| Por qué con Cuba >> |
Esta Cuba que tanto nos ilumina
CARLOS AZNÁREZ
(PERIODISTA, DIRECTOR DE RESUMEN LATINOAMERICANO)
Nunca una frase
tuvo tanta fidelidad como la lanzada en su momento por el Comandante Fidel
Castro para juzgar la actitud de quienes votan contra Cuba y se hacen los
distraídos frente a los continuos actos criminales de los Estados Unidos
y sus aliados: lamebotas. Eso son, ni más ni menos, y en dicha expresión
está implícita una definición de lo que son las relaciones
internacionales de los mandatarios títeres con su titiritero imperialista.
Ese concepto es precisamente el que rechazan a diario los pueblos del Tercer
Mundo que apoyan con cuerpo y alma la dignidad de la nación cubana.
Ahora, frente a la nueva campaña montada contra la Isla, producto de
su lógica reacción frente a los conspiradores internos (esos
que no dudan en secuestrar avionetas o lanchas con el aval de sus socios de
Miami) y los que durante 44 años han intentado lo imposible por minar
la resistencia popular desde Washington o la Florida, la rebeldía del
pueblo de Martí, Maceo y el Che se yergue nuevamente frente a la infame
y reciente votación de la Comisión de ¿Derechos Humanos?
de una institución inexistente llamada ONU. Mientras ellos condenan
a Cuba, las grandes mayorías de Latinoamérica, Europa, África
y Asia, siguen alineándose con uno de los pocos países del mundo
(junto con Venezuela Bolivariana) que le planta cara al verdugo de los pueblos.
Acorralar a Cuba, criminalizarla, infiltrarla y finalmente reocuparla colonialmente.
Esa es la estrategia que subyace en todos los últimos movimientos de
la mafia cubano-americana, sus aliados de Ginebra, y aquellos que a nivel
internacional acaban de masacrar al pueblo iraquí. Sin embargo, la
dignidad que subyace en cada una de las expresiones públicas del Gobierno
y pueblo de Cuba, ha servido para construir un firme muro contra semejante
asedio.
Los mismos que hoy se rasgan las vestiduras con los fusilamientos de criminales
confesos (tanto desde la derecha hasta la izquierda eurocentrista que nunca
termina de poner sus pies en la trinchera correcta) son aquellos que jamás
abren sus bocazas para condenar -habría que hacerlo diariamente- los
crímenes del imperialismo norteamericano, de sus aliados sionistas
y sus testaferros económicos. Contra Cuba, se atreven a hablar de "faltas
de libertades" y "violaciones de derechos esenciales", claman
al cielo para que "inspectores de la ONU" visiten la Isla (al igual
que los topos que infiltraron en Iraq para desarmar y espiar a ese país
facilitando las tareas de la coalición asesina anglo-sajona) o exigen
-¿desde dónde?- que Fidel ceda a sus demandas intervencionistas.
En su afán inquisitorial logran sumar a cada vez más confundidos
intelectuales (triste papel el de Saramago igualándose con Montaner
o Vargas Llosa) o a recolectar adhesiones entre los mismos personajes que
convalidan la tortura, la cárcel y la represión en sus respectivos
países. Son decididamente hipócritas en estos ataques a la soberanía
cubana, son voraces coleccionistas de mentiras y triquiñuelas que solo
buscan acabar con el coraje de un pueblo que los desenmascara una y otra vez.
El país latinoamericano más adelantado en temas de derechos
humanos (derechos auténticos, y no los inventados por falsos jerarcas
internacionales) como son los de brindar salud, educación y continuas
muestras de solidaridad nacional e internacional, no necesita de profetas
ni jurados que aprueben su accionar. Para eso está el propio pueblo
de Cuba, el que masivamente vota democráticamente por la continuación
del proceso revolucionario y que también está dispuesto a ofrecer
su propia vida (como ya lo hizo en Playa Girón) para que no avasallen
su soberanía. Allí está el ejemplo de estos últimos
años: la hazaña del niño Elián y su padre, recuperados
por un pueblo movilizado y decidido a todo para defender a sus compatriotas.
Allí brillan también las cinco estrellas de los héroes
prisioneros en EE.UU. por jugarse enteros para desnudar las maniobras terroristas
de la mafia cubano-americana. Con su ejemplo, estos jóvenes patriotas,
valen mucho más que las sanciones, juicios y bloqueos criminales, precisamente
porque son parte de la misma multitud que día a día se moviliza
por su libertad.
No, no pueden con Cuba los profetas del odio y los militarizados asesinos
del Pentágono. No pueden ellos ni las intrigas de intelectuales que
ensucian las banderas progresistas sumándose al coro detractor contra
la Isla. No pueden tampoco los lacayos presidentes -como los de Uruguay, Perú,
Nicaragua y aquellos países ex socialistas del Este europeo- que creen
que un voto puede anular una experiencia de casi medio siglo de construir
poder popular e irradiar ese ejemplo a todos los pueblos del mundo.
Con Cuba no podrán ni por la vía de las intrigas ni por la nunca
descartable vía militar. Si intentaran esto último temblaría
el continente, se estremecerían los pueblos y los agresores tarde o
temprano recibirían su merecido. Ganas no les faltan a los pueblos
de demostrárselo, sobre todo después de las atrocidades cometidas
por la coalición imperialista en Iraq.
Tomado de Granma diario, 22 de abril del 2003