LA
EMIGRACION CUBANA HACIA ESTADOS UNIDOS A LA LUZ DE SU POLITICA INMIGRATORIA.
(Fragmento)
Por: Dr. Antonio Aja Díaz - CEMI (Centro de Estudios de la
Migración Internacional) Julio 2000
EL CASO
CUBA EN EL CONTEXTO INMIGRATORIO DE ESTADOS UNIDOS.
Entre
Cuba y Estados Unidos existen relaciones migratorias con marcado carácter
histórico, determinadas por factores geográficos, económicos,
políticos, y sociales. Se conoce que antes de la colonización,
existían vínculos entre la Isla y la población
del sur de la Florida.
A partir
de 1820 la presencia cubana es de más de 1000 personas. En
1870 el monto de cubanos inmigrantes se incrementa a casi 12 000,
de los cuales cerca de 4 500 residían en New York, unos 3 000
New Orleans, y 2000 en Cayo Hueso. Las causas de estos movimientos
migratorios fueron tanto económicas como políticas.
El problema se agudiza a partir de 1860, cuando el factor político
encara el rol preponderante en las salidas de cubanos al exterior,
cómo resultado de la agudización de las contradicciones
con la metrópoli española [i] [xxi].
El año
1869, marcó el inicio de uno de los períodos más
trascendentales del movimiento poblacional desde Cuba hacia Estados
Unidos, con centro en Cayo Hueso. Se produce el traslado de cientos
de trabajadores y empresarios vinculados a la manufactura del tabado.
Las razones son diversas: la introducción de más modernas
técnicas de eleboración del tabaco; el más directo
acceso a su principal mercado, Estados Unidos; la inseguridad respecto
al futuro de la isla, que venía sufriendo años de crisis
económica, política y social, y el inicio de la Guerra
de los Diez Años contra el dominio español. Es un especializado
éxodo de obreros, precisamente la clase social y el sector
laboral que en la isla, había logrado establecer un sector
de trabajo libre en medio de una economía esclavista.
La manufactura
del tabaco a partir de la fuerza de trabajo cubana, se convirtió
en la más importante fuente de ingresos de los habitantes del
Cayo entre 1869 y 1900.
Tampa
se añadía a tales empeños, con una fuerte migración
de cubanos, la cual pasa de 720 habitantes en 1880 a 5,532 en 1890.
La historia
compartida de Cuba, Tampa y Cayo Hueso, agrupa tanto el movimiento
de los emigrantes cubanos, como su participación en los empeños
por la independencia de Cuba, donde la figura de José Martí
resultó medular.
Sin embargo,
el segundo lustro de los noventa del siglo XIX, marcó el descenso
de la población emigrada cubana, cuando una parte importante
de ésta regresa a la Isla a combatir por la independencia.
Con el fin de la Guerra se acentúa la integración de
los inmigrantes cubanos a la sociedad norteamericana, cuya cifra no
había aumentado significativamente: mas de 12 000 personas.
El arribo
del siglo XX profundiza la tendencia emigratoria de Cuba, la que se
convierte en predominante a partir de inicios de la década
del 30, con destino primordial en Estados Unidos. Durante los años
20 y 30, la emigración de Cuba hacia territorio estadounidense,
la integran básicamente sectores de trabajadores en busca de
opciones laborales, que se establecen en New York y New Jersey. Son
migrantes laborales que clasifican como trabajadores y se igualan
al resto de los inmigrantes del área en esa época. De
esta forma emigran más de 40 149 en la primera década,
alentados por las facilidades inmigratorias norteamericanas para la
época y más de 43 400 hasta fines de los años
30 [ii] [xxii].
Con posterioridad,
se mantiene el flujo de cubanos hacia Estados Unidos. Se producen
alzas y bajas, acorde tanto a la situación interna de los años
40 y 50 en Cuba, como a las políticas inmigratorias estadounidenses,
y el sentimiento antinmigrante que actúa intermitente en el
espectro migratorio de ese país.
La migración
cubana de estos años estaba integrada además de los
sectores trabajadores, por una pequeña masa de la población
que contaba con algún recurso para salir del país y
vivir en el exterior. El territorio norteamericano, se constituía
en escenario predilecto de la burguesía cubana y los sectores
medios de la sociedad, para enviar a sus hijos a estudiar, pasar vacaciones
y poner parte de su capital para establecer pequeños y medianos
negocios.
De esta
forma se construye un amplio espectro de interrelaciones entre la
sociedad norteamericana y la cubana. Las experiencias migratorias
y las redes de parentesco existentes, se mezclan con otros procesos
en el orden subjetivo, y con un intenso intercambio de pasajeros,
así como otras formas de atracción de la sociedad receptora
hacia la emisora. Es el flujo de migrantes de un país atrasado
a uno de los más desarrollados en el mundo, donde existía
una total dependencia económica y política del uno hacia
el otro.
La población
cubana registrada oficialmente en Estados Unidos para 1958 rondaba
la cifra de unas 125 000 personas incluyendo a los descendientes.
De estos, más de 50 000 permanecieron en territorio norteamericano
con posterioridad al triunfo de 1959 [iii] [xxiii].
Estudios
al respecto, plantean incluso la posibilidad de que el flujo de emigrantes
cubanos hacia Estados Unidos, se incrementaría de no triunfar
la Revolución. De esta forma Cuba podría ocupar un lugar
de relevancia en el contexto migratorio del Caribe y de Latinoamérica
hacia ese país, aunque por supuesto, sin llegar a la situación
conocida de la inmigración mexicana, ni tampoco recibir un
tratamiento especial.
