respaldo a nuestras posiciones que refleja el incremento de la conciencia internacional.
“Ahora, los medios de prensa norteamericanos siempre te ponen la ‘aclaración’ de que las resoluciones de la Asamblea son declaratorias, es decir, que no obligan al país en cuestión a actuar en determinada forma. Eso refleja en el fondo una falta de respeto absoluta por la opinión pública. Es verdad que (las resoluciones) no obligan a EE.UU. a levantar el bloqueo; pero sí crean conciencia.
“Yo diría que es un punto sobre el cual ya no hay nada que discutir. El bloqueo es rechazado plenamente por la comunidad internacional.
“Lo nuevo en los últimos años es que, además, esa política es rechazada por sectores crecientes dentro de la sociedad norteamericana. Eso es así desde hace un par de años.
“No debe olvidarse que en ambas Cámaras del Congreso de EE.UU. se han aprobado —varias veces— proyectos legislativos contra las restricciones impuestas por el bloqueo que han contado con el voto de la inmensa mayoría del órgano legislativo.
“En otros países eso se convertiría en ley. En EE.UU., sin embargo, hay ciertas posibilidades de maniobra por lo que, aunque la mayoría vote por dichos textos, al final, la dirección de la Cámara de Representantes —controlada por la ultraderecha en estos momentos— sencillamente, los elimina.
“Pero si una mayoría de legisladores se pronuncia así es porque hay amplios sectores de la sociedad norteamericana a los que ellos responden, que están en contra del bloqueo.
“Lo que falta por esclarecer y que se entienda en todas partes, es la naturaleza real de esta política.”
LAS ESENCIAS
La absurda disquisición sobre si se trata de un bloqueo o un embargo no admitiría discusiones si no fuera por la engrasada maquinaria propagandística estadounidense que, a estas alturas, sigue tratando de hacer ver que las restricciones responden a un problema “bilateral”.
Pero Alarcón es rotundo y tajante.
“La enormidad de la agresión y su prolongación no tienen paralelo en la historia, afirma. Contra nadie fueron tan totales como en el caso de Cuba: prohibición completa a las relaciones económicas entre los dos países, en todos los sectores.
“Por tanto, estamos hablando de la guerra económica más abarcadora, más total, más prolongada en el tiempo, y más desproporcionada. Hablamos de un país muy poderoso y otro muy pequeño que tenía, al principio, un nivel de dependencia total de aquel.”
Por demás, se trata de una política marcada por la extraterritorialidad mucho antes, incluso, de que se firmara la ley Helms-Burton prohibiendo a terceros —explícitamente entonces— comerciar con nuestro país.
“Desde el comienzo, recuerda Alarcón, todo lo que están haciendo es extraterritorial: el propósito fue derrocar a un gobierno que no era norteamericano”.
Sin embargo, todo ello ha querido ser tapado con un dedo. La “explicación” que dio el propio funcionario estadounidense a nuestro representante diplomático para rebatir la resolución que demanda el fin del bloqueo —en aquella sesión de la Asamblea General de 1991—, reconocía la esencia de una práctica que rebasa claramente los límites de lo bilateral.
“Está en las actas de la Asamblea —apunta Alarcón acerca de aquellas declaraciones del gringo. ‘Sería bloqueo, dijo aquel, si EE.UU., además de no comerciar con Cuba, tratara de que otros estados tampoco comerciaran con ese país’. Esa es la distinción en la ley norteamericana.
“Yo le respondí que, precisamente, por eso es que no usamos la expresión embargo sino bloqueo.
“Desde el comienzo en la década de los 60, cuando ellos establecen las primeras medidas contra Cuba, se buscaba no solamente prohibir el comercio entre ambos estados, sino evitar que otros países negociasen con el nuestro.
“Después todo eso se va multiplicando y extendiendo.
Desempleo generalizado y hambre: eran los objetivos proclamados el 24 de junio de 1959 por el secretario de Estado norteamericano, Christian Herter, cuando los halcones de la época evaluaban cómo derrocar al nuevo gobierno cubano.
Las medidas dictadas contra Cuba por los sucesivos presidentes norteamericanos se convierten en regulaciones y normas que aplica el gobierno.
“Cuando se ven esas regulaciones uno encuentra, por ejemplo, la prohibición de exportar a EE.UU. cualquier producto cubano. Pero ello no se refiere solamente a lo que, en teoría, pudiera llegar desde Cuba a EE.UU.; digamos, un cargamento de azúcar, o de níquel, sino a ese producto cubano transformado por terceras naciones.
“Al prohibirle a alguien que venda en el mercado norteamericano porque en la fabricación de ese producto usó un componente cubano, se está persiguiendo a Cuba más allá de las fronteras norteamericanas, y afectando los derechos de ese tercero.
“Por supuesto, después vino la Torricelli, castigando a los barcos que entrasen a Cuba y prohibiéndoles la entrada a EE.UU., y la ley Helms-Burton, que todo lo llevó a un plano desmesurado e irracional, y convirtió esas regulaciones en leyes y las codificó. Ello trajo por consecuencia que ningún presidente puede modificarlas ni enmendarlas. Solamente podrían hacerlo mediante una decisión de las dos cámaras aprobada por el Presidente, es decir, mediante otra ley.
