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Discurso de Felipe Pérez Roque, ministro de Relaciones Exteriores, en el acto por el 45 aniversario de la fundación del MINREX, el 28 de diciembre de 2004

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)

Compañero Ministro de las FAR y Segundo Secretario del Comité
Central de nuestro Partido, querido compañero Raúl;
Compañeros de la dirección de nuestro Partido, del gobierno;
Compañeros embajadores;
Compañeras y compañeros trabajadores:

En un día de particular emoción para todos, en que el tributo y la tristeza al constatar la ausencia física de algunos entre nosotros, mas no el olvido a su obra, a su trayectoria y su aporte; en un día en que se mezcla ese sentimiento con la alegría y el optimismo de la celebración, de reencontrarnos aquí nuevamente, es motivo de especial satisfacción tener con nosotros, acompañándonos esta tarde, en la que, como él explicó, otros compañeros, en particular nuestro Comandante en Jefe, no han podido estar, al compañero Raúl.
Cuando yo le dije que le invitábamos a venir, que queríamos entregarle el diploma de fundador del MINREX, y él me cuestionaba: “¿Pero por qué a mí, si yo no estuve en la fundación del MINREX?” Yo le argumentaba que cada vez que se jugó la vida de Fidel defendiendo la Revolución se jugó la de él, y que ese era suficiente argumento para entregarle este diploma; entonces él estuvo de acuerdo (Aplausos).

Le entregamos el diploma de fundador porque, aunque formalmente no estaba en la plantilla del Ministerio de Relaciones Exteriores, sí estaba en la primera fila del combate por la Revolución desde los momentos fundadores del Moncada hasta hoy; por habernos enseñado que sí se puede, por habernos dado el ejemplo y la lección de que no hay obstáculo que no pueda ser superado, por habernos educado en la lealtad sin límites a Fidel, en la confianza y el optimismo infinitos en que nosotros tenemos la razón y que nosotros haremos prevalecer nuestra victoria. Por eso es, Ministro, que le recibimos en esta tarde con especial cariño.
Hace no tanto tiempo, el compañero Raúl contaba en un pequeño grupo de compañeros, que cuando en el encuentro de Cinco Palmas, al llegar él con un grupo de compañeros y sus fusiles, reencontrarse con Fidel y este decirle: “¿Cuántos fusiles tú traes, cinco? Y dos que yo tengo, siete. ¡Ahora sí ganamos la guerra!”, él decía que en aquel momento pensó para lo íntimo, y le contó en ese momento al compañero Fidel: “Cuando yo te oí decir eso, dije: Ahora sí se volvió loco (Risas); pero me quedé callado.” Y yo fui uno de los testigos privilegiados de excepción que escuchó la respuesta de Fidel. Le respondió a él: “Sí, tú dices que tú pensaste eso; pero aquel día tú, como yo, pensabas que sí ganábamos la guerra, lo que pasa que no lo dijiste; tú creías, como yo, en la victoria (Aplausos). Y hubieras seguido aunque yo no hubiera estado.”

De manera que nosotros tenemos todas las razones para entregarle a usted este diploma, como a otros compañeros, algunos de los cuales no hemos podido tener aquí, como el comandante Almeida, tan ligado durante todos estos años a la labor de servicio exterior y al trabajo concreto del ministerio, a quien le haremos llegar su diploma.

De manera que en esta tarde de alegría y de remembranzas para todos, de renovación de nuestro optimismo y de nuestro compromiso con la Revolución, en la que hemos repasado también la historia gloriosa de la que somos herederos, nuestras primeras palabras han de ser para recordar a los que no están, a los que cayeron víctimas del ataque terrorista artero, o a los que cayeron en el cumplimiento de sus misiones, en otro momento, en el servicio exterior, y también a los compañeros que por los azares de la vida no nos acompañan hoy físicamente, algunos de los cuales, incluso, han fallecido recientemente, algunos en el servicio, otros jubilados. Para todos nuestro homenaje, nuestro sentimiento de recordación y de agradecimiento por su contribución en las diferentes misiones del servicio exterior.

También un día como hoy, de manera especial, nuestro tributo de homenaje a nuestros cinco héroes prisioneros del imperio, que dan una lección de los valores y el sentido de la dignidad que la Revolución ha sembrado en nuestro pueblo, y a cuyos familiares les damos garantías plenas de nuestra convicción y nuestro optimismo en que nosotros no dejaremos de batallar ni un solo instante por su regreso a la Patria (Aplausos).

Vale recordar un día como hoy, que hace cinco años atrás, precisamente en este lugar, celebrando el 40 aniversario de la fundación del ministerio, en el que nuestro acto comenzó retrasado porque tuvimos que esperar al Jefe de la Revolución, que demoraba, en medio del intenso batallar por el regreso de Elián, tuvimos aquí entre nosotros a Juan Miguel y a su familia; y aquel día en nuestros pechos vibraba el optimismo y la confianza de que rescataríamos a Elián de su secuestro, y de que lo recibiríamos en la Patria, en su escuela, en su pueblo natal, junto a su familia y a sus compañeritos de aula. Y bajo la dirección de Fidel libramos esa batalla y obtuvimos la victoria.

