
Intervención de Felipe Pérez Roque, Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba en la Reunión Ministerial del Movimiento de Países No Alineados. Nueva York, 14 de septiembre del 2000.
Señora Presidenta:
Permítame ante todo expresarle nuestra satisfacción al tener la oportunidad de trabajar bajo su Presidencia. La lucha del pueblo de Sudáfrica por la libertad y la justicia ha inspirado a nuestro Movimiento durante décadas, y Cuba sigue con particular interés y solidaridad la lucha del hermano pueblo que usted representa.
Vivimos el momento más complejo de nuestra historia. A las enormes dificultades que imponen el subdesarrollo y la marginación seculares de nuestros países del Tercer Mundo, se suman nuevos esquemas impuestos por los procesos globalizadores de corte neoliberal en beneficio de los países desarrollados, que nos empobrecen aún más,que incrementan la ya insondable brecha que nos separa de los países del Norte, que aumentan nuestro endeudamiento hasta límites insospechados, y que impiden nuestro desarrollo, e incluso amenazan de manera creciente hasta nuestra propia soberanía.
Al control político que los países industrializados han tratado de ejercer durante siglos sobre nuestra vida política, económica y social se suman fenómenos como el cuestionamiento de los principios del Derecho Internacional, el pretendido “derecho de injerencia humanitaria”,la consagración del inseguro y dudoso concepto de “seguridad humana” y el unilateralismo más desembozado, que crean peligros adicionales de uso o amenaza del uso de la fuerza contra los Estados más débiles.
A los obstáculos para el acceso de nuestros productos a los mercados de los países desarrollados, se añaden nuevas y más onerosas condicionalidades, como la ambiental, y el empleo de las normas laborales y los derechos humanos; a los instrumentos de control que las grandes potencias tienen a su disposición desde hace más de cinco décadas, se agregan otros destinados a imponernos reglas, normas y valores que son perniciosos para nuestros intereses; a los intentos de legitimar patrones únicos de vida, se suman ahora los intentos de barrer nuestras idiosincrasias y culturas, amenazadas por la influencia de los medios de comunicación provenientes del mundo industrializado; a las reformas que al calor del unipolarismo ya se han venido introduciendo en las Naciones Unidas durante una década, se adicionan otras que responden a la coacción y el chantaje de la potencia hegemónica que ahora trata de variar en su beneficio hasta las escalas de cuotas que soberanamente ha aprobado la Asamblea General.
En Durban identificamos muchos de los fenómenos contemporáneos que nos afectan; en Cartagena de Indias, hace tan sólo unos meses, volvimos a discutir sobre estos decisivos asuntos. Pero no basta con saber cuáles son y cómo inciden sobre nuestras vidas. El Movimiento, “en su calidad de vocero de los intereses y aspiraciones de los países no alineados y otros países en desarrollo”, como dejó claro el Documento Final de los Ministros en Cartagena, tiene que definir las acciones concretas que adoptará ante condiciones internacionales que cada día le son más adversas.
Sabemos bien que no todos los integrantes del Movimiento de Países No Alineados pensamos igual, ni tenemos iguales niveles de desarrollo, ni tenemos orígenes comunes, ni nuestros intereses estratégicos siempre coinciden. Pero, enfrentamos riesgos y amenazas comunes y tenemos el deber de luchar unidos por un futuro mejor para nuestros pueblos. Si no fortalecemos nuestra unidad y cohesión, si el Movimiento no asume el verdadero papel que le corresponde de coordinar nuestras posiciones ante los grandes desafíos de las relaciones internacionales de hoy, si no asume la defensa de nuestros intereses colectivos, si no acciona solidariamente como un bloque diverso, pero monolítico, poco podremos hacer, dispersos y separados, para enfrentar con éxito la avalancha política, económica, cultural e ideológica que debemos enfrentar.
Lo que está en juego es la supervivencia de nuestros países como naciones independientes.
Señora Presidenta:
Es bien conocida la importancia que Cuba le asigna al Movimiento de Países No Alineados, en cuyo seno hemos mantenido un elevado nivel de actividad desde su creación en 1961.
Hoy es preciso poner en tensión todas las fuerzas de que disponemos los países no alineados para unir al Tercer Mundo, y así poder enfrentar la avalancha globalizadora que ya ha comenzado y que, si nos sorprende débiles, desunidos y sin un programa coherente de lucha, terminará por absorbernos a todos y por imponernos modelos y concepciones que en nada tienen que ver con nuestras realidades y con las necesidades de nuestros pueblos.
Por tanto, y en ejercicio de esa vocación no alineada que nos ha caracterizado por casi cuatro décadas, deseo anunciar formalmente, a más de 20 años de celebrada la Sexta Cumbre en La Habana, la disposición de Cuba de acoger la sede de la Decimocuarta Conferencia Cumbre del Movimiento, que debe tener lugar en el año 2004. Para Cuba será un honor recibirlos a todos.
Señora Presidenta:
Desde Durban hemos venido insistiendo en la necesidad de dotarnos de un Programa de Acción ágil y efectivo, que, despojado de formalidades, constituya nuestra guía y que abarque todas las esferas de nuestro trabajo. Un Programa para reclamar con más fuerza el desarme nuclear, que sigue siendo nuestra prioridad; para alentar un diálogo sobre el desarrollo, con las Naciones Unidas como marco institucional y que, además, contribuya a que nuestra Organización recupere el papel que en esta importante esfera le está siendo negado desde hace más de una década; para propiciar el desarrollo social e impedir que sucios manejos políticos y selectivos sigan enturbiando a la necesaria cooperación internacional para la protección y promoción de los derechos humanos; para que no se nos trasladen las discusiones políticas esenciales a la esfera programática y presupuestaria con el objetivo de variar las prioridades de las Naciones Unidas y su Sistema; para que no se sigan erosionando los principios del Derecho Internacional, ni se siga intentando unilateralmente alterar los instrumentos jurídicos internacionales o su interpretación, detal forma que den un sustento jurídico al orden internacional que se nos quiere imponer.
Esta es nuestra tarea impostergable si queremos que nuestro Movimiento, con su combativa historia de solidaridad y fraternidad, siga siendo un mecanismo viable en la lucha de nuestros pueblos por preservar su soberanía y alcanzar el desarrollo.
Para luchar por estos nobles propósitos el Movimiento de Países No Alineados podrá seguir contando siempre con la contribución honesta y solidaria de Cuba.
Muchas gracias