Con el
triunfo de 1959, el tema migratorio recibe un impacto trascendental,
en especial hacia los Estados Unidos, cuando nuevas y conflictivas
relaciones migratorias se establecen. El territorio norteamericano
seguirá siendo el principal receptor de la emigración
cubana, pero a la vez Estados Unidos se convierte en antagonista y
enemigo del proceso revolucionario, y utiliza la emigración
en función de sus objetivos contra la Revolución Cubana.
De esta
forma se transita de una política inmigratoria que estaba inserta
dentro de los marcos regulatorios generales para diferentes regiones
del planeta, en especial el área del Caribe, a otra, diseñada
desde los años 50 para beneficiar a los migrantes del entonces
campo socialista y erosionar sus filas.
La política
migratoria se convierte en un componente importante de la política
de Estados Unidos hacia Cuba a partir de 1959, a la vez que el tema
migratorio, propicia una especie de diálogo y entendimiento
entre ambas partes como lo demuestra la historia de mas 40 años.
La política
inmigratoria que se establece, aplica abiertamente la categoría
de refugio político. Como resultado surge una presión
migratoria crítica, que se libera en una especie de válvula
de escape, y produce cada vez nuevos ciclos migratorios, siempre acorde
a las situaciones internas en la Isla en todos estos años.
La presencia
de las oleadas es uno de los fenómenos característicos
de las relaciones entre los dos países. Forma parte de escenarios
recurrentes en esta historia, desde la primera oleada, 1959 -1962,
integrada por aquellos vinculados directamente en el plano político,
militar y económico con la dictadura de Fulgencio Batista,
y por sectores prominentes relacionados con el capital norteamericano.
En éste período emigran más de 274 000 personas.
De estos una parte de los primeros 70 000, lo hacen prácticamente
sin mediar trámites migratorios. [iv] [xxiv].
Acorde
a la estrategia trazada, esas personas recibieron las facilidades
inmigratorias necesarias. Se autoriza incluso a entidades y personas
en Estados Unidos, como la Iglesia Católica, para otorgar visas
waivers - concebidas para casos de extrema emergencia - a partir de
la ruptura de las relaciones diplomáticas por Estados Unidos
en 1961.
A ello
se unía la aplicación de una política asistencial
preferencial, cuyo punto culminante se produce en ese propio año
con la aprobación del Programa de Refugiados Cubanos, elaborado
a partir de la experiencia con el tratamiento a los refugiados húngaros
de 1956. El Programa para los cubanos alentaba la emigración
desde Cuba, hasta su conclusión en 1975, dispuso de algo más
de 100 millones de dólares anuales.
La derrota
de Playa Girón y los resultados de la Crisis de Octubre, modifican
la visión de Estados Unidos acerca de la temporalidad de la
Revolución Cubana. El bloqueo contra la isla y la suspensión
de los vuelos directos entre los dos países, caracterizan una
etapa que marca un cambio en el tratamiento al tema de la emigración.
Se produce
la interrupción del flujo migratorio, con la consecuente acumulación
de un potencial sin salida por vía legal, y la presencia del
fenómeno de la emigración ilegal. Aceptada y bienvenida
por Estados Unidos, cuando más de 30 000 personas utilizan
esta vía entre 1962 y 1965 [v] [xxv]. Ya desde esos momentos,
la expectativa de emigrar de esa forma, con un máximo de seguridad
de ser recibido y obtener un trato preferencial, fue un elemento desestabilizador
de la sociedad cubana, utilizado recurrentemente, con el complemento
de una extensa propaganda.
Ante
tal escenario se producen los acontecimientos de Camarioca en Octubre
de 1965, a partir de que el Gobierno de Cuba autoriza a que los emigrados
que pudieran viajar a recoger a sus familiares en la Isla, lo hicieran.
Se habilita el pequeño puerto en la provincia de Matanzas por
donde emigran cerca de 2,700 personas, entre esa fecha y noviembre.
Estos
hechos llevan a que se realice el primer encuentro entre ambas partes
para tratar el tema migratorio, con la firma del Memorándum
de Acuerdo [vi] [xxvi], el cual propició la implementación
del puente aéreo por el que emigraron más de 268 000
personas.
La revisión
del contenido del Memorándum, indica los niveles de preferencia
establecidos por Estados Unidos para la transportación de estas
personas. Las preferencias responden a los requisitos inmigratorios
de la época en ese país. Cuba por su parte, define que
la reunificación familiar se realizará en el país
del norte. El 90% de los emigrantes tenían familiares en Estados
Unidos, y se caracterizaban por una tener una fuerte presencia de
profesionales y técnicos de calificación.
Casi
un año después del inicio del puente aéreo, en
noviembre de 1966, se firma en Estados Unidos la Ley de Ajuste Cubano
[vii] [xxvii]. Esta ley reafirma de manera más clara y directa
el tratamiento particular para la emigración cubana, al concederle
asilo político de forma casi automática, eximiéndole
de las cuotas por países que establecía la Ley Inmigratoria
en ese país desde 1965.
El Acta
da la posibilidad de ajustar el estatus migratorio al año y
un día de permanecer en territorio estadounidense. Gracias
a ello, los cubanos pueden optar por la residencia sin tener que salir
de Estados Unidos, tal y como lo establece la Ley Inmigratoria para
el resto de los inmigrantes.
Este
estatus es ajustado por el Fiscal General, a su discreción
y conforme a las regulaciones que pueda prescribir. La Ley de Ajuste
Cubano fue aprobada sin poner término en su actuación
en el tiempo, por lo que aún tiene plena vigencia.