Un día como hoy debemos renovar nuestro optimismo en que lograremos rescatar a nuestros cinco héroes de las prisiones del imperio, y les recibiremos victoriosos y firmes en el seno de su Patria (Aplausos).

Hoy es un día para rendir homenaje también a la labor de todas las compañeras y compañeros que hoy, precisamente en este momento, trabajan en el servicio exterior, en nuestras 131 misiones diplomáticas y consulares en 109 países; a algunos les han sorprendido las vacaciones aquí en estos días y nos acompañan hoy, están con nosotros; la mayoría está allá en sus lugares de combate.

Creo que debemos recordar también y enviar nuestro mensaje de aliento a nuestros compañeros que allí, en los más apartados rincones de la Tierra, en países lejanos, a muchos miles de kilómetros de nuestra Patria, mantienen hoy enarbolada nuestra bandera y defienden con optimismo, austeridad y firmeza los valores de la política exterior de la Revolución.

Es también este un momento de celebración, de recordación, no un momento, por supuesto, de recuento exhaustivo del trabajo de estos años. En el día de hoy lo hemos rememorado, y hoy es ocasión, sobre todo, de expresar nuestra profunda convicción en las ideas que defendemos, de renovar ante la dirección de nuestro Partido nuestro compromiso con el pueblo, con la política exterior de la Revolución, con nuestro Comandante en Jefe; nuestra certeza de que en Cuba no solo se defiende la independencia y la soberanía de nuestro pequeño país, que la defensa de la Revolución Cubana, en la que nosotros y otros muchos compañeros como nosotros tienen el privilegio de participar en su vanguardia, la defensa de la Revolución es hoy la defensa de una alternativa, la defensa de un símbolo, la defensa de una esperanza, la defensa de la prueba palpable de que una sociedad mejor y distinta es posible; la prueba de que un camino hacia el verdadero desarrollo económico y social, hacia la plena garantía real de los derechos humanos para todos es posible; es la defensa de un símbolo, de una bandera que otros que luchan, en condiciones más difíciles que nosotros y con menos certeza y esperanza de la victoria que nosotros, que ya defendemos un triunfo consolidado, disfrutamos.
No defendemos hoy una quimera, un sueño imposible; no tenemos ante nosotros el dilema de los miles de compatriotas que cayeron sin ver el triunfo, de los que lucharon por una patria independiente cuando ella era un sueño y no una realidad como la que nosotros hemos heredado, de los que tuvieron que desarrollar la diplomacia mambisa, o los que pelearon en la seudorrepública por un mundo mejor, pero desde un país convertido en una neocolonia yanki.

Nosotros somos los herederos privilegiados de recibir una obra hecha; no unos sueños prometidos, pendientes de cumplirse, sino realizaciones palpables en la justicia y los derechos conquistados por nuestro pueblo, ¿quiere decir eso, acaso, que estamos conformes? No, aspiramos a mucho más, aspiramos a toda la justicia posible, como proclamaba José Martí; pero basamos nuestro trabajo y nuestra batalla a favor de un mundo mejor sobre los cimientos de una revolución triunfante, la única que ha podido triunfar y sostenerse en este hemisferio; la única, y una de las pocas, que no ha sido traicionada ni vendida, ni se han cansado ni se han pasado de bando los que la hicieron, que la siguen encabezando con la misma pasión y el mismo compromiso del primer día.

Por lo tanto, hoy es un día para volver a constatar el privilegio que ha tenido la política exterior de nuestro país al tener hasta hoy y para siempre a nuestro Comandante en Jefe como su conductor y su guía, su pensamiento claro, su basamento en los principios (Aplausos), su capacidad de adelantarse y prever, de ver lo que todavía los demás no vemos, de conjurar los peligros de los cuales los demás no hemos podido percatarnos.

Como decía el Canciller de la Dignidad: “Hay que oír lo que dice Fidel, porque Fidel oye la hierba crecer. Fidel ve lo que pasa al doblar de la esquina” —decía Roa—, para con cariño y admiración reconocer la visión del hombre, mucho más joven, pero al que él reconocía como el jefe, representante de aquella generación de jóvenes barbudos que habían bajado de la Sierra para probarles a él y a su generación que la Revolución no se había ido a bolina esta vez, que esta vez la Revolución se preservaría y su triunfo sería legado a los hijos y nietos de aquellos que habían escrito la proeza imborrable de derrotar un ejército de 80 000 hombres, apoyado por el gobierno de Estados Unidos hasta el último momento.

Larga ha sido la guerra, por tanto, grandes han sido los sacrificios y grande es la gloria que comparte hoy la Revolución, que superó el momento terrible, cuando pareció, incluso, para nuestros amigos, que no podría sostenerse. Los últimos 15 años han sido el testimonio de un país peleando solo, acompañado de la solidaridad de millones, como hemos visto en esas imágenes, y por la solidez de las ideas y las convicciones que ha defendido.

