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TLC con Estados Unidos: La economía amarrada

TLC con Estados Unidos: La economía amarrada

Joaquín Rivery Tur
Granma digital
10 de noviembre de 2004

Hay alegría en los círculos de negocios. Euforia diría yo incluso. Sus representantes en el Gobierno de W. están haciendo un gran trabajo con los Tratados de Libre Comercio (TLC) con distintos países y regiones de América Latina y en las oficinas ejecutivas del Norte destapan de cuando en cuando una botella de champán para celebrar el segundo mandato de Bush que los favorece.

Saben que no pueden repetir el nuevo engaño en forma total, porque ahora algunos gobiernos están más preparados y, sobre todo, las masas, que han visto lo sucedido en Argentina, México, Bolivia y en sus propios países, se han puesto en posición de combate, pero los negociadores de EE.UU. saben cómo apretar para que, haciendo algunas concesiones, todos se avengan a entrar en los campos que Washington puede cercar para el resto del mundo.

Los golpes sufridos por el Área de Libre Comercio de las Américas lo han enseñado. No hay que aferrarse a cualquier precio a un convenio donde hay países con gobiernos que saben lo que necesitan, y por eso, si no pueden imponer el ALCA, la elasticidad de sus propuestas lo llevan ahora por los TLC individuales o por partes.

Estados Unidos acaba de firmar uno con Centroamérica, incluyeron después en él a República Dominicana y luego comenzaron las tratativas con Perú, Colombia, Ecuador y Panamá, cuyos gobiernos se sentaron gustosos a la mesa de negociaciones a pesar del vendaval popular en contra que trajeron esos vientos de obediencia.

De cuando en cuando se escucha una protesta de algún Gobierno (por ejemplo, Colombia con el tema de la propiedad intelectual), pero en general la tendencia es considerar al TLC como la gran panacea que resolverá todos los males.

Todos parecen olvidar los daños que un convenio semejante trajo a los agricultores mexicanos y los centroamericanos, que ya firmaron, están aterrorizados por las consecuencias previsibles cuando entren masivamente al mercado centroamericano miles y miles de productos baratos norteamericanos que golpearán no solo al sector agrícola, sino a otros.

Estados Unidos concede importancia a la propiedad intelectual sobre todo para que sus transnacionales farmacéuticas encuentren vías de realizar su producción, pero tienen los ojos igualmente puestos en la salida que darán a sus artículos agropecuarios y, sobre todo, en el flujo de capitales.

La libre circulación de capitales permitirá a las grandes transnacionales norteamericanas comprar toda empresa que se tambalee en estos países, cualquier banco, compañía de seguros, fondos de pensión y empresas por el estilo, y podría, de esa forma, apoderarse con relativa rapidez de las empresas que consideren convenientes sin aportar absolutamente nada nuevo al país donde se hace esta inversión, al tiempo que crea condiciones para trasladar hacia allá empresas que en Estados Unidos dan pocas ganancias con posibilidades de multiplicarse gracias a la baratísima mano de obra de Centroamérica, Panamá (que también negocia y pone trabas al tema agrícola) y los citados países andinos.

Los emisarios del Norte tienen que andar con tiento en estas negociaciones cuyo contenido es ignorado por las grandes masas. Los gobernantes deben tener en cuenta el hastío de la población que sufre las consecuencias del neoliberalismo y que los TLC son precisamente el caballo de Troya que emplea Estados Unidos para implantar los también llamados reajustes estructurales.

Algunos gobiernos se han colocado en una posición algo más fuerte, pero eso no significa que no anhelen el TLC y al final no cedan a las presiones y amenazas de Washington, de las cuales hay muchas, como retirar ayuda, votar contra los créditos solicitados en organismos como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo y apretar las clavijas comerciales de los que se nieguen.

La Casa Blanca está apurada en el tema de los TLC. Su prisa tiene parte de explicación en el fortalecimiento de los lazos internos del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y de sus vínculos con la Comunidad Andina de Naciones, porque la unidad, la integración que impulsan algunas naciones de Sudamérica le puede colocar mayores dificultades a Estados Unidos en su carrera por lograr que América Latina sea su coto privado de comercio con suficientes barreras para contener a la Unión Europea y a Japón.