Desde República Dominicana: Al compañero Fidel
REPÚBLICA DOMINICANA, 18 de agosto de 2008. ¡Cumpliste 82 años! ¿Quién lo iba a pensar? ¿Quién iba a suponer siquiera que saldrías vivo de la universidad? ¿Quién era tan loco para imaginar que saldrías ileso del asalto al cuartel Moncada? ¿Que saldrías de la cárcel? ¿Que la historia de absolvería? ¿Que no se te pegaría un tiro en la cabeza o en el corazón durante el desembarco? ¿Que no morirías como Martí en Dos Ríos intentando alcanzar la gloria con las manos para ver su pueblo libre de las ataduras del verdugo de entonces? ¿Acaso era posible predecir que saldrías vivo de la Sierra Maestra, que un día llegarías a la Habana, victorioso, cargado en los brazos del pueblo, con la sonrisa ancha y profunda del Che, con las barbas gloriosas de Camilo, con el fusil apuntando hacia el porvenir del combatiente desconocido?
¿Quién, si no tú, podía apostar a la vida desafiando la muerte todo el tiempo? Sólo tú, que hiciste del pensamiento de Martí tu guía para la acción, pudiste salir vivo del Moncada, del Granma, de la Sierra Maestra, de la invasión de Bahía de Cochinos y de los cientos de intentos de asesinarte patrocinados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
Sin dudas te protege un ángel. Se llama: José Martí. No puede ser otro. Por eso, cuando te preguntaron quién era el responsable intelectual del asalto al cuartel Moncada pudiste decir con orgullo que se llamaba José Martí, el apóstol, tu padre y el de todos los que amamos la libertad y la dignidad. Ya lo dijo el maestro, “en el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana.”
Tú recogiste el decoro de los que no tenían decoro. Es por eso que tu pueblo no se arrodilla ante el imperialismo, ni ante nadie por grande o poderoso que sea.
Juan Pablo Duarte, nuestro ilustre Padre de la Patria cuando advirtió: “Nuestra Patria ha de ser libre de toda potencia extranjera o se hunde la isla”, parece que no sólo le hablaba a los dominicanos; también le hablaba a los hermanos cubanos, que han tenido que pagar un precio muy alto por labrarse su propio destino. Cuba seguirá siendo “libre de toda potencia extrajera o se hunde la isla.”
Compañero Fidel, han pasado 82 años desde que naciste. La revolución ya tiene casi medio siglo. ¡Cómo pasa el tiempo! Las grandes potencias creyeron que no duraría, que la revolución sucumbiría por las buenas o por las malas.
Comandante, hay quienes esperan ansiosos tu muerte. Los muy imbéciles no saben que los hombres como tú no mueren nunca, no se dan cuenta que hace mucho tiempo que burlaste la muerte.
Hoy cumpliste 82 años, luego serán 83, dentro de poco cumplirás cien años, luego 200 y posteriormente mil años. Mi comandante en jefe, tú cumplirás años todos los años, por los siglos de los siglos. El tiempo es un invento del hombre para medir su paso por la vida. La muerte no se hizo para ti. Ni el tiempo.
Tú no eres de los buenos que luchaste un año, ni de los mejores que lucharon muchos años; eres de los que han luchado toda la vida. Eso te hace imprescindible, te hace eterno, te convierte en Dios, como Martí.
Hace años, el 2 de diciembre de 1976, dijiste: “Nuestra Revolución nació así de una pequeña semilla que hoy se ha convertido en gigantesco árbol; es sueño secular de ayer transformado en hermosa realidad de hoy, voluntad de pueblo convertida ya en un pedazo irreversible de la historia”. Eso eres tú, Compañero Fidel, “un pedazo irreversible de la historia” de tu pueblo y de la humanidad, porque tú no eres un patrimonio político y cultural del pueblo cubano; eres un patrimonio histórico de la humanidad.
La historia del siglo pasado y de este siglo no puede escribirse sin tu nombre en páginas gloriosas de oro. La historia de las ideas políticas de todos los tiempos no se puede escribir sin tu nombre. La historia de tu pueblo no se puede escribir sin tu nombre. Siendo así, ¿cómo se le ocurre a alguien pretender matarte si eres la vida que venció a la muerte y al tiempo?
Compañero Fidel, permíteme brindar por ti, por tu salud. Permíteme brindar por tu pueblo, que lamento no sea tan mío como lo fue del Che. Aunque se que no te gustan esas cosas, permíteme levantar mi copa y gritar: ¡Gloria eterna al camarada Fidel! (Cubaminrex-Embacuba República Dominicana-J. Taveras Hdez./El Nacional)