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Nueva táctica, el mismo fin
El prestigioso economista cubano Osvaldo Martínez ofrece sus apreciaciones sobre el proyecto de Área de Libre Comercio de las Américas
Hoy los planes del ALCA tienen una situación distinta a la de hace dos años atrás, cuando parecía ser un proyecto casi imparable y de fácil aplicación en sus pretensiones de agrupar a los países de América Latina dentro de un mismo acuerdo, con las mismas disciplinas para todos y un calendario perentorio que concebía a enero del 2005 como el momento de hacer operativa la "integración".
Así opina el destacado economista y diputado Osvaldo Martínez, director del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial.
A ese propósito original, advierte, le surgieron dos enemigos fundamentales: la posición de algunos gobiernos y los crecientes movimientos sociales de protesta, cuyo desempeño va en ascenso.
"Esto ha obligado a Estados Unidos a abandonar su diseño inicial del ALCA, pero sin renunciar a él y sin que el peligro para América Latina y el Caribe haya pasado."
Entre los gobiernos, comenta, la posición venezolana es la más avanzada, por su firme resistencia al ALCA y su rechazo total al neoliberalismo. El presidente Hugo Chávez ha propuesto una integración diferente: el ALBA (Alianza Bolivariana de las Américas), recuerda Martínez, al frente de la Comisión de Asuntos Económicos del Parlamento cubano.
La postura brasileña, indica, es igualmente de resistencia, pero más centrada en una posición negociadora en defensa de intereses nacionales y similar a la argentina. A la vez gana fuerza la oposición del Caribe de habla inglesa respecto al trato especial y diferenciado para las economías más débiles, detalla el investigador.
Lo significativo de los movimientos sociales anti ALCA, considera, es que se funden dentro de uno mayor de lucha contra el neoliberalismo, capaz de provocar la caída de regímenes de ese corte en Argentina y Bolivia. "Como resultado de estas dos fuerzas opositoras y ante el estancamiento de las negociaciones entre gobiernos, EE.UU. tuvo que cambiar su diseño original en la reunión ministerial de Miami, en noviembre pasado, y lo sustituyó por la nueva táctica de impulsar acuerdos bilaterales, en esencia con los mismos contenidos". El imperio, advierte, ha renunciado a la gran negociación con 34 países a la vez y ha aceptado un ALCA suave (ALCA light), pero esto no significa modificación alguna de las concepciones esenciales.
EE.UU. sigue tratando de imponer sus temas de interés: la inversión de capitales, el comercio de servicios, la propiedad intelectual, las compras gubernamentales y la política de competencia. A la par, se niega a discutir su política agrícola y los subsidios a esas producciones.
El académico subraya que los tres países más grandes de la región mantienen las posturas más sólidas contra los planes estadounidenses, mientras otros son más complacientes. "Ya Chile firmó un acuerdo con Estados Unidos, que acaba de suscribir otro con cuatro países de Centroamérica y ha expresado entusiasmo por negociaciones similares con República Dominicana, Perú, Ecuador y Colombia, en 2004.
"Sin embargo, hay que tener muy en cuenta los movimientos sociales de protesta, su creciente impacto", añade.
TRAS UNA DÉCADA DE TLCAN
La experiencia mexicana con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) está clara, aunque la respuesta dependa de quién la dé. Hay apologistas y críticos muy fuertes.
En opinión de organizaciones como la Alianza Social Continental, el TLCAN ha sido un fracaso para los intereses socioeconómicos mexicanos y la creación de una sociedad con menos pobreza, mayor equidad y autonomía, explica Martínez. "Lo que ha ocurrido es cierto espejismo estadístico, invariablemente reseñado por los apologistas: el crecimiento de las exportaciones —el 90% dirigidas a EE.UU.—, y el aumento de inversiones de capital estadounidense.
"Pero los apologistas no dicen que ese incremento se basa en alto grado en maquiladoras no integradas al interior de la economía mexicana sino a las transnacionales norteamericanas, del otro lado de la frontera. Desconocen que los pocos y malos empleos creados no generan cadenas productivas al interior de la economía y lo único que hacen es explotar una fuerza de trabajo como promedio 15 veces más barata, compuesta en mayoría por mujeres.
"No hablan tampoco de la destrucción de la agricultura, ni de los seis millones de campesinos desplazados. Ignoran que México se ha convertido en fuerte importador de arroz, maíz, papa y otros productos con los que antes se autoabastecía y obtenía ingresos por exportación."
EL VIRUS LIBERAL
El beneplácito de algunos gobiernos puede resultar contradictorio cuando experiencias como la mexicana indican con claridad el desastre que aguarda. Según Martínez, ello se explica por dos razones básicas. Primera: el peso que conserva el dominio de EE.UU. sobre América Latina, la existencia de oligarquías dominadas por la ideología neoliberal y la sumisión al imperio, que aceptan el "privilegio" de ser empleados de las transnacionales norteamericanas. Y segunda: lo que algunos autores llaman el Virus Neoliberal, que ha penetrado con mucha profundidad y se ha convertido en una especie de pensamiento automático, acrítico y repetido por el monopolio mediático.
"Afortunadamente, la crisis del neoliberalismo —inocultable—, está contribuyendo de modo muy efectivo a que en América Latina cada vez más gente abra los ojos, expulse el virus liberal y busque un mejor mundo posible."
La batalla no está ganada ni perdida, se halla en curso, en una fase diferente. Las ideas del ALCA no han sido derrotadas, solo han sufrido un reacomodo ante la resistencia, aprecia Martínez. "Ahora se trata de luchar con fuerza contra los tratados bilaterales de libre comercio, que son como pequeños ALCA mediante los cuales Estados Unidos quiere llegar finalmente al ALCA total."
Tomado de Granma, 20 de enero de 2004