Publicada en Ucrania compilación de Reflexiones del compañero Fidel
UCRANI 20 de marzo de 2009.- Ante unos 50 medios de información masiva se presentó en la Embajada de Cuba en Ucrania el libro titulado “Fidel Castro. Reflexiones del Comandante de la Revolución”, que contiene una selección de los principales artículos del compañero Fidel, compilados en un libro por primera vez en lengua rusa. Asistieron como invitados Diputados de la Rada Suprema de Ucrania, pertenecientes al Partido de las Regiones, al Partido Comunista y al Bloque de la Primera Ministra, Yulia Timoshenko, así como miembros de la Directiva de la Asociación de Amistad Ucrania – Cuba y hombres de negocios.
En la Conferencia de Prensa celebrada con el propósito de lanzar el libro, el Embajador cubano en esta capital, Félix León Carballo, agradeció a Dmitri Tabachnik, Diputado al Parlamento de Ucrania por ser el iniciador de este proyecto, para el que escribió un prólogo que, según palabras del Jefe de la Misión cubana, “solo puede escribirlo un verdadero amigo de Cuba y conocedor de nuestra historia”. Además, significó la rapidez con que se llevó a cabo el trabajo por parte de la Editora “Folio” de la ciudad de Jarkov.
El Diputado del Partido Regiones admitió su interés por la figura del líder de la revolución cubana y señaló que en los 58 ensayos compilados, - escritos entre marzo de 2007 y noviembre de 2008 – se abordan los más variados temas de interés mundial, desde los cambios climáticos hasta la producción de biocombustibles, pasando como es claro, por la política de Estados Unidos hacia la mayor de las Antillas. Asimismo, Tabachnik rememoró sus encuentros con Fidel, en uno de los cuales le entregó la Orden Yaroslav el sabio, una de las más importantes de Ucrania. “No he conocido hasta ahora un Jefe de Estado que pueda conversar con tal profundidad sobre temas tan disímiles y logre, con precisión enciclopédica, citar los más diversos datos estadísticos”, subrayó el político ucraniano al referirse a Fidel.
El también vicepresidente del Grupo parlamentario de Amistad con Cuba reconoció los logros del país caribeño fundamentalmente en la esfera social, a pesar de estar bloqueado económica y financieramente por la nación más poderosa del mundo, y significó el hecho de que durante casi 19 años los médicos cubanos han prestado atención médica gratuita a más de 22 mil niños ucranianos, víctimas de la catástrofe nuclear de Chernóbil.
Por su parte, Alexander Krasavitsky, Director de la Editorial que tomó a su cargo la realización del libro expresó su satisfacción por la exitosa conclusión del proceso de edición y agradeció a la Embajada la rápida gestión de las formalidades necesarias. Explicó además que la tirada inicial es de 2500 copias, mil de las cuales están en venta en Moscú, las otras se encuentran en toda Ucrania y se pueden encargar por Internet. Al manifestar su orgullo por que fuera precisamente su Editorial la que publicara esta compilación, Krasavitsky aseguró que se trata de un libro internacional, no solo por que la figura de Fidel lo es, sino porque los problemas que se tratan en él son de una actualidad que concierne al mundo entero. (Cubaminrex-Embacuba Ucrania)
Prólogo de la compilación de las Reflexiones del compañero Fidel, escrito por el Doctor en Ciencias Históricas Dmitri Tabachnik, Diputado al Parlamento de Ucrania.
“La ciencia más amena es seguir el pensamiento de un gran hombre”. A. S. Pushkin
“Dios no está en la fuerza, sino en la verdad”. Esa frase del venerable príncipe Alejandro Nevski pudiera aplicarse por completo a Fidel Castro, una de las figuras históricas más célebres del siglo XX. En 1959, el propio Comandante, luego del triunfo de la revolución, expresó una frase parecida en cuanto al contenido: “Nuestra revolución comenzó con 82 hombres. Si tuviera que hacerlo de nuevo, me encantaría hacerlo con 10 o 15 y absoluta fe. No importa lo pequeño que son, si usted tiene fe y plan de acción”.