Un día como hoy, Ministro, le pedimos trasladar al Comandante en Jefe nuestras felicitaciones por el advenimiento del triunfo de la Revolución; nuestras felicitaciones por este año tremendo, en que le hemos visto a él darnos una nueva lección y sobreponerse al accidente, al contratiempo físico y darnos una prueba de voluntad y de optimismo.

Nuestro optimismo al ver la discusión en la Asamblea Nacional de las posibilidades promisorias que se abren, junto con grandes peligros, ante la Revolución, de todo eso discutimos hoy en la mañana.

Queremos en esta tarde garantizarle a usted que en los diplomáticos cubanos, en los trabajadores del Ministerio de Relaciones Exteriores, en los trabajadores del Aparato de Relaciones Internacionales del Comité Central de nuestro Partido, en todos, en todas las compañeras y todos los compañeros que desempeñan el trabajo internacional en los organismos y las instituciones de nuestro país, existe más confianza y más optimismo que nunca. Nuestra convicción de que derrotaremos el bloqueo.

Hace cinco años, cuando nos reunimos aquí, 158 países habían votado a favor de nuestra Resolución en la Asamblea General, cinco años después 179 países han dado al mundo la señal del aislamiento de la política del gobierno de Estados Unidos contra Cuba. Le damos a usted testimonio de nuestra convicción en que derrotaremos el bloqueo, en que recuperaremos el territorio ilegalmente ocupado de la base naval de Guantánamo, en que un día plantaremos allí otra vez nuestra bandera, y en que tendremos la paciencia y la sabiduría de no darle al enemigo pretextos; pero, al mismo tiempo, seguir reclamando sin desmayo y un día legar a nuestros hijos y nietos aquel territorio. Nuestra generación y, si no es la nuestra, la siguiente, verá el fin del bloqueo y la recuperación del territorio de la base naval de Guantánamo.

Le damos a usted garantías de que trabajaremos intensamente para evitar que el enemigo logre crear las condiciones para una agresión contra el país, para que logre aislar la Revolución, algo que ya no puede, ante un pequeño país que tiene hoy relaciones diplomáticas y consulares con 181, de los 191 países miembros de Naciones Unidas; que enfrentaremos la campaña de desinformación, enfrentaremos las mentiras del enemigo, las campañas de tergiversación de nuestra realidad en la Comisión de Derechos Humanos, en otros foros internacionales; que derrotaremos su campaña mediática. Mienten de nuestra realidad porque nos temen, le temen al ejemplo que encarna nuestra obra; utilizan su poderío, pero no serán capaces de ganarnos la batalla a favor de que el mundo conozca la verdad sobre la Revolución, su historia, sus planes y sus realizaciones concretas.

Le damos garantías de que lucharemos con todas nuestras fuerzas a favor de la Alternativa Bolivariana para las Américas, camino genuino, bolivariano y martiano, de integración para nuestros pueblos, de lo que hace unos días hemos tenido testimonio y prueba concreta con los documentos firmados durante la visita del presidente Chávez a nuestro país. Trabajaremos a favor de las relaciones y fomentando también la solidaridad y el conocimiento del proceso bolivariano.

Trabajaremos intensamente para desarrollar el valor estratégico de nuestras relaciones con China, nuestras relaciones con otros países socialistas, como Viet Nam, como la República Popular Democrática de Corea, como Lao, países que defienden y creen en las mismas ideas que nosotros creemos. Seguiremos trabajando a favor de nuestra amistad, nuestras relaciones de solidaridad y cooperación con los países africanos.

Que un pequeño país bloqueado como Cuba diga hoy que tiene a más de 17 000 jóvenes de más de 100 países estudiando en sus universidades y en sus escuelas, es la prueba de una Revolución que se hizo pensando no solo en sus hijos, sino pensando también en que “Patria es Humanidad”.

Celebramos hoy los 45 años, celebraremos los 50, los 55, celebraremos los 60 años de la Revolución y de la fundación del MINREX, no sabemos quiénes podrán estar en ese momento; los que no estén, lo estarán también en el recuerdo y en la admiración de los que vendrán detrás y sabrán que les entregaremos la bandera de nuestra Patria flameando enhiesta, que no la hemos doblegado en los momentos más difíciles, que hemos afrontado el peligro y las amenazas con entereza y valor, que no hemos traicionado el legado recibido de la generación que hizo la Revolución y la comanda hoy.

Le agradecemos, Ministro, estar con nosotros y le reiteramos que bajo la dirección de nuestro Comandante en Jefe y de usted, el Ministerio de Relaciones Exteriores y los trabajadores del servicio exterior estarán prestos siempre a proclamar nuestra consigna victoriosa de:

¡Patria o Muerte!
¡Venceremos! (Aplausos.)


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