En la
practica además, la medida intentaba abaratar el costo del
referido Programa de Refugiados Cubanos, facilitando la obtención
de la residencia en Estados Unidos de los cubanos. De esta forma se
acortaba el plazo de obtención de la ciudadanía, lo
cual realmente fue efectivo al desaparecer el Programa de Refugiados
Cubanos, y convertirse la Ley en factor que estimula el fenómeno
de las salidas ilegales desde Cuba. Los acontecimientos posteriores
a 1994 hasta la fecha lo evidencian con claridad.
En la
legislación inmigratoria norteamericana existe una definición
tradicional de refugiado. Esta se considera a partir de que sea una
persona que huye de cualquier país controlado por los comunistas,
por persecución o temor a ser perseguido y que no quiere regresar
a su país debido la persecución o al miedo a ella. Puede
ser alguien que sufra tal acción por motivos raciales, religiosos,
laborales entre otros, e incluso que haya sido afectado por catástrofes
naturales o militares.
Para
1980 cómo hemos apuntado, esta legislación se adecua
a los requerimientos de las Naciones Unidos al respecto. Pone énfasis
en el sentido de las personas que no pueden regresar a su país
sin temor a la persecución.
El tratamiento
hacia Cuba lo continúa definiendo la política hacia
los “países comunistas”, aunque los inmigrantes
cubanos que arriben violen la legislación norteamericana y
,no obstante, no son considerados indocumentados, ni objeto de restricciones
que sí afectan a otros grupos de inmigrantes como los mexicanos
y centroamericanos.
En la
década de los 70 crece en Estados Unidos una reacción
contraria a los inmigrantes dentro de una compleja situación
política nacional e internacional, marcada por el aumento de
la incertidumbre económica en esa nación. No era este
un contexto favorable para mantener una política altamente
beneficiosa con el flujo de inmigrantes procedentes desde Cuba. Las
condiciones estaban dadas para que en 1973 el presidente Nixon cerrara
el puente aéreo, llevando la cuestión migratoria entre
las dos partes nuevamente al estado que tenían en 1965.
Para
entonces ya existía una emigración y una comunidad asentada
en el sur de la Florida. Habían emigrado más de 600
000 personas, pertenecientes a los sectores privilegiados por Estados
Unidos y que con su apoyo determinante, presentaba niveles de éxito
económico comparativamente superiores al de otras comunidades
de origen latino y caribeña. Se constituían en factor
de atracción para nuevos migrantes desde la Isla.
A estos
factores de atracción de posibles nuevos migrantes, se unían
otros relativos tanto al problema de la reunificación y relación
familiar en el tema migratorio, como a la situación económica
y social de Cuba en la década de los 70.
En el
plano del diferendo entre Estados Unidos y Cuba, se presentaba una
situación desde fines de la administración Ford, y en
particular durante los dos primeros años del gobierno del presidente
Carter, matizada por el relajamiento de tensiones. Era un marco mucho
más propicio para la realización por Cuba del Diálogo
de 1978, celebrado a fines de año, entre el gobierno cubano
y un grupo de cubanos residentes en el exterior. Este acontecimiento
contribuyó decisivamente, a un nuevo enfoque de la Isla en
su política de relación y reunificación familiar
con la emigración.
Cada
uno de estos elementos jugó un rol importante en el panorama
migratorio de inicios de los 80.
Se vivía
una situación de ruptura del flujo desde Cuba hacia Estados
Unidos, desde la cancelación por ese país del puente
aéreo en 1973. Las salidas ilegales se reiteraban, así
como la acogida de estos migrantes por las autoridades inmigratorias
norteamericanas.
Este
fue parte del escenario de los acontecimientos del Mariel en 1980.
Las 125 000 personas que emigraron a través del Mariel, marcan
un cambio en los componentes sociodemográficos de los emigrantes
cubanos hacia Estados Unidos. Reflejan a la sociedad cubana de la
época, tienen menos familiares en ese país, y pertenecen
a sectores sociales diferentes al que pertenecían las primeras
oleadas. En esta emigración aumenta el componente de personas
negras y mestizas.
Los nuevos
migrantes mantienen vínculos más estrechos con la sociedad
cubana, y sus prioridades políticas y motivaciones también
los diferencian de sus antecesores [viii] [xxviii].
En comparación
con las primeras oleadas, el impacto de esta migración fue
diferente en Estados Unidos y en especial en el sur de la Florida.
No es una emigración tan deseada, ni pertenece a los mismos
estratos sociales, por lo que se convierte en un elemento de heterogeneidad
social y polarización clasista a lo interno de la comunidad
cubana.
Desde
el ángulo de los Estados Unidos, el Mariel ocurre cuando prevalecen
sentimientos antinmigrantes, reflejados en la Ley para los Refugiados,
aprobada en 1980,
Estos
acontecimientos, aumentan el temor ante una inmigración masiva
e incontrolada desde Cuba, alterando los códigos de la opinión
pública norteamericana sobre el tema de los inmigrantes cubanos.
En particular
2,746 emigrantes del Mariel calificarían excluibles por las
autoridades norteamericanas para emigrar a Estados Unidos, e incluso
fueron encarcelados desde el mismo arribo, a partir de sus antecedentes
penales.
Después
del Mariel se concreta la práctica de aplicar a la emigración
legal desde Cuba. Un ejemplo son los Acuerdos Migratorios entre Estados
Unidos y Cuba firmados en 1984. La firma de los Acuerdos del 84 tenían
para cada parte una significación especial.
Para
Cuba era la posibilidad de normalizar el flujo migratorio hacia Estados
Unidos, a partir de la existencia de un potencial migratorio y procesos
de atracción desde el exterior, en términos de igualdad
con el resto de los países del mundo y sobre la base de lo
estipulado por la legislación norteamericana. Se incluía
la búsqueda de una posible solución al problema de las
salidas ilegales, lo cual en la práctica nunca se logró.