La fe del Comandante siempre ha sido tan inmensa que se ha convertido en una devastadora fuerza material, un factor real que le ha brindado la posibilidad de vencer en situaciones donde no ha existido esperanza alguna. La fe es inseparable de la grandeza del líder cubano como revolucionario, estadista, creador. Pero su grandeza difiere de la de Alejandro Magno, Timar Lang o Napoleón Bonaparte. Todo lo externo no tiene, en principio, importancia para el Comandante, él no tiene ni gota de arrogancia. El piensa en el bienestar de su pueblo, recuerda también a otros. El Comandante no tiene fronteras estatales para la justeza y la caridad, a él no le surge la pregunta de ¿por quién doblan las campanas? Sobre estadistas como él, Federico Nietzsche expresó que sólo es verdaderamente grande aquel que muestra el camino. Fidel Castro no solo ha mostrado el camino de Cuba, sino que ha demostrado al resto del mundo la posibilidad de una nueva vía de desarrollo ajena al paradigma de la inespiritualidad mercantil. Sin duda, sin el líder cubano, nuestro mundo sería diferente…
La vía del Comandante no es la lucha por el poder, que nunca por sí sola le ha interesado al célebre cubano. El hecho de que cuando lo consideró necesario, Fidel Castro, por propia voluntad, renunció a los cargos que ocupaba, lo demuestra fehacientemente. Para el Comandante, el poder tiene valor exclusivamente por la posibilidad que brinda de materializar principios morales, sobre los cuales creó la nueva Cuba. En la práctica, estos son los valores básicos de la moral tradicional de la civilización cristiana, actualmente desmoronados metódicamente por el Moloc de la globalización. Es asombroso el coraje con el que el futuro estadista, a similitud de los primeros mártires del cristianismo, se enfrentaba a la tiranía. Él no sopesaba las posibilidades de vencer, no las consideraba, sino que seguía el legado del “filósofo en el trono”, el emperador romano Marco Aurelio Antonio: “Haz lo que debes y venga lo que venga”. Y, en lo adelante, toda la actividad política y estatal de Fidel Castro ha estado basada en este paradigma formulado por un gobernante nada ingenuo de un poderoso imperio mundial.
El camino de Fidel Castro “a través de las espinas hacia las estrellas” comenzó por un paso abnegado, casi heroico, el anhelo de, como se expresa en el Evangelio de
Juan, “dar la vida por los hermanos”. Luego de terminar la Facultad de Derecho de la Universidad de la Habana, el joven abogado comenzó a hacerse cargo gratuitamente de casos de gente pobre, cuyos derechos existían sólo en el papel, que no encontraban quienes les ayudaran y defendieran. Se convenció por sí mismo que era imposible lograr justicia abajo si arriba reinaba una total arbitrariedad. Al igual que en la Ucrania naranja, en Cuba existía un poder ejecutivo y judicial totalmente corrupto y el país era gobernado por el dictador Fulgencio Batista, quien había arribado al poder como resultado de un golpe de estado organizado y financiado por los Estados Unidos. El “hijo de mala madre” de turno de Washington pisoteó lo que quedaba de parlamentarismo y legalidad (al igual que hizo su par ucraniano en el año 2007), el congreso fue disuelto y sus funciones fueron asumidas por el gobierno, y se hacía añicos la Constitución. Como vemos, en diferentes momentos, la labor de los títeres ha sido planificada siguiendo un mismo patrón…
El joven abogado no analizaba la proporcionalidad de las fuerzas y la conveniencia política. Al igual que el David bíblico, él, de forma solitaria, retó intrépidamente al todopoderoso Goliat con su ejército, servicios especiales y jueces. Fidel decidió demostrar la criminalidad de los actos de la dictadura, recopiló pruebas de las acciones ilegales del tirano y exigió al tribunal de urgencia de La Habana una sentencia. Castro declaró que al negarse a analizar objetivamente los materiales presentados y dictar una sentencia, los jueces anularían el propio concepto de justicia: “Si existen tribunales, Batista debe ser castigado, y si Batista no es castigado y sigue como amo del Estado, Presidente, Primer Ministro, Senador, Mayor General, Jefe Civil y Militar, Poder Ejecutivo, Poder Legislativo, dueño de vidas y haciendas, entonces no hay justicia”.
Estas palabras tienen gran actualidad para Ucrania, que precipitadamente se acerca al establecimiento de una dictadura totalitaria nacional, en la que la democracia se destruye planificada y consecuentemente, el Secretariado del Presidente ha ocupado el lugar de la ley y del tribunal honesto y el Consejo de Seguridad de Ucrania no se queda relegado de la policía secreta de Batista.
