| ALCA>> Cuba sobre el ALCA>>Intervención de Osvaldo Martínez | |
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Hace un año nos reunimos en esta Sala para
efectuar el I Encuentro Hemisférico de Lucha contra el ALCA. Hoy,
el Comité Organizador cubano tiene la satisfacción de darles
la bienvenida en este II Encuentro y entregarles con sinceridad y sin
pretensiones de protagonismo, las facilidades que hemos podido reunir
para que nuestro Encuentro sea una efectiva contribución a la derrota
del ALCA y a la creación de esa otra América que no solo
creemos sino que sabemos posible.
Tiene lugar el II Encuentro cuando la batalla contra el ALCA entra en
una fase decisiva que está marcada por la presencia simultánea
de varios factores. Estos son el inicio de la etapa sustantiva de las
negociaciones entre los gobiernos, bajo la copresidencia de Estados Unidos
y Brasil, la ratificación por el gobierno de Estados Unidos de
su interés estratégico por hacer aprobar el ALCA en enero
del año 2005 imponiendo un calendario de plazos tan terminantes
como apresurados y el crecimiento de la resistencia popular frente al
ALCA en el año transcurrido entre el I Encuentro y el actual.
El escenario en que todo esto ocurre incluye la más profunda y
espantosa crisis económica, social y política en América
Latina, la seria crisis económica en Estados Unidos y en especial,
la forma guerrerista y de acción unilateral que asume la hegemonía
norteamericana y le permite dividir al mundo con arrogancia imperial en
dos únicos grupos: los amigos incondicionales en un extremo y el
resto del mundo en el otro.
La posición del gobierno de Estados Unidos sobre el ALCA, se ha
movido en el último año entre la premura por hacer aprobar
su proyecto de recolonización, la aprobación de un fast-track
limitado y una indetenible escalada proteccionista que devalúa
la retórica discursiva del libre comercio con ganancias para todos.
El énfasis en imponer a marcha forzada el ALCA y las declaraciones
arrogantes asegurando que no les inquieta el que algunos países
rehusaran ingresar a sus grandes beneficios, no hacen más que ratificar
la prisa norteamericana para utilizar a América Latina como instrumento
para compensar sus grandes déficit comerciales con el resto del
mundo, recolonizar la región y uncirla para siempre a su dominación,
eliminar de América Latina la competencia de europeos y asiáticos
y tener acceso irrestricto a los recursos latinoamericanos que ambiciona
controlar.
El interés del gobierno de Estados Unidos no es compartir los beneficios
de una idílica liberalización comercial en el ALCA, sino
penetrar los mercados latinoamericanos arrasando con los productores nacionales
para compensar su gigantesco y creciente déficit comercial que
en el 2001 alcanzó 346 mil millones de dólares.
El interés del gobierno de Estados Unidos no es compartir los supuestos
beneficios de la libre inversión de capital, sino extraer utilidades
de América Latina para compensar su déficit de cuenta corriente
que alcanzó 375 mil millones de dólares el pasado año.
América Latina y el Caribe no son vistos como libres y felices
socios para acompañarlos en la alegre apertura de mercados, sino
como instrumentos para conjurar la incertidumbre y el temor ante el presente
y el futuro económico de Estados Unidos. Un presente que solo en
el último año registra pérdidas en el mercado de
valores por más de 2,5 millones de millones de dólares,
numerosas quiebras salpicadas de escándalos de corrupción
en gigantescas empresas hasta ayer consideradas joyas de la "magia
del mercado", un alto nivel de desempleo, la pérdida de confianza
de los consumidores y el regreso a una espiral de déficit fiscales
en medio de la fiebre belicista que alimenta un gasto militar desenfrenado.
América Latina y el Caribe no es el socio que en igualdad de condiciones
-como dice la propaganda del Departamento de Estado- fortalece y apoya
su democracia con el libre comercio, sino que es la región donde
el apetito del imperio se excita con los mercados por controlar, las esferas
de inversión de capital por dominar, las empresas públicas
por privatizar, los lucrativos sectores de servicios por someter y la
barata fuerza de trabajo por explotar. Es la región donde hay petróleo,
agua, biodiversidad y espacio geoestratégico para ampliar su red
de bases militares.