Para
Estados Unidos, inmersos en el control y políticas antinmigrantes,
significaba incluir el “caso cubano “ en el contexto más
general de las regulaciones de las relaciones migratorias con diferentes
regiones y países en el mundo, a partir de considerar la cuestión
migratoria como un problema para la seguridad nacional norteamericana.
En ese contexto, el tratamiento de la emigración legal desde
Cuba, pasaba por el intento de mantener políticas que impidieran
la repetición de las consecuencias negativas similares a las
que tuvo el Mariel.
Las
prioridades y niveles de calificación establecidos por las
regulaciones inmigratorias estadounidenses para la época, serían
estampadas con todo rigor en los Acuerdos y con posterioridad igualmente
aplicadas.
Es por
eso que el máximo de la cuota de 20 000 visas de inmigrantes
anuales para Cuba, estaba siempre condicionado al comportamiento de
las características de los migrantes cubanos ante las reglamentaciones
de calificación para inmigrar. En ello era determinante la
composición de quienes pretendían emigrar y el grado
de parentesco que tuvieran en Estados Unidos. Ambos aspectos distaban
en repetidas ocasiones de lo deseado y estipulado por Estados Unidos.
La aplicación
inflexible de tales parámetros, permitió que entre 1985
y 1994, sólo pudieran emigrar legalmente a los Estados Unidos
11,222 cubanos por los Acuerdos Migratorios, de una cifra que debía
llegar a las 100 000 personas [ix] [xxix]. Ver Tabla 3
A diferencia
del Memorándum de Acuerdo de 1965, ahora existía un
alto grado de incompatibilidad entre los requerimientos inmigratorios
norteamericanos y las características de los potenciales emigrantes
cubanos, que lastraba e impedía el cumplimiento de otorgar
visas de emigrantes legales a los cubanos.
Mientras,
los emigrantes que salían ilegalmente desde la Isla, continuarían
arribando a territorio estadounidense y entonces, sí calificaban
a tenor del tratamiento de refugiado político que la propia
administración norteamericana les daba. La Ley de Ajuste Cubano
con posterioridad les garantizaba una rápida inserción
en la sociedad estadounidense, con el apoyo de la comunidad cubana.
En la
práctica dos elementos muy diferentes y contradictorios estaban
en juego en el caso de la política inmigratoria de Estados
Unidos hacia Cuba.
No obstante
lo señalado, el fenómeno de las salidas ilegales no
reportaría incremento hasta 1989 y con mayor presencia desde
1991 en que irrumpe con fuerza la crisis económica en la sociedad
cubana, producto de causas bien conocidas.
La cifra
de personas inmersas en el fenómeno de las salidas ilegales,
entre arribantes a Estados Unidos y aquellos a los cuales se les frustraba
el intento, ascendería entre 1985 y 1994 a 82 500, de ellas
más de 60 000 se ubican entre 1991 y 1994, año de la
“crisis de los balseros “ [x] [xxx].
Previo
a la crisis del 94, se apreciaba otro interesante comportamiento por
parte de Estados Unidos, relacionado con el proceso de otorgar visas
de visitas temporales a ciudadanos cubanos para visitar familiares
en ese país. Desde finales de los ochenta comenzaría
a reducirse significativamente el número de visas otorgadas
por este concepto, aduciéndose que muchos de los solicitantes
podrían constituirse en posibles inmigrantes al arribar a territorio
norteamericano.
De esta
forma, a inicios de los noventa, se llegaba a denegar el 40, 60 y
hasta el 80 % de las solicitudes, creando una situación adicional
a la interrupción del flujo migratorio legal desde Cuba y al
fenómeno de las salidas ilegales, que en definitiva actuaba
complicando aún más el panorama de las relaciones migratorias
entre ambas partes y creando nuevos potenciales emigrantes ante la
imposibilidad de visitar a sus familiares.
La presión
del fenómeno de las salidas ilegales desembocó en determinados
desórdenes sociales que conllevaron a que el 12 de agosto el
Gobierno Cubano decidiera eliminar las restricciones a este tipo de
salidas del país.
Al producirse
la crisis de los balseros en agosto de 1994, y emigrar desde inicios
de año y hasta principios de septiembre, 36 900 personas, se
estaba produciendo una nueva oleada migratoria desde Cuba hacia Estados
Unidos. Estos migrantes representaban la continuación de los
cambios operados con los del Mariel de 1980, ahora marcados por las
particularidades de la crisis económica por la que atravesaba
la sociedad cubana.
En su
mayoría se trataba de personas jóvenes, varones blancos,
con alto y medio nivel cultural, motivados esencialmente por aspiraciones
de realización personal, que estimaban no podían satisfacer
a corto plazo dada la situación imperante en Cuba. En la práctica
reflejaban un momento histórico diferente y por ende era también
diferente la composición de los migrantes y las motivaciones
que los impulsaban [xi] [xxxi].
Ante
ello, los Estados Unidos dieron un viraje en la aplicación
de su política inmigratoria hacia Cuba, e impiden la entrada
de los balseros a su territorio. Temían las consecuencias de
tal oleada inmigratoria tanto para el sur de la Florida, como para
el país en su conjunto, con posibles afectaciones para la reelección
del propio presidente Clinton.
De esta
forma se rompía con el accionar de más de 35 años,
no teniendo derecho los ilegales cubanos, por estar fuera de territorio
estadounidense, a los beneficios del refugio político y menos
aún de la Ley de Ajuste Cubano. Los territorios de Panamá
y la base naval de Guantánamo ocupada a Cuba, acogerían
a cerca de 30 000 de estas personas.