El ataque al cuartel Moncada y el legendario desembarco del yate Granma, que marcó el comienzo del alzamiento del pueblo cubano contra el régimen de Batista, no resultan menos altruistas en aras de alcanzar el objetivo trazado. Las fuerzas de los rebeldes eran tan ínfimas que nadie, a no ser los compañeros de lucha cercanos al Comandante, podía pensar que la revolución triunfara. Pero sucedió el milagro que nunca podrán explicar los apologistas de la “política pragmática”. La fuerza de la verdad y la fe que emana de Fidel Castro resultó tan potente que la mayoría de las unidades gubernamentales enviadas para destruir al Comandante, comenzaron a pasarse a su bando.
El 14 de diciembre de 1957, en medio de los combates en la Sierra Maestra, cuando en cualquier momento el guía de la revolución podía perecer producto de una bala, él escribió: “Para caer con dignidad no hace falta compañía”. Estas serenas palabras demuestran cómo un verdadero líder debe responder ante su pueblo y su conciencia. Fidel Castro demuestra su fidelidad al deber hasta el día de hoy, lo que obliga a replegarse incluso a los más acérrimos enemigos de la Isla de la Libertad.
Durante medio siglo, la pequeña Cuba ha resistido con coraje el embate de la gigantesca maquinaria imperial de los Estados Unidos, dirigida a poner fin a la independencia y la soberanía de la República de Cuba. Eliminar el poder del pueblo y personalmente a Fidel se convirtió en asunto personal de muchos presidentes norteamericanos. Para ello se ha empleado todo un arsenal de medios, incluso el desembarco en Playa Girón de “gusanos” armados hasta los dientes y cuidadosamente entrenados. Resulta asombrosa la cantidad de recursos y esfuerzos invertidos por Washington para eliminar al líder nacional de la república popular, para lo cual han empleado más de 120 millones de dólares. Pero resulta particularmente impresionante el número de intentos de la CIA para asesinar al Comandante. Durante la presidencia de Dwight Eisenhower fueron planeados 38 intentos de asesinato, en la de John Kennedy – 42, la de Lindon Jonson – 72, Richard Nixon – 184, Jimy Carter – 64, Ronald Reagan – 197, George Bush - padre – 16 y 21 en la de Bill Clinton. Seguramente pronto conozcamos del trabajo realizado por George Bush – hijo… A pesar de los esfuerzos titánicos de Lengly, Cuba ha resistido, la presión de la superpotencia no ha podido doblegar la voluntad del pueblo que sabe por qué lucha.
El propio Fidel Castro explica la causa de la firmeza del pueblo cubano al expresar: “El imperio debe saber que nuestra Patria puede ser convertida en polvo, pero los derechos soberanos del pueblo cubano no son negociables”. Y precisamente, como para el líder cubano los derechos soberanos del pueblo cubano no eran negociables, al igual que tampoco eran negociables los principios, fracasaron los esfuerzos del vecino imperio de imponer un gobierno títere, por ello fracasaron las tentativas de organizar un show al estilo de las “revoluciones de colores”. En Cuba no existen oligarcas que saqueen al país ni una dirección estatal corrupta que venda las ideas nacionales. Los cubanos saben que defienden no una ideología abstracta ni los intereses de las bolsas de dinero, sino el honor y la independencia de su Patria. Resulta demostrativo que durante todo este tiempo de política anticubana ninguno de los presidentes norteamericanos se haya decidido a emplear las fuerzas armadas, pues comprenden la grandeza de las fuerzas del enemigo y, por consiguiente, las bajas que les infligirían. Los americanos no se decidieron a una intervención, incluso a finales del siglo pasado, cuando quedaron como el único centro de fuerzas a nivel mundial.
Fidel Castro ha demostrado que se puede alcanzar asombrosos éxitos profesando ideales diametralmente opuestos a los mitos plenamente impuestos de la globalización atlántica. La experiencia de Cuba no ha sido estudiada en la medida que se merece, pero no podemos dejar de ver unos de los mejores sistemas de enseñanza y salud pública existentes en el mundo, una economía que se desarrolla dinámicamente, un poder abierto y verdaderamente honesto. Resulta agradable maravillarse del “socialismo sueco”, pero para lograrlo se requieren muy altos impuestos y la inexistencia de una amenaza externa. El país que ha soportado por decenas de años las sanciones norteamericanas, ha sabido construir un modelo de estado socialista no menos impresionante. Y si la neutralidad de Suiza en las dos guerras mundiales ha favorecido esencialmente su concepto social, Cuba ha creado un Estado para la gente sencilla en condiciones de recio bloqueo.