No es esta la primera región petrolera del mundo, pero produce
alrededor del 15% del crudo mundial y posee el 11% de las reservas. De
América Latina procede ahora el 37% de las importaciones petroleras
de Estados Unidos y los suministros latinoamericanos son más seguros
y cercanos en contraste con el convulso y volátil Medio Oriente.
Para el gobierno de Bush -representante en la Casa Blanca de los intereses
del gran consorcio petrolero estadounidense-, el petróleo latinoamericano
es estratégico teniendo en cuenta las derivaciones imprevisibles
de una guerra con Iraq en el escenario de los países islámicos
exportadores de petróleo y ante el agotamiento de las reservas
petroleras que en territorio estadounidense no alcanzan a más de
10 años.
La región tiene dentro de ella la tercera parte del potencial mundial
de agua utilizable, en tanto que el agua, ese insustituible soporte vital,
se hace más escasa y se vuelven más sombrías las
proyecciones de futuro en un mundo donde las elites desarrolladas derrochan
el agua, y para los pobres es escasa y de mala calidad.
América Latina es la región de mayor riqueza del mundo en
términos de biodiversidad. En ella contamos con el 40% de las especies
animales y vegetales existentes. Esto es irresistible para las voraces
transnacionales farmacéuticas y de la biotecnología que
quieren privatizar y convertir en su monopolio esa riqueza en biodiversidad
y los conocimientos tradicionales acumulados por nuestros pueblos.
Estas son las verdaderas razones para explicar la prisa estadounidense
por encerrar a América Latina en la jaula del ALCA.
Pero no son estas las razones que expresa Robert Zoellick, representante
de Comercio del gobierno de Estados Unidos en sus vaporosas presentaciones
del ALCA. En ellas dice cosas como esta: "Solamente durante el curso
de una generación, América Latina pasó de ser una
región dominada por autocracias estancadas a una región
de democracias pugnantes, la mayoría de las cuales sostienen economías
en crecimiento. Este es un hemisferio de promesa y de posibilidades a
corto plazo". (1)
Ciertamente en el curso de solo una generación América Latina
contribuyó destacadamente a la buena salud de la economía
de Estados Unidos mediante una transferencia financiera que solo puede
calificarse como brutal saqueo.
La economía más grande y desarrollada del mundo fue la principal
receptora y beneficiaria entre 1991 y el 2000 de una transferencia financiera
hacia el exterior que solo por concepto de intereses y utilidades pagadas
alcanzó la cifra de 603 900 millones de dólares.
Si a esta enorme cifra le agregamos otras partidas no reveladas en las
estadísticas, como el pago de amortizaciones por la deuda externa,
el intercambio desigual en el comercio y ese agujero negro llamado fuga
de capitales, entonces, tendríamos la visión más
cercana a la realidad de una región "de promesa y posibilidades
a corto plazo", que en solo una década, entrega dolorosamente
y en un estimado conservador, más de 1 millón de millones
de dólares, de los cuales no menos del 70% han ido a financiar
los gigantescos déficit que se permite la economía de Estados
Unidos y que el Fondo Monetario Internacional denuncia como intolerables
en cualquier país latinoamericano, pero no provocan una palabra
siquiera cuando se trata de Estados Unidos.
Solo restaría recordar que en esa década, cuando tantos
dóciles gobiernos latinoamericanos aplicaron con regocijo la política
neoliberal, la región no solamente se desangró entregando
más de un millón de millones de dólares, sino que
en esos años su deuda externa creció en 302 600 millones
y ya ahora alcanza los 800 mil millones de dólares.
En ese lapso los latinoamericanos en situación de pobreza no parecieron
captar en toda su profundidad el mensaje de promesa y éxito del
señor Zoellick, pues aumentaron su número de 200 a 226 millones
entre 1991 y 2002.
Las que sí entendieron el verdadero sentido del mensaje fueron
las transnacionales estadounidenses, que recibieron la tajada del león
en la compra -muchas veces a precio de remate- de unos 4 000 activos públicos
en la región (bancos, telecomunicaciones, transporte, petróleo,
minería, comercio), duplicaron sus tasas de ganancia en relación
con las obtenidas en territorio de Estados Unidos y redujeron sus costos
laborales entre un 70 y 80% con la barata fuerza de trabajo latinoamericana.