Por otra
parte, el contexto antinmigrante de los Estados Unidos de inicio de
los noventa, como se ha explicado, propiciaba tales medidas. Eran
circunstancias de la política interna, sumamente propicias
para no excluir al caso cubano e intentar cortar el trato preferencial
que se mantenía a sus emigrantes ilegales.
Los cubanos
no eran, en cifras, un problema de significación en el tema
inmigratorio de esa nación. En 1990 habían ocupado el
lugar 16 entre 20 países que aportaban inmigrantes a Estados
Unidos y en los récords de ilegales tampoco figuraban entre
los mayores, al compararlos con los inmigrantes indocumentados haitianos,
mexicanos o asiáticos en igual período [xii] [xxxii].
La administración
Clinton maniobraba entre las presiones de la ultra derecha cubanoamericana,
opuesta a la reclusión de los "balseros" en Guantánamo,
que exigía incrementar las medidas contra Cuba y una parte
significativa de la opinión pública de Estados Unidos.
Esta se pronunciaba a favor de la búsqueda de una solución
al problema, que incluyera la instrumentación de medidas encaminadas
a lograr la normalización de las relaciones migratorias entre
los dos países.
Finalmente
prevalecerían los intereses de la política interna norteamericana,
y se iría a la mesa de negociaciones con Cuba. No obstante,
se les concederían nuevos espacios a las presiones de los mas
recalcitrantes cubanoamericanos.
La dinámica
de las relaciones migratorias entre Estados Unidos y Cuba requería
la firma de nuevos Acuerdos [xiii] [xxxiii].
Los que
se firman en el 94, se refieren en primer orden al control de la emigración
ilegal desde Cuba por vía marítima hacia los Estados
Unidos. En esos momentos, podía significar un cambio sustancial
de la política norteamericana con respecto a la Isla. Ambas
partes se comprometen a impedir el uso de la violencia en el acto
de emigrar.
Ahora
se partía de la cifra de 20 000 visas para otorgar a emigrantes
cubanos, pero como mínimo. Para su cumplimiento se incluyó
en el primer año, la utilización de un grupo de prerrogativas
que otorga la propia legislación inmigratoria norteamericana,
para agilizar el otorgamiento de los visados correspondientes. Se
establece además un sorteo o lotería especial para Cuba,
al margen del que realizan anualmente para todo el mundo (denominado
sorteo internacional) y por el cual también pueden presentarse
casos de emigrantes cubanos.
En particular
la utilización del sorteo – lotería, permite a
Estados Unidos ampliar la posibilidad de emigrar a diferentes sectores
de la sociedad cubana, que no califican o no lo hacen en las primeras
prioridades para obtener una visas de inmigrante. Pero a la vez, mediante
el sorteo, realizan e incluso mantienen un levantamiento del potencial
migratorio, con la sistematicidad que se considere oportuno.
El proceso
de otorgar visas de inmigrantes por tal concepto, se orienta hacia
aquellos sectores poblacionales que más puedan interesarles.
En la práctica lo obtienen migrantes jóvenes, con preparación
cultural y profesional, mayoritariamente blancos y que en sentido
general no constituyen una carga pública para los Estados Unidos.
Son personas que pudieran insertarse en breve plazo en el mercado
laboral estadounidense, incluyendo por supuesto al sur de la Florida
[xiv] [xxxiv].
En este
proceso interviene más recientemente y de forma decisiva, las
nuevas regulaciones inmigratorias norteamericanas, orientadas a garantizar
la solvencia económica de aquellos ciudadanos norteamericanos
y residentes en Estados Unidos que soliciten a extranjeros como inmigrantes.
Este aspecto se aplica por igual a todos los cubanos de la última
oleada a partir de 1996 [xv] [xxxv].
No obstante,
con el cumplimiento de los Acuerdos desde 1994 a la fecha, se establece
un flujo migratorio legal, ordenado y regular hacia Estados Unidos,
controlando solo en parte el fenómeno de las salidas ilegales.
Desde
1995 y hasta el primer semestre de 1999 han sido otorgadas más
de 95 000 visas para emigrantes cubanos [xvi] [xxxvi], donde ocupan
un lugar importante las calificaciones por el sorteo, las relaciones
familiares con la emigración y los familiares que conviven
con aquellos que obtienen el visado como inmigrante.
De ellas
cerca de 86 400 han sido ya utilizadas por los beneficiarios, como
muestra del cumplimiento por la parte cubana de permitir la emigración
ordenada y regular hacia Estados Unidos, no obstante significar un
reto en el orden demográfico, social e incluso político
para el país.
VISAS
OTORGADAS POR ESTADOS UNIDOS SEGÚN ACUERDO MIGRATORIO DE 1999.
*
Clasificacion
de visas
1994 1995
1995 1996
1996 1997
1997 1998
1998 1999
TOTAL
Según niveles de calificacion por ley Inmigratoria de EE.UU.
6 244
5 006
5 000
1 696
1 307
19 253
Refugiado - Parolee **
14 602
3 000
3 369
3 028
2 950
26 949
Sorteo nacional
5 398
7 000
6 679
11 631
15 453
46 161
Sorteo internacional
124
335
891
908
719
2 977
Total
26 368
15 341
15 939
17 263
20 429
95 340
* FUENTE
: Estudio del CEAP desde 1995 al primer semestre de 1999, sobre la
base de fuentes oficiales de Cuba.
La tabla
no incluye el descuento de las personas admitidas por Guantánamo
desde 1995 como parte de los Acuerdos del 94, 5 000 anuales.
Se incluyen
las cifras del sorteo internacional que no están presentes
en otros trabajos del autor al respecto.
