Pedro Remón: historia de un confeso criminal

Por Cira Rodríguez César
AIN
Agosto, 2004

Quienes conocen a Pedro Remón Rodríguez, uno de los confesos criminales indultados este jueves por la presidenta panameña Mireya Moscoso, dicen que es un asesino a sangre fría, con un gusto peculiar para ejecutar directamente actos terroristas y asistir a la agonía de sus víctimas.

Detenido e instruido por su participación en el intento de volar el paraninfo de la Universidad de Ciudad Panamá, en ocasión de la X Cumbre Iberoamericana, para acabar con la vida del mandatario cubano Fidel Castro, Remón está hoy en libertad en verdadero irrespeto a la justicia y la dignidad humana.

Su larga historia de asesinatos y complots terroristas lo llevarán a seguir de la mano de su "maestro" Luis Posada Carriles y sus otros compinches Guillermo Novo Sampoll y Gaspar Jiménez Escobedo.

Nacido en l945, Remón Rodríguez abandonó Cuba en 1960 para ser entrenado por la CIA en Fort Benning como uno de los "especialistas" en armas y explosivos que intervendrían en la invasión por Playa Girón.

Derrotada la aventura militar, pasó a las filas de organizaciones terroristas anticubanas creadas por la inteligencia norteamericana. El FBI lo conoce a fondo por su trayectoria terrorista durante muchos años.

Su expediente refleja los estrechos lazos de Remón con Posada Carriles, y los vincula por primera vez a actividades violentas luego de su arresto en octubre de 1982 por transportar armas y explosivos destinados a dar muerte a Raúl Roa Kourí, entonces jefe de la misión cubana ante la ONU.

Es conocido que en compañía de otros terroristas intentó, el 23 de julio de 1976, el secuestro del cónsul cubano en la ciudad mexicana de Mérida, Daniel Ferrer Fernández, en el que resultó asesinado el técnico de la Flota Camaronera Caribe, Artagnan Díaz Díaz.

Luego de varios meses en prisión logró evadirse, y un año después fue detenido por las autoridades norteamericanas, acusado de violar la Ley de Neutralidad del Gobierno de EE.UU., aunque fue puesto en libertad rápidamente.

En diciembre de 1979, Remón participó en la colocación de una bomba en la misión cubana en la ONU, ese propio mes colocó otro artefacto explosivo en la entonces representación soviética ante el máximo organismo internacional, y poco después en la oficina de Aeroflot en Nueva York.

Al prestar declaraciones ante el FBI, su concubina, Nellie Monzón, explicó que él nunca viajaba si no llevaba consigo explosivos y varias armas de diferentes calibres.

En septiembre de 1982, por cuenta del grupo criminal Omega 7, Pedro Remón puso una bomba en el consulado de Venezuela en Miami, como parte de las acciones para lograr la excarcelación y envío a los Estados Unidos de Orlando Bosch, una de las principales figuras en la voladura de un avión comercial cubano sobre las aguas de Barbados.

A ello se suma la colocación de una veintena de bombas en varias ciudades norteamericanas, el asesinato por su mano del diplomático cubano ante Naciones Unidas, Félix García, y la ejecución del emigrado Eulalio José Negrín, frente a su pequeño hijo, por ser proclive al diálogo con la Isla.

Pedro Remón integró también Abdala, una de las organizaciones más terroristas de toda la historia de la contrarrevolución; después militó en la Organización para la Liberación de Cuba, cuyo jefe estuvo vinculado en el asesinato de Carlos Muñiz Varela, en Puerto Rico.

Precisamente por su vinculación con ese crimen, su dossier acaba de ser solicitado oficialmente ante la Comisión senatorial que investiga la muerte de Muñiz Varela.

Un peligroso matón, producto del entrenamiento "especial" dado por la CIA para ponerlo en práctica en acciones terroristas, "dotes" no reconocidas al ser arrestado en 1986 y condenado a 10 años de cárcel y 20 mil dólares de multa.

Pero el criminal personaje, una vez liberado, no tardó en sumarse a las actividades del terrorista Luis Posada Carriles, refugiado en El Salvador con la bendición de las más altas autoridades y de los círculos mafiosos de esa nación.

Radicó en Miami, sin tener más problemas con las autoridades, y reapareció en Panamá, al momento del fracasado intento de atentado contra el Jefe de la Revolución Cubana que, de haber tenido lugar, hubiera provocado miles de muertes.

Pero el impúdico favor de la presidenta Moscoso avivará las apetencias de quienes aman el crimen como a sí mismos, para demostrar una vez más su fidelidad a la ultraderecha conservadora de los Estados Unidos.