Además, los bancos norteamericanos se apropiaron de los ahorros
nacionales y transfirieron miles de millones de dólares mediante
fuga de capitales y variadas formas de circulación de dinero sucio
incluida la floreciente industria del soborno.
En los últimos meses la posición norteamericana ha incorporado
un nuevo ingrediente: una oleada proteccionista por encima de lo habitual,
que sin embargo, coexiste con la retórica de la apertura comercial
y muestra el abismo entre el discurso engañoso y los intereses
reales.
Al elevar los aranceles en 30% al acero importado y destinar 180 000 millones
de dólares para subsidiar producciones agrícolas no competitivas,
el campeón del discurso del libre comercio exhibe el valor exacto
de su discurso, esto es, fuegos artificiales para la propaganda y en lo
sustantivo la aplicación férrea de un proteccionismo selectivo
que se vale de un sofisticado arsenal de barreras no arancelarias, legislación
anti-dumping, subsidios abiertos y encubiertos, normas técnicas,
fitosanitarias y muchas otras.
Solo los muy ingenuos, los muy tontos y en especial, los muy cínicos,
podrán seguir repitiendo el elogio del libre comercio que todo
lo resuelve.
A punto de comenzar la fase decisiva en la negociación del ALCA
el gobierno de Estados Unidos mantiene una agresiva política internacional
caracterizada por el guerrerismo y la acción unilateral, mientras
que continúa presentando a la política neoliberal como la
única posible, y haciendo propaganda de unos supuestos éxitos
de ella que solo se apoyan en la manipulación de las estadísticas
y el ocultamiento de verdades esenciales.
¿Cómo ocultar que hay más pobres ahora en la región
en magnitud absoluta y en porcentaje de la población total que
en 1980 cuando el neoliberalismo debutaba?
¿Cómo ocultar que bajo políticas neoliberales América
Latina ha alcanzado el triste campeonato mundial como la región
de mayor desigualdad e injusticia en la distribución del ingreso?
¿Cómo ocultar que en Argentina con la esmerada aplicación
del neoliberalismo y su capacidad de producción de alimentos veamos
niños desnutridos y moribundos en exactas condiciones que en los
campos de concentración nazis?
Sin el brutal saqueo por más de 1 millón de millones de
dólares solo en 10 años y sin el lastre de los administradores
coloniales que en muchos casos gobiernan América Latina, ¿cuán
diferente podría ser la áspera realidad de la educación,
la salud, la seguridad social, la cultura, el deporte?
El fracaso del neoliberalismo es inocultable y se evidencia incluso en
el cauteloso lenguaje de la CEPAL, que reconoce en los últimos
5 años una "media década perdida". Esta habría
que sumarla a la "década perdida" de los años
80, con lo cual tendríamos el resultado que en dos décadas
de neoliberalismo se haya perdido década y media. Cualquier trabajador,
campesino, gente de pueblo en la región podría preguntar
con elemental sensatez por qué insistir en una política
de pésimos resultados.
El ALCA lo que pretende es precisamente eso: darles a los latinoamericanos
y caribeños más neoliberalismo, pero además hacerlo
irreversible convirtiéndolo en un compromiso jurídico internacional.
Lo que se negocia ahora en el ALCA no es más que la codificación
de los principios esenciales neoliberales para convertirlos en normativa
internacional, siguiendo los peores contenidos de la OMC, del AMI y del
TLCAN.
Es curiosa también la relación que los voceros norteamericanos
establecen entre el ALCA y la democracia.
Para el señor Otto Reich, hasta hace pocas horas el máximo
funcionario de la política hacia América Latina y cuyo apellido
tiene resonancias tan hitlerianas como su pensamiento, "el ALCA es
la forma de establecer una comunidad de democracias libres, seguras y
prósperas". (2)
¿Cómo se puede sostener la democracia coexistiendo con el
despotismo de mercado? Es evidente que una política económica
que excluye y acorrala a las mayorías no puede ser compatible con
otra que no sea la democracia formal congelada en los ritos electorales,
que permite votar para que todo continúe igual; la democracia en
que tiene más importancia el derecho de las transnacionales que
el derecho de los pueblos, la democracia dibujada en el ALCA en la que
los gobiernos aceptan ser procesados y condenados por las grandes corporaciones
privadas, esas en cuyas manos se dejan las decisiones estratégicas
de la nación presentándolas como decisiones del mercado.
