| Por qué con Cuba >> |
Pensar
junto a Pablo González Casanova
Lo
hecho por Cuba no es cualquier cosa
Pedro de la Hoz
Cuando se le
pregunta a Pablo González Casanova cuál es el sentido de la
batalla intelectual en nuestros días, coincide a plenitud con el reclamo
insistentemente formulado por Fidel para despejar el camino de estos tiempos:
sembrar ideas, sembrar conciencia.
Muchos cubanos descubrieron a este amigo mexicano el pasado Primero de Mayo,
cuando su voz resonó lúcida y solidaria en la Plaza de la Revolución
y fue portador del Llamamiento a la Conciencia del Mundo. Muchos otros, sobre
todo en los medios académicos y entre la intelectualidad artística
y literaria, conocían su obra, y no pocos a su persona, identificándolas
con lo más avanzado del pensamiento renovador de nuestro continente.
Doctorado en Sociología en la Universidad de París, durante algunos años rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, destinatario de numerosos reconocimientos internacionales entre los que se halla el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de La Habana, González Casanova nunca ha concebido la investigación en los claustros de un gabinete ni el ejercicio del criterio como un lujo socrático, sino ambos siempre en función de la aproximación a los más candentes problemas de la sociedad y la construcción de una ideología emancipadora.
Entre sus múltiples trabajos destaca una obra que ha devenido clásica en la sociología política latinoamericana: La democracia en México. Téngase en cuenta el año de su publicación: 1965. Tres años después tendrían lugar los terribles sucesos de Tlatelolco. González Casanova hacía en su libro una intensa radiografía de las estructuras y los mecanismos del poder y sus ramificaciones con las instancias económicas internas y externas. Allí nos decía, como aspiración, que la vara para medir una auténtica democracia debía tomar en cuenta "la participación del pueblo en el ingreso, en la cultura y el poder". Todo lo demás caía inevitablemente en "el folclor democrático o la retórica". El pensamiento del sociólogo mexicano ha madurado mucho más desde entonces, en la medida que el totalitarismo neoliberal se ha ensañado en las sociedades latinoamericanas, los Estados Unidos se ha convertido en la única superpotencia mundial y la globalización que se nos impone representa un grado superlativo de enajenación de la especie humana. Se trata de un pensamiento previsor y anticipador, que rebasa los términos de la hermenéutica: marxista, bolivariano y martiano, continuador del ejemplar compromiso establecido en las primeras décadas del siglo pasado por el peruano José Carlos Mariátegui, quien reclamó para nuestros pueblos el socialismo como "creación heroica".
Una de sus preocupaciones teóricas pasa por la definición y desarrollo de una dialéctica de la alternativa, cuya práctica se ha hecho mucho más acuciante ante la ofensiva neocolonial imperialista puesta de manifiesto en Afganistán e Iraq y que amenaza a la mayoría de las naciones del mundo.
En este orden de pensamiento, la Revolución cubana es mucho más que una representación simbólica para el sociólogo mexicano: "Si países como Cuba muestran una capacidad de resistencia notable -nos dice González Casanova-, sus experiencias merecen una atención que hasta hoy parece insuficiente. Ejemplo para la humanidad, con los cambios y adaptaciones que sean necesarios, Cuba nos revela que toda posibilidad de resistir y de crear una alternativa eficaz al sistema actual supone una articulación muy fuerte de la lucha por la democracia, la liberación y el socialismo".
González Casanova sigue con sumo interés la revolución cultural que ha emprendido Cuba, de manera particular los programas encaminados a fomentar una cultura general e integral y la extensión de los estudios universitarios a los municipios.
En cuanto a su defensa de la realidad cubana de hoy, es categórico, y a la vez, sólidamente fundamentado, su punto de vista: "Nosotros hemos dicho que el país más democrático del mundo es Cuba. No se trata de una afirmación exagerada, porque no estamos diciendo que sea la mejor democracia posible, sino la mejor cuando se mira cualquier otro país del mundo. Lo dicho, dicho está y es exacto. Y no es cualquier cosa. En medio de las limitaciones y contradicciones inevitables de cualquier lucha por la democracia como participación, organización y representación del pueblo en la toma de decisiones del Gobierno y del Estado, Cuba destaca de manera indiscutible, fácil de probar. En la práctica del gobierno del pueblo, en la práctica del gobierno para el pueblo y en la práctica del gobierno con el pueblo nadie sobrepasa a Cuba".
Tomado del diario Granma, 15 de mayo 2003