La viabilidad del sistema cubano fue confirmada en el “período especial” de los años 90, cuando, luego de la desintegración de la URSS y soportando una increíble presión, Cuba logró alcanzar un nuevo nivel cualitativo y desarrollar de manera creativa la ideológica, lo que abrió nuevos horizontes, según evidencia el creciente volumen de inversiones extranjeras. Fidel Castro sin vacilación dejó a un lado los postulados del socialismo marxista-leninista clásico y declaró que el mismo tiene un carácter especial en la isla caribeña, lo que resultó un factor importante en la renovación y modernización del país.
El Comandante convirtió de hecho a Cuba de protectorado norteamericano en un Estado con una posición bastante ponderable en el mundo. No se puede hallar una mejor ilustración a la tesis sobre un mundo multipolar de “complejidad floreciente” del orden mundial actual, un mundo en el que no puede resultar duradero el monopolio de las fuerzas y la ideología.
Al mismo tiempo, Cuba ha demostrado que una verdadera política eficaz siempre es moral. Ello se refleja tanto dentro del país, donde se le pone inmediato coto a la corrupción y los ministros viajan en viejos automóviles y viven de un modesto salario. En la esfera de las relaciones internacionales, Cuba sigue esa misma política moral. Para el Comandante no existen problemas y amigos ajenos que pasen al plano de innecesarios. Basta recordar su actitud ante la intentona golpista organizada por la administración de George Bush en abril del año 2001 en Venezuela. Fidel Castro se comunicó personalmente con uno de los dirigentes de la intentona golpista, el general Vásquez Velasco y le exigió, para evitar derramamiento de sangre, la liberación del presidente legítimo Hugo Chávez. Cuando Velasco se negó, el propio Comandante se dedicó a romper el bloqueo mediático organizado por Washington sobre los acontecimientos en Venezuela. Fidel Castro expresó después al respecto: “Yo me había convertido en una especie de reportero de prensa que recibía y transmitía noticias y mensajes públicos, con el simple uso de un celular. Era testigo del formidable contragolpe del pueblo y las Fuerzas Armadas Bolivarianas de Venezuela”.
No resulta menos elocuente otro ejemplo de los principios morales del Comandante. Los ricos Estados Unidos no han atendido gratuitamente ni a un solo niño enfermo ucraniano, mientras que, gracias al programa estatal cubano vigente, se ha salvado la vida de miles de nuestros niños. La tecnología médica, las relaciones paternales de los médicos, únicos, que no poseen análogos en otros países, así como el clima ideal de Cuba hacen, sin exageración, milagros.
En los últimos años, bajo la égida de Fondo Juvenil Ucraniano de Chernóbil, creado y encabezado todo este tiempo por Alexánder Bozhkó, quien atiende el programa por la parte ucraniana, han sido enviados a recibir tratamiento más de 22 mil niños. He visitado en varias ocasiones el maravilloso campamento de Tarará, brindado por Cuba para los niños ucranianos, ubicado a orillas del mar, y no fueron las condiciones de estancia ni el moderno equipamiento médico del que pocos pueden disponer en los países más ricos, lo que más me impresionó. Lo que más impresiona y conmueve son los ojos de los infantes que han vuelto a renacer. Resulta difícil encontrar las palabras adecuadas para describirlo, pues en los años más difíciles, luego de la desintegración de la Unión Soviética, cuando todos consideraban que Cuba estaba condenada, se mantuvo intocable el programa de tratamiento gratuito a los niños afectados por el accidente de Chernóbil.
Fidel Castro nunca habla de la proeza de humanismo como algo excepcional. Para él, esto es solo una conducta habitual; sencillamente el líder cubano no puede imaginarse que no se pueda brindar ayuda a niños enfermos. Aquí no podemos dejar de ver la manifestación suprema del espíritu cristiano, aunque, con respecto al revolucionario, esta tesis puede resultar algo inesperada. Pero resulta inesperada sólo a primera vista. La creación de una nueva Cuba ha ejercido una influencia colosal en la teología de la liberación, apoyada por millones de católicos. También resulta muy cercana al espíritu de humanismo cubano la concepción social de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Los ortodoxos nunca olvidarán la gran ayuda brindada por Fidel Castro y Raúl Castro en la construcción en La Habana de la catedral de Nuestra Señora de Kazán. Como expresara Kirill, entonces metropolita de Smolensk y Kaliningrado (electo en enero de 2009 Patriarca de Moscú y Toda Rusia), quien arribara a Cuba para participar en la consagración solemne de la catedral, “Cuba no es el país más rico del mundo, por ello, ante nuestros ojos este gesto resulta más valioso y sincero. Los cubanos son el único pueblo en el planeta que con sus propios esfuerzos han construido un templo ortodoxo ruso en su territorio”. Las palabras sinceras de uno de los más venerables jerarcas y destacado devoto de la ortodoxia, demuestran la genuina actitud de la dirección del Estado cubano con respecto a los preceptos de Cristo.