La negociación gubernamental en marcha ha sido hasta ahora una
ratificación de que el ALCA solo puede imponerse con métodos
antidemocráticos. Hasta julio del 2001 la negociación fue
en absoluto secreto. Ante la presión del movimiento popular divulgaron
un "borrador" plagado de corchetes con una larga lista de propuestas
sin identificar los gobiernos que las hacían. Casi ningún
gobierno se ha comprometido a someter las negociaciones a consultas en
que pueda manifestarse la soberanía popular, los parlamentos han
quedado marginados, las organizaciones populares solo pueden enviar opiniones
escritas a un irrelevante Comité que no ha hecho otra cosa que
engavetarlas y los seminarios realizados por negociadores con organizaciones
y movimientos populares, no han sido más que monólogos sobre
la agenda más conveniente para ellos.
En la negociación hasta ahora efectuada es conocida la posición
del actual gobierno brasileño de crítica al ALCA en cuanto
a barreras para el acceso al mercado de Estados Unidos, la posición
del gobierno venezolano a favor de someter el ingreso al ALCA a un plebiscito
oficial y su inconformidad con la política neoliberal y el calendario
de marcha forzada, así como la lógica y justa posición
de los países caribeños en defensa del trato preferencial
para las economías más pequeñas y débiles.
Todas estas críticas y reclamos señalan reales puntos donde
el ALCA lesiona intereses legítimos de nuestros países,
pero tiene este proyecto de recolonización y anexión muchos
otros puntos oscuros de igual o peor significado sobre los cuales se mantiene
un sospechoso silencio.
Veamos algunos de ellos:
En cuanto a derechos de los inversionistas es evidente que a estos se
les da mayor jerarquía que a los derechos de los pueblos. Se mantiene
en los textos del ALCA el derecho de las empresas a demandar a los gobiernos
ante instancias fuera de la legislación nacional, a condenar a
estos y hacerlos cumplir sus exigencias. Se mantiene la prohibición
de cualquier control sobre el movimiento de capital, incluidos los capitales
especulativos de corto plazo. Se mantienen los llamados "requisitos
de desempeño" que no es otra cosa que un Código de
prohibiciones dictado por las empresas privadas para maniatar a los estados
hasta asegurar su total irrelevancia.
En el tema de servicios se pretende considerar todos los servicios -educación,
salud, pensiones y jubilaciones, vivienda, seguridad, etc.-como mercancías
y someterlos a una lógica de competencia comercial en la que arrasarían
las empresas de servicios norteamericanas y recibirían servicios
los que puedan pagarlos.
En el tema de compras gubernamentales se pretende que las compras que
haga el gobierno se guíen exclusivamente por el precio y la calidad
y que toda otra consideración sea condenada como una distorsión
de la competencia. De esta forma un gobierno no podría usar sus
compras como medio de favorecer grupos sociales necesitados, sino solamente
comprarles a transnacionales extranjeras que se impondrían en la
competencia.
En el tema de agricultura es obvio que Estados Unidos pretende penetrar
en los mercados regionales sin levantar el proteccionismo del suyo, provocar
la ruina de campesinos y estimular una competencia entre los países
que, sin mecanismos de coordinación de políticas agropecuarias,
conduzca a minar la integración regional.
En la propiedad intelectual el ALCA mantiene su pretensión de hacer
privado lo que debe ser público y adjudicarse incluso la invención
de la vida convirtiendo en monopolio privado -este es bueno y deseable,
pues el malo y perverso es el monopolio estatal- el uso de plantas y otras
formas de vida. Se pretende en suma, llegar más lejos que las reglas
del Acuerdo TRIPs de la OMC y ampliar más aún la protección
de las patentes para satisfacción de las grandes transnacionales
farmacéuticas.