“Siempre han dicho que se trata de un problema bilateral de EE.UU., pero eso es una absoluta mentira.”
OTROS MENTÍS
Desempleo generalizado y hambre: tales eran los objetivos recomendados por el entonces secretario norteamericano de Estado, Christian Herter, cuando los halcones de la época evaluaban las maneras de derrocar al nuevo Gobierno cubano.
Así consta textualmente en el memorando que da cuenta de la reunión sostenida por aquel y otros personeros en el Departamento de Estado, en el temprano 24 de junio de 1959: apenas había comenzado la Revolución.
“Se trata de una guerra económica y de una guerra económica genocida. Eso está reconocido por ellos”, reitera Alarcón. “Yo recuerdo que durante años se marcaba el día en que comenzó el bloqueo. Algunos lo situaban en el momento en que Kennedy firmó una decisión ‘imponiendo el embargo total’, porque primero Eisenhower impuso el embargo sobre algunos productos, y Kennedy y después Johnson, lo extienden.
“Pero si uno va a ver los hechos reales, a mí me gusta regresar al año 59, cuando ellos están discutiendo por primera vez —y eso está en documentos oficiales norteamericanos— la posibilidad de reducir la cuota azucarera cubana en el mercado estadounidense.
“El propio Secretario de Estado, en un memorando que le hace al presidente Eisenhower, le dice: ‘Una medida como esta constituye un acto de guerra económica’.
“Es la definición exacta de lo que está pasando. Y él estaba hablando apenas de la reducción de la cuota azucarera; después vino el ‘embargo’ comercial completo, y luego, todo lo demás.
“Desde el primer paso, privadamente, ellos lo definieron con el término exacto. Además, estaban conscientes de que era una guerra económica con características que se inscriben en el derecho internacional como genocidio: acciones que tengan la intención de exterminar, dañar o causar sufrimiento a un pueblo completo o a una parte de él por ser judío, o cristiano... o por ser cubano.
“Y reiteran en abril de 1960: ‘Hay que llevar a cabo cualquier medida posible, rápidamente, para debilitar la economía de Cuba y causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno’.
“Estamos hablando en esa época de la eliminación de las ventas de azúcar a Cuba. Todavía ellos no mencionan el ‘embargo total’, y ya están hablando de una política genocida. Su propósito era que la gente en Cuba ‘sufriera’, que llegara a la desesperación, para provocar una revuelta y que la gente derrocara al gobierno, a partir de las penalidades impuestas por sus medidas.
“Y eso ocurrió mucho antes de que Kennedy firmara alguna otra restricción.”
Los batistianos se robaron 424 millones de dólares del Tesoro cubano. “A partir de ahí comienza el nacimiento de la mafia anexionista de Miami”
Según Alarcón, la agresión se remonta, incluso, al año 1958. Cuando Felipe Pazos, fundador del Banco Nacional de Cuba y su presidente para febrero de 1959, asumió, se encontró las arcas vacías y un faltante de 424 millones de dólares.
En un documento fechado el día 6, Pazos, persona íntegra y con muy buena repercusión en aquellos círculos, de quien se conocía que no era un revolucionario ni un radical, envía una misión a Washington para explicar la situación y obtener un crédito.
Pero el gobierno que recibió a los ladrones con el botín que se llevaron de Cuba, no transigió. En otro de los documentos de la época desclasificados en los años 90 del siglo pasado, consta lo dicho durante la reunión del Consejo Nacional de Seguridad que analizó el pedido y los acontecimientos: la instrucción fue no darles ni prometerles absolutamente nada a los cubanos.
Tan fuerte como la hostilidad ha sido la resistencia de un pueblo que, con esa actitud, ha convertido en fracaso tanta saña. “¿Qué significa arrebatarle a un país sus reservas? Aquel fue un golpe enorme reconocido en un editorial del The New York Times, donde se afirma que la mayor parte de esos millones ‘llegaron (a EE.UU.) en la madrugada del primero de enero’, en las maletas que se llevaban los que escapaban de Cuba, los batistianos, con la ayuda de la embajada norteamericana.
“Esos 424 millones se los llevaron los peores tipos de la sociedad cubana. A partir de ahí comienza el nacimiento de la mafia anexionista de Miami”.
LA CONTRACARA
Tan fuerte como la hostilidad ha sido la resistencia y la creatividad de un pueblo que, con esa actitud, ha convertido en fracaso tanta saña.
“Ellos estaban convencidos de que era tal la dependencia de Cuba de EE.UU. que, dándole esos zarpazos iban a provocar una gran crisis económica, hacer sufrir a la gente... y no pudieron creer que el pueblo cubano fuera capaz de superar eso.
“Es la otra parte del asunto: el heroísmo enorme de un pueblo completo que se refleja en que estemos aquí, en toda la historia de Cuba de estos 40 años; en que hemos sorteado la guerra económica; en la inventiva, la capacidad de innovar que tiene el cubano, la solidaridad, la ayuda mutua, la capacidad de dar la lucha en la esfera internacional.
“Este va a ser, en su día, uno de los capítulos más importantes de la historia del mundo, en los dos aspectos: en la enormidad de la agresión, del genocidio, y en la gigantesca capacidad de resistencia del pueblo cubano, que es realmente asombrosa.”