** Incluye
a la cifra de visas otorgadas por Refugio Político según
consideraciones de la parte norteamericana y a la categoría
de Parolee, que significa visas por cuestiones humanitarias, otorgadas
fundamentalmente en el caso cubano a familiares y personas que integran
el núcleo familiar de aquellos que obtiene un visado como inmigrante.
De los
acontecimientos de agosto del 94 quedaba pendiente un tema, la situación
de las personas recluidas en Guantánamo y Panamá. De
ahí que se realizaran nuevas conversaciones y el 2 de mayo
de 1995 se diera a conocer la firma de una ampliación de los
Acuerdos [xvii] [xxxvii], que incluía la admisión paulatina
en Estados Unidos de estos cubanos. Se descuentan 5 000 anualmente
de la cifra de 20, 000 visas estipuladas en el Acuerdo, hasta completar
la cifra de balseros que estaban en esta situación y serian
admitidos en territorio norteamericano.
Con la
Declaración Conjunta de mayo de 1995, se intentaba reforzar
el cierre a la emigración ilegal por vía marítima,
desde Cuba hacia Estados Unidos, con el compromiso de enviar a la
Isla a los "balseros" capturados en alta mar. Cuba por su
parte, los recibe sin tomar medidas contra ellos por el acto de salir
del país ilegalmente. Hasta el segundo semestre de 2000 habían
sido devueltos por las autoridades estadounidenses a Cuba, más
de 2,700 personas capturadas en alta mar y unas 390 que intentaban
penetrar por la Base Naval de Guantánamo.
El cumplimiento
de los Acuerdos marca pautas en el orden de la regulación migratoria
entre ambas partes. Estados Unidos mantiene niveles de preferencia
hacia los inmigrantes cubanos, que se refieren tanto a otorgar más
de 20 000 visas de inmigrantes, cifra que en ocasiones es distribuida
a regiones que aportan muchos más migrantes a territorio estadounidense
que Cuba,(Ver Tabla 4), como de manera particular el ya referido sorteo
- lotería. Sin embargo, tales preferencias se justifican en
el marco de la conflictividad que asumen las relaciones migratorias
entre los dos países.
Otra
situación ocurre cuando se observa la presencia aún
de la Ley de Ajuste Cubano y más concretamente su efecto sobre
el fenómeno de las salidas ilegales desde Cuba por vía
marítima hacia Estados Unidos.
La aplicación
de los Acuerdos ha detenido de manera significativa las posibles avalanchas
de este fenómeno, pero no puede cerrar definitivamente esta
puerta, ya que el emigrante cubano que consigue arribar a territorio
norteamericano por esta vía, burlando al Servicio de Guarda
Costas, tiene ante sí excelentes opciones para no ser enviado
de vuelta a Cuba. Se encuentra en territorio norteamericano y a su
favor actúa el tratamiento que históricamente se mantiene
dando a los cubanos como “refugiados políticos”.
A ello
se añade la existencia de la Ley, propiciando el ajuste de
su estatus inmigratorio, sin olvidar las presiones de todo tipo que
sectores de la ultra derecha de la comunidad cubanoamericana realizan
ante cada uno de estos casos, para su admisión por Estados
Unidos. El caso de Elián González, demuestra hasta donde
pueden llegar las consecuencias de tales prácticas.
El problema
de los inmigrantes ilegales cubanos que arriban a Estados Unidos se
mantiene latente. Desde 1998 asume el delicado y peligroso componente
de tráfico ilegal de personas, organizado y financiado por
grupos de cubanoamericanos del sur de la Florida, a riesgo de vidas
humanas envueltas en tales procedimientos. Entre 1997 y el 2000, ha
arribado a las costas de la Florida alrededor de 3,000 personas [xviii]
[xxxviii]
Desde
otro ángulo, el tratamiento a los inmigrantes procedentes de
Cuba, resulta totalmente fuera de lugar en el contexto inmigratorio
de Estados Unidos para fines del presente siglo, como se puede apreciar
en el análisis realizado acerca de la situación inmigratoria
en ese país.
En el
tema migratorio entre ambas partes interviene también, la política
de enfrentamiento por parte de Estados Unidos hacia Cuba, donde el
bloqueo a la isla continua siendo la principal arma y fuente de contradicción.
Es un factor que fundamenta la aplicación del refugio político
para el inmigrante cubano, independientemente de que las causas y
motivaciones de los actuales migrantes varíen significativamente
de las de hace 40 años.
No obstante
el camino adelantado en el tema migratorio, Cuba continua dentro del
esquema de la “guerra fría” y el enfrentamiento
al anticomunismo, que caracterizó el tratamiento de la política
inmigratoria norteamericana en el tema del refugio político
en la década de los 50 y 60 del presente siglo.
Tal esquema
tiene una extemporaneidad evidente, que afecta tanto a los intereses
de Estados Unidos, cómo a los de Cuba y su emigración
allí radicada.
En torno
a esta emigración, autodefinida en su mayoría como exilio,
uno de los mitos que con más fuerza se ha mantenido a lo largo
de los últimos 39 años, es el que intenta presentar
a todos sus miembros como un grupo homogéneo. Las diferencias
clasistas y otras que se derivan de las propias características
sociodemográficas que han marcado cada oleada migratoria, parecen
así perder significación. Se proyecta una imagen distorsionada
de los reales procesos de diferenciación y estratificación,
que se han ido operando en el seno de este asentamiento con posterioridad
a 1959 [xix] [xxxix].