En el tema de política de competencia se desvirtúa el sentido
de la empresa pública como empresas que surgieron para asegurar
derechos de los pueblos y ejercer la soberanía sobre recursos estratégicos,
al someterlos a una disciplina de competencia de mercado e incluso se
pretende crear una amenazante autoridad autónoma con poderes supranacionales
para investigar y condenar prácticas anticompetitivas y revisar
las legislaciones nacionales en esta materia. Es prácticamente
la sustitución del estado por un ente autónomo que no parece
rendir cuentas más que a sí mismo.
En cuanto a medio ambiente y recursos naturales el ALCA impulsa la radicación
de transnacionales dedicadas a la exportación con uso intensivo
de energía y recursos naturales, tratando al medio ambiente como
una mercancía.
En los textos del ALCA sigue sin respuesta el gran problema del desempleo,
la caída del salario real, la informalización y precarización
del trabajo que la política neoliberal ha exacerbado. Por el contrario
la insistencia en un neoliberalismo aún más denso con su
libre comercio en vez de justo comercio y capital de libre movimiento
en vez de capital con regulación social, asegura más desempleo
y precarización.
En los textos del ALCA sigue repitiéndose la inviolable libertad
de movimiento de las mercancías y el capital, mientras que la política
migratoria norteamericana se hace cada vez más xenófoba
y restrictiva del movimiento de la fuerza de trabajo.
Los textos en negociación del ALCA ignoran la situación
de la mujer colocada en un peldaño aun inferior en cuanto a empleo
y recibiendo el impacto multiplicado de las políticas de libre
comercio e inversión de capital. Nada hay en estos textos que aseguren
a las mujeres la protección de sus derechos laborales, civiles,
reproductivos, sexuales y humanos.
Nada hay tampoco para proteger los derechos de los pueblos indígenas
sobre los que el neoliberalismo ha agregado una nueva dosis de explotación
y exclusión por encima de las que padecen desde hace más
de 500 años.
Todo lo anterior y aún más contienen los textos del ALCA
que merecen ser criticados y rechazados.
En ellos aparece con claridad el carácter anexionista, colonialista
e imperialista de esta propuesta norteamericana para retroceder.
Frente al proyecto anexionista se ha levantado en el último año
con vigor y creciente combatividad la resistencia de las organizaciones
y movimientos populares.
Cuando en noviembre del pasado año nos reunimos en esta sala en
ocasión del I Encuentro Hemisférico de Lucha contra el ALCA
nos propusimos concertar acciones y levantar la resistencia utilizando
las múltiples vías y formas que articula la Alianza Social
Continental.
Tenemos ya hoy una acumulación de acciones que dan cuenta de la
creciente capacidad de movilización de lo que puede llamarse con
propiedad el movimiento anti ALCA y una mayor difusión entre los
pueblos del hemisferio del verdadero y sombrío significado del
ALCA, si este se consumara cerrando la cadena para atar definitivamente
a los países recolonizados.
De Quebec a Quito podemos hacer el recuento y el examen de los logros
y las insuficiencias de acciones como la Marcha contra el ALCA en el Foro
Social Mundial de Porto Alegre 2002, el plebiscito popular realizado en
Brasil por el esfuerzo y la tenacidad de un conjunto de organizaciones
populares y donde más de 10 millones de brasileños expresaron
su repudio al ALCA, las Jornadas de resistencia en Quito bajo las bombas
lacrimógenas, el Foro Social Argentino, el Foro Social Uruguayo,
la organización en marcha de un plebiscito popular y otras acciones
realizadas en México.
Estas acciones y muchas otras no mencionadas han sido necesarias, útiles
e insuficientes.
Ellas demuestran que el movimiento anti ALCA crece, se organiza y es la
mayor preocupación y motivo de irritación para los voceros
imperiales y las oligarquías serviles, mientras que para los pueblos
es la esperanza, la genuina reserva de rebeldía, decoro y dignidad
frente al fatalismo y la sumisión.
Demuestran también las acciones realizadas, que el potencial del
movimiento anti ALCA es tan grande como grande es la injusticia social,
la exclusión y la opresión de mercado en América
Latina y que su fuerza sería capaz no solo de derrotar al ALCA,
sino de construir la alternativa popular, solidaria, incluyente y antiimperialista
que necesitamos.