Resulta demostrativo que el “religioso” Yúshenko, que adora poner velas delante de las cámaras de televisión (y paralelamente engullir tocino durante la Cuaresma), siendo aún primer ministro, intentó en dos ocasiones poner fin al programa cubano-ucraniano, lo que hubiera condenado a muerte a muchos niños. Es en extremo curioso cómo sus viceministros primeros explicaban la necesidad de poner fin al tratamiento de los niños en Cuba. Según ellos, allí los niños… “adquirirán una ideología hostil”. Entonces yo, como diputado del pueblo de Ucrania, tuve que hacer ingentes esfuerzos para evitar que se aprobara ese acuerdo criminal. Luego que el Gabinete de Ministros ignorara la opinión de los parlamentarios, me dirigí directamente al Presidente de Ucrania, Leonid Kuchma. El jefe de estado resolvió inmediatamente el problema y hasta el año 2005 a nadie más se le ocurrió materializar sus complejos ideológicos cavernícolas de inferioridad a costa de la vida de los niños. La dirección “naranja” emprendió un nuevo intento de cerrar el programa, pero sólo la creación de un Gobierno de Coalición Nacional evitó que se eliminara. Como vice- primer ministro para los asuntos humanitarios, hice todo para que el Estado apoyara la atención de los niños en Cuba; y ya no será posible destruir lo logrado.
En el fondo del eterno agradecimiento de las madres de los niños salvados se destaca de manera infame el servilismo de Yúshenko, que velozmente estuvo dispuesto a cumplir las encomiendas de los amos de Washington de apoyar la resolución anticubana en la ONU. Resulta ridículo oír hablar de “falta de democracia” a un Jede de Estado que se dedica de forma consecuente a fascistizar, a instaurar una total censura ideológica, e incluso que ha llegado a intentar establecer una responsabilidad penal por la discusión histórica. Los comunistas Fidel y Raúl Castro defienden el derecho de los creyentes de todo tipo de confesiones, al tiempo que el “demócrata” Yúshenko, con su manía de crear una “iglesia nacional única”, pisotea cínicamente el principio constitucional de libertad de culto y ultraja de forma consciente a sus conciudadanos creyentes. Sin embargo, el pueblo ucraniano conoce el precio de la “democracia” de maidan[1], que ha entregado al país al saqueo por parte de la familia americano-joruzhevkana[2] y de los fámulos que le rodean.
Cuba no tiene que justificarse por nada ni ante nadie, avanza por su camino difícil, pero propio, a pesar que su concepto de libertad no coincide con el enfoque de la Casa Blanca.
Fidel es quien mejor ha caracterizado toda la intríngulis del anhelo norteamericano de “democratización”, la hipócrita preocupación por supuesta violación de los derechos humanos: “Medio siglo de bloqueo les parecía poco a los predilectos. ¡Cambio, cambio, cambio!, gritaban al unísono. Estoy de acuerdo, ¡cambio!, pero en Estados Unidos. Cuba cambió hace rato y seguirá su rumbo dialéctico. ¡No regresar jamás al pasado!, exclama nuestro pueblo.
¡Anexión, anexión, anexión!, responde el adversario; es lo que en el fondo piensa cuando habla de cambio.
Martí, rompiendo el secreto de su lucha en silencio, denunció el imperio voraz y expansionista ya descubierto y descrito por su genial inteligencia, más de un siglo después de la declaración revolucionaria de independencia de las 13 colonias.”
A los que desean “democratizar” Cuba, a los bienhechores transoceánicos yo les recomendaría primero dirigir su atención hacia las limítrofes Ucrania, Georgia, Letonia y Estonia, donde las autoridades instauran un abierto etnofascismo, con una oprobiosa división por rasgos nacionales o idiomáticos, que llega, incluso, al intento de eliminar de la faz de la tierra a los pueblos no deseados mediante sistemas de fuego de salva. O, por ejemplo, ocuparse de la tristemente “célebre” cárcel de Guantánamo, que nos hace recordar las mazmorras de la gestapo…
La dirección de Cuba testimonió una vez más su alto patriotismo, firmeza y fidelidad al compromiso asumido con su pueblo al neutralizar la agentura norteamericana y atajar el terrorismo financiado por los Estados Unidos.