No es
propósito de este trabajo analizar las causas y condiciones
concretas que estuvieron asociadas al surgimiento de este mito. Ellas
contienen un basamento objetivo si se toma como punto de referencia
el contexto social, económico y político que presentaba
la sociedad receptora durante los años 60 y 70. E incluso,
si se analizan los rasgos que caracterizaban a las dos primeras oleadas
de emigrantes cubanos en términos de su capital humano, social
y económico [xx] [xl].
En 1990
el Censo de Estados Unidos registró que residían en
ese país un total de 1 043 932 personas de origen cubano entre
inmigrantes y sus descendientes (o segunda generación) [xxi]
[xli]. Estos últimos apenas constituían el 27,5% de
la población total de cubanos, por lo que en su gran mayoría
la comunidad la conformaba entonces y sigue comportándose de
esta forma, la población que emigra desde Cuba.
Después
de 1990 esta cifra se ha incrementado. La diversificación de
las vías que se utilizan para emigrar en la actual década,
los Acuerdos del 1994 y su cumplimiento por ambas partes, así
como el propio crecimiento natural de la población cubana en
Estados Unidos, entre otros factores, posibilitan ese crecimiento.
Según
estimados realizados [xxii] [xlii] entre 1990-94, la población
cubana en Estados Unidos debió crecer en aproximadamente 70
mil personas, que ingresaron en los 4 años, más alrededor
de 40 mil como consecuencia del crecimiento natural de la población.
Ambas cifras sumadas a 1 043 932 sujetos censados en 1990, nos acerca
a 1 153 932 en 1994. El Statistical Abstrac of the United States 1997
nos dice por su parte, que la población de origen cubano ascendía
en 1995 a 1,156 000 entre inmigrantes y descendientes.
Una cifra
más exacta y actualizada resultado de un estudio al respecto
nos permite concluir que esta población debe estar ya por encima
de los 1,2 millones de personas, si tenemos en cuenta las salidas
que se han producido entre 1998 y el 2000.
El proceso
de estratificación de estos migrantes debe continuar manifestándose,
toda vez que en virtud de los acuerdos migratorios de 1994, es de
esperar el arribo a Estados Unidos de alrededor de 20 000 nuevos inmigrantes
procedentes de Cuba anualmente. Como recién llegados, no sólo
están sujetos al normal proceso de adaptación e inserción
en la sociedad que los recibe, sino que además, tendrán
que enfrentar un contexto mucho menos favorecedor en comparación
con el de los sesenta.
El patrón
de asentamiento histórico de los cubanos que llegan a Estados
Unidos, caracterizado por la concentración en el sur de la
Florida, no parece tener variaciones con las personas que han emigrado
en los años 90. De esta forma, aumenta la visibilidad del grupo,
al no diluirse en el resto del territorio norteamericano, por lo que
es de esperar que se hagan más evidentes las diferencias socioclasistas
al interior de la comunidad.
Las diferencias
más significativas en este orden pueden observarse en tres
grupos: la segunda generación, los emigrados que arribaron
antes de 1980 y aquellos que lo hicieron con posterioridad al éxodo
del Mariel y hasta 1990 [xxiii] [xliii].
El tránsito
de una primera a una segunda generación migratoria, ha ido
acompañado hasta el momento de una movilidad social ascendente.
Esta se expresa en que como tendencia, los miembros de la segunda
generación de las oleadas migratorias anteriores a 1980, ocupan
los mejores puestos de trabajo y reciben los más altos ingresos
como grupo.
Este
proceso para la segunda generación migratoria con de los que
emigraron en 1980 y con posterioridad, podría seguir un curso
diferente, en tanto los cambios experimentados en las condicionantes
que inciden en la movilidad social de estas personas. Ello indica
además que la segunda generación en sí misma
sería heterogénea en su composición.
El análisis
de la oleada migratoria de 1980 (Mariel), evidencia una situación
que la ubica en algunos indicadores analizados, tanto por debajo de
los migrantes que le antecedieron, como en peor situación respecto
a los que han arribado con posterioridad.
Tanto
por los datos valorados, como a partir de la observación participante,
parecieran existir grupos altamente vulnerables, como son los casos
de los cubanos no blancos y los ancianos que viven solos, particularmente
las mujeres. Sobre estos grupos se deben realizar estudio, ya que
aportan significativamente a la heterogeneidad del grupo de migrantes.
La localización
geográfica de los cubanos en Estados Unidos, ubica al 64,5%
de su población total en el Estado de la Florida. Es de esperar
que esta cifra, así como el total de cubanos residentes en
el país, haya experimentado variaciones significativas durante
los años 90’.
CONCLUSIONES
En la
proyección del tema migratorio entre Estados Unidos y Cuba,
cada uno de los elementos apuntados, ocupa un espacio singular. Todos
deben ser tomados en consideración y ponderados convenientemente.
La historia,
actualidad y tendencias futuras de la inmigración en Estados
Unidos, como principal país de inmigrantes en el mundo, indica
rasgos contradictorios. Sus exponentes máximos son tanto las
formas de control de la inmigración, legal e indocumentada,
así como el crecimiento demográfico de las llamadas
minorías en la sociedad estadounidense. El caso hispano es
el mas evidente, donde la minoría de origen cubano, si bien
no ocupa un espacio importante en cuanto a cifras se refiere, representa
una fuerza de consideración. La existencia del enclave del
sur de la Florida, y sus formas de inserción en el sistema
político norteamericano, la tipifican.
La relación
migratoria entre Estados Unidos y Cuba, pareciera que se proyecta
en el recién iniciado siglo XXI, con la reproducción
de varios de sus patrones históricos y el posible cambio de
otros, en tanto se modifique o no la dinámica del diferendo
bilateral entre los dos países. El impacto de este proceso
es definitorio en el cambio de las tendencias y las relaciones migratorias
entre ambos.