Pero siendo notable y alentador lo alcanzado, es insuficiente aún
frente al designio imperialista de anexarse América Latina y el
Caribe contando con su superioridad económica, con el dominio de
los grandes medios de comunicación expertos en introducir el pensamiento
que racionaliza la sumisión y el concurso de los servidores nativos
afanosos por hacer méritos ante el amo.
Este II Encuentro tiene lugar cuando la Negociación del ALCA entra
en su fase decisiva y debe ser decisivo él en términos de
alcanzar la coordinación, la organización y la movilización
que esta fase demanda, sin disminuir el debate, la flexibilidad y la verdadera
participación democrática que son distintivos de la Alianza
Social Continental.
El Comité Organizador de este Encuentro, que no es más que
el Capítulo Cubano de la Alianza, ha trabajado y trabajará
dentro de nuestras modestas posibilidades de país bloqueado y hostigado,
para que ustedes puedan trabajar sin gases lacrimógenos, ni policías
enfundados en escafandras antimotines que los obliguen a la dispersión
o los encierren en prisión. No tendrán ustedes que irrumpir
como intrusos indeseables en una reunión de ministros que cocinan
el ALCA a puertas cerradas, para hacer escuchar la voz de los excluidos,
porque los ministros están aquí con nosotros y de nuestro
lado.
Los cubanos somos excluidos del ALCA, pero no nos sentimos contrariados,
sino orgullosos de serlo. No tenemos interés o deseo alguno de
recibir la distinción de ser anexados a Estados Unidos. Desde nuestro
presente de independencia nacional, solidaridad social y resistencia de
43 años frente a las narices del imperio, vemos al neoliberalismo
como una aberración de la que nos libramos.
Nos sentimos muy bien donde estamos, esto es, junto a ustedes formando
parte de los que luchan contra el ALCA y por otra América posible.
Hemos tenido los cubanos dos grandes privilegios. Uno es vivir dentro
de una Revolución triunfante en 1959 que nos educó en la
resistencia a los intentos por devorarnos de los que hoy proponen el ALCA,
y simultáneamente creó una cultura de la solidaridad que
nos indica, sin desvíos posibles, que nuestro lugar es este, con
ustedes, entregando lo mejor que podamos en esta lucha también
nuestra.
El otro privilegio es contar con el magisterio de José Martí,
quien conoció y estudió a fondo el naciente imperialismo
norteamericano, advirtió su apetito expansionista sobre las tierras
que llamó Nuestra América y encontró debajo de la
retórica panamericanista de entonces -similar a la que hoy difunde
el ALCA- el núcleo de pensamiento y proyecto anexionista que denunció,
para impedir que los pueblos de América fueran dominados por la
que llamó la "Roma americana".
Esto escribió José Martí el 2 de noviembre de 1889
a propósito del Congreso de Naciones de América convocado
en Washington en ese año. De nuevo sus palabras, a 113 años
de escritas, nos iluminan acerca de la entraña más profunda
de proyectos como el ALCA:
"Jamás hubo en América de la independencia acá,
asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia,
ni pida examen más claro y minucioso que el convite que los Estados
Unidos potentes, repletos de productos invendibles, determinados a extender
su dominio en América, hacen a las naciones americanas de menos
poder... Solo una respuesta unánime y viril para la que todavía
hay tiempo sin riesgo, puede libertar de una vez a los pueblos españoles
de América de la inquietud y perturbación fatales en su
hora de desarrollo, en que les tendría sin cesar, con la complicidad
posible de las repúblicas venales o débiles, la política
secular y confesa de predominio de un vecino pujante y ambicioso que no
los ha querido fomentar jamás, ni se ha dirigido a ellos sino para
impedir su extensión como en Panamá o apoderarse de su territorio
como en México, Nicaragua, Santo Domingo, Haití y Cuba,
o para cortar por la intimidación sus tratos con el resto del universo,
como en Colombia, o para obligarlos como ahora, a comprar lo que no puede
vender...
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(1) Robert Zoellick, Comercio en libertad, la nueva empresa de las Américas.
En Perspectivas Económicas. Periódico Electrónico
del Dpto. de Estado, Vol. 7. No.3. Octubre 2002
(2) Otto Reich: La política de Estados Unidos en la América
y el papel del comercio libre. Perspectivas Económicas. Periódico
electrónico del Dpto. de Estado. Octubre 2002.