Una reflexión en verso para celebrar el cumpleaños de Fidel.
Desde la Sierra Maestra, cumbre de tus ochenta y cinco años,
¿qué es lo que ves cuando le echas un vistazo
al largo recorrido cuesta arriba siempre que hasta acá te llevó?
Se originó este trayecto en un sendero arduo y explorador que conoció un jovencito
por la pobreza campesina interminable y las calles corruptas de La Habana donde
para Cuba los sobrinos mafiosos de los Yanquis apostaron con matones y especuladores.
¿Qué es lo que ves, Comandante, cuando escudriñas
más de medio siglo de revolución?
Cultivos de escolares; lugares de trabajo amurallados; el esfuerzo compartido del progreso material;
Un campesino enderezado hacia arriba, signo de exclamación de su propia pregunta;
Y entre la Moncada y la Playa Girón, un pueblo que recobra una consciencia perdida.
Sin duda alguna tus ojos de tales memorias deben de estar llenos y hasta rebosantes.
No obstante también ves las sombras de las nubes que se ciernen sobre tu isla:
Los cumulonimbos crecen