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Joaquín
Rivery Tur
Granma digital
13 de octubre de 2004
Mientras las ciudades de Miami y Panamá se vuelven adversarias en lucha por la sede del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), el famoso proyecto norteamericano ha estado en silencio en los últimos meses, prácticamente sin aparición pública del tema.
Trabajadores, estudiantes y otros sectores colombianos salieron a las calles a protestar contra la política económica del Gobierno de Álvaro Uribe y sus negociaciones con Estados Unidos con vistas a ingresar al ALCA.
El silencio alrededor de las negociaciones sobre el ALCA surgió a raíz del fracaso obtenido por Estados Unidos en las reuniones de fines del 2003 en Miami al tener que aceptar diversas modalidades del tratado y pocos meses después (febrero del 2004) en Puebla, México, cuando surgieron a flote las divergencias entre el poderoso país del Norte y los menos desarrollados del Sur.
El mayor problema de Washington era la postura de los países miembros del MERCOSUR, todos exportadores de productos protegidos en el Norte, los que no admitían de ninguna manera la imposición de Estados Unidos y lograban éxito en sus posiciones comunes debido a la fuerza de la unidad, secundados por Venezuela y algunas dignas naciones caribeñas.
Los productores norteamericanos de cereales, naranja, soya, algodón, carnes y otros productos, evidentemente instruyeron a sus agentes (lobbystas) para que presionaran a los legisladores que suelen recibir de ellos buenos aportes en las campañas electorales. Negarse a las solicitudes de estos es como rehusar las donaciones para los comicios y por eso en el Congreso hay oposición a ceder.
El embajador Adhemar Bahadian, representante de Brasil en la presidencia provisional del ALCA, que el país sudamericano comparte con Estados Unidos hasta el fin de la negociación, prevista (solo prevista, no cierta) para enero del 2005, también consideraba que la posición del Congreso de EE.UU. era una barrera para que avanzaran las pláticas.
La causa de que la reunión de Puebla haya detenido el proceso radica en que la llamada Autoridad de Promoción del Comercio o fast track, tiene una lista de 521 productos agrícolas sensibles que interesan a los latinoamericanos, especialmente a Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, pero que sería frenada en seco en el Congreso por los compromisos de los parlamentarios norteamericanos con los que les aportan el dinero de las campañas.
Esta posición ha metido al ALCA en un callejón sin salida, pues para los países del cono Sur sería un suicidio firmar un acuerdo de libre comercio con las condiciones que Estados Unidos impuso a México en 1994 y ha llevado a la ruina a la agricultura azteca.
La táctica de Estados Unidos ha sido, entonces, negociar por separado. Ya firmó un tratado de libre comercio con Centroamérica y anda en trajines para hacer lo mismo con Perú, Colombia y Ecuador, toda vez que los ánimos populares en Bolivia están tan caldeados y tan firmes contra el ALCA que hacen imposible hasta plantearse el tema.
En estos mismos días también se ha puesto de manifiesto que la lucha contra esta fórmula de neoliberalisno (ALCA y TLC son solo eso) está en pleno auge de apoyo popular.
Este martes, las organizaciones de pobladores autóctonos de Paraguay expresaron su "rotundo rechazo" al ALCA que propone Estados Unidos, y esa fue la principal conclusión de la Segunda Plenaria de la Comisión por la Autodeterminación de los Pueblos Indígenas.
Los latinoamericanos están interesados especialmente en la defensa de sus recursos naturales y los derechos colectivos sobre sus conocimientos tradicionales, que están siendo francamente robados por las grandes empresas biotecnológicas para patentarlos.
Y en Colombia, los empleados públicos, junto a estudiantes, campesinos, jubilados e indígenas se lanzaron a marchas en Bogotá, Cúcuta, Barranquilla, Cali y Medellín para rechazar la posibilidad de que se firme un TLC que consideran negativo con Estados Unidos
Las motivaciones del paro y de las manifestaciones son la tasa de desempleo por las nubes y el empobrecimiento del campesinado a causa de las reglas neoliberales impuestas por el Gobierno a demanda del Fondo Monetario Internacional (FMI).
En Guatemala y El Salvador, donde la amenaza es mucho más cercana porque el TLC con Estados Unidos ya fue suscrito, decenas de miles de personas de centenares de organizaciones sociales se lanzaron a la calle en rechazo al acuerdo nefasto y en coincidencia con el aniversario 512 del inicio de la conquista y explotación de América por los europeos.
En Guatemala se calculó la asistencia de unos 30 000 indígenas en la protesta, mientras, en El Salvador, el Movimiento de Resistencia Social repudió el TLC y la exclusión de los autóctonos, al tiempo que cientos de personas bloquearon caminos en estratégicos puntos del país para rechazar los convenios internacionales de comercio, que calificaron como "el tiro de gracia" para estas empobrecidas y marginadas poblaciones.
Así,
a pesar del silencio oficial sobre el ALCA, los norteamericanos siguen
trabajando calladamente en los tratados individuales para romper la resistencia
colectiva, pero las grandes masas se mantienen alertas y no están
dispuestas a ceder sus derechos en el altar del neoliberalismo.