Esa toma de conciencia le faltó a la mayor parte de la pseudoélite postsoviética, que entregó fácilmente los intereses nacionales y no ofreció resistencia alguna de seriedad a los golpistas dirigidos desde el exterior.
Ese mismo el alto sentido de responsabilidad ante el país y su futuro llevó a Fidel Castro a abandonar el poder, garantizando así la continuidad de la política llevada a cabo. Después de renunciar a los cargos en el Estado, el Comandante sigue siendo el líder espiritual con una indiscutible autoridad y continúa la lucha comenzada en el lejano 1953 por la construcción de una sociedad justa.
Liberarse de la carga del trabajo estatal diario le ha permitido a Fidel Castro concentrarse en el análisis filosófico de procesos globales y escribir con ese nivel de sinceridad extrema que no puede alcanzar a priori ningún jefe de Estado.
El libro que presentamos, me recuerda, en gran medida, la gran obra de Marco Aurelio Antonio “Meditaciones”. Al igual que en la obra del destacado gobernante romano, impresiona la profundidad de las ideas y la amplitud de los temas, la visión del mundo en todas sus manifestaciones como un todo único, la habilidad de analizar en el fragmento la esencia oculta de fenómenos o acontecimientos, las meditaciones de una de las mayores autoridades intelectuales de la contemporaneidad no se pueden ver como una obra periodística debido a la agudaza política de las mismas. La obra periodística es efímera, en unos meses resulta solo interesante para los politólogos profesionales y al cabo de unos años para los historiadores. Pero, a pesar que lo que escribe el Comandante se basa en acontecimientos concretos que tienen lugar en el mundo, y que presenta un análisis detallado de los mismos, su trabajo tiene, indiscutiblemente, un valor filosófico. Fidel Castro no se esfuerza en lo más mínimo en acentuar el carácter filosófico de sus reflexiones, pero todo su contenido está tan impregnado de ideas no pasajeras que resulta imposible no percatarse de ello. Para mí resulta evidente que pasarán siglos y la obra de Fidel Castro se leerá con tanto interés como leemos hoy a Tito Libio, Plinio o Publio Cornelio Tácito. A pesar que los pormenores de la política del imperio romano descritos por brillantes historiadores y pensadores de la antigüedad no nos conmueven de forma especial, vemos en sus obras una verdadera filosofía y salta a la vista el paralelo con el día de hoy.
El intelecto y el carácter sistémico del pensamiento de Fidel Castro no pueden dejar de sorprendernos. Recuerdo la amplia cantidad de temas de carácter global, que van mucho más allá del marco de las relaciones ucraniano-cubanas, que abordó el Comandante en nuestro primer encuentro, como jefe de la delegación estatal de Ucrania en mayo de 1996. Se percibía que el líder cubano tenía formada una opinión sobre cualquier problema mundial. Por ejemplo, me asombraron las ideas perfectamente argumentadas del Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba acerca de la situación geopolítica en Asia Central, del ulterior crecimiento económico estable de Kazajstán y su parteneriado estratégico con Rusia. Cabe señalar que en el tiempo transcurrido, los pronósticos de Fidel Castro se han cumplido hasta en el más mínimo detalle.
En las reflexiones de Fidel Castro se concentran la experiencia de la guerra contra la tiranía y la construcción de una nueva Cuba que, en muchos aspectos, reviste particular actualidad para Ucrania. Para nosotros debe constituir un ejemplo el hecho que Cuba logró, en condiciones difíciles, derrotar la dictadura mercenaria y crear un Estado en el cual el hombre resulta el valor primordial, y la justicia para cada ciudadano no resulta una vana declaración. La República de hombres libres nunca se ha rendido, no ha contraído “compromisos” de traición al camino recorrido, a los valores vitales, a sus ciudadanos y, como resultado, ha vencido. Es por ello que el nombre de Fidel Castro siempre va a sonar para todos en el mundo como toque de rebato que clama verdad y justicia.
El Comandante ha mostrado un ejemplo de cómo debe ser el verdadero líder estatal y espiritual y lo grande que resulta su papel en la historia. Recordar esto, desprendernos del determinismo histórico que resta a la persona responsabilidad moral por lo acontecido, nos brinda la posibilidad de comprender el drama histórico del siglo XXI y no ser sólo un espectador impasible.