Coyunturalmente
pueden ocurrir procesos internos en los escenarios de los dos países,
que alteren y lleguen a modificar algunos de los componentes del problema
migratorio.
En Estados
Unidos por ejemplo, el endurecimiento de las medidas contra los inmigrantes
ilegales y en general un mayor control inmigratorio.
En Cuba,
la continuación del proceso de flexiblización de la
política migratoria y de su política hacia la emigración;
llegar a revertir la tendencia de una emigración definitiva
a otras formas de relaciones migratorias, beneficiosas tanto para
la nación, como para sus ciudadanos. Los resultados del proceso
de reanimación económica y social tanto de zonas neurálgicas,
como del país en general, intervienen decisivamente.
Estos,
serían factores de consideración, pero sujetos en última
instancia, al impacto en el tema migratorio del enfrentamiento entre
Cuba y Estados.
TABLA
3.
VISAS
OTORGADAS POR ESTADOS UNIDOS A TENOR DE LOS ACUERDOS MIGRATORIOS DE
1984.
PERIODO
VISAS
1985
1,227
1986
…
1987
-
1988
3,472
1989
1,631
1990
1,098
1991
1,376
1992
910
1993
964
1994
544
TOTAL
11,222
Fuente:
Discurso Fidel Castro. 3.8.99. Granma.
TABLA
4
INMIGRANTES
ADMITIDOS EN ESTADOS UNIDOS.
1995-1996
PAISES
1996
1995
CAMBIOS
CIFRA
%
México
163,572
89,932
73,640
81,9
Filipinas
55,876
50,984
4,892
9,6
India
44,859
34,748
10,111
29,1
Vietnam
42,067
41,752
315
0,8
R.P.China
41,728
35,463
6,265
17,1
R.Dominicana
39,604
38,512
1,092
2,8
Cuba
26,466
17,937
8,529
47,5
Ucrania
21,079
17,432
3,647
20,9
Rusia
19,668
14,560
5,108
35,1
Jamaica
19,089
16,398
2,691
16,4
Haiti
18,386
14,021
4,365
31,1
Korea
18,185
16,047
2,138
13,3
El Salvador
17,903
11,744
6,159
52,4
Canada
15,825
12,932
2,893
22,4
Polonia
15,772
13,824
1,948
14,1
Colombia
14,283
10,838
3,445
31,8
Reino Unido
13,624
12,427
1,197
9,6
Taiwan
13,401
9,370
4,024
42,9
Perú
12,871
8,066
4,805
59,6
Pakistán
12,519
9,744
2,745
28,1
OTROS
289,123
243,693
45,430
18,6
TOTAL
915,900
720,461
195,439
27,1
Fuente:INS.1998.
Citas
y Notas
[i] [xxi]
Poyo Gerald.E. “Con todos y para el bien de todos”. Editora
Ciencias Sociales, 1998
[ii]
[xxii] Olson, James S and Judith E.Olson: Cuban Americans from trauma
to triumph, Twayne Publishers, an imprint of Simon and Shuters McMillan,
New York.1995.
[iii]
[xxiii] Idem 22.
[iv]
[xxiv] Colectivo de Autores: Los Balseros Cubanos. “Pinos Nuevos”.Editorial
de Ciencias Sociales 1996
[v] [xxv]
Masud – Piloto, Felix R. With Opens Arms. Cuban migration to
the U.S. Rowman and Littlefield, New Jersey. 1988.
[vi]
[xxvi] Memorandum de Acuerdo entre el Ministerio de Relaciones del
Gobierno de Cuba y la Embajada de Suiza en La Habana, como Representante
de los intereses del Gobierno de Estados Unidos respecto al traslado
a Estados Unidos de cubanos que deseen vivir en Estados Unidos. Noviembre
de 1965.
[vii]
[xxvii] Act of November 2, 1966. Ley Pública 89-732, 80 Stat.
1161 Ley de Ajuste Cubano, noviembre de 1966/
[viii]
[xxviii] Gomis Redi, Hernandez Rafael. Retrato del Mariel: El ángulo
socioeconómico.CEA. La Habana. 1986
[ix]
[xxix] Castro Fidel. Comparecencia ante la televisión cubana.
24 de agosto de 1994.
[x] [xxx]
Idem 24.
[xi]
[xxxi] Idem 24.
Aja
Antonio. La emnigración en la Revolución Cubana.AUNA
– Cuba. Análisis de Coyuntura. Año 2. No.10. Nov.1998
[xii]
[xxxii] Anuario Estadístico del INS.U.S. 1992
[xiii]
[xxxiii] Conversaciones Cuba – Estados Unidos.Comunicado Conjunto.La
Habana 10 de septiembre de 1994.
[xiv]
[xxxiv] Idem 24
[xv]
[xxxv] Se refiere a las regulaciones inmigratorias aprobadas em 1997
[xvi]
[xxxvi] Estudios realizados por el CEAP.Universidad de La Habana.1999.
[xvii]
[xxxvii] Sobre Declaraciones Migratorias.Declaración Conjunta
Cuba – Estados Unidos.2 de mayo de 1995
[xviii]
[xxxviii] El Nuevo Herald. 31-8-99
Granma.
Enero.2000
[xix]
[xxxix] Díaz Marta , Aja Antonio. Análisis comparativo
de la Emigración Cubana hacia Estados Unidos según años
de entrada. CEAP. Universidad de La Habana. Octubre de 1998
[xx]
[xl] Idem.39, referencia 1
[xxi]
[xli] Idem.17
[xxii]
[xlii] Idem 39. Referencia 3.
[xxiii]
[xliii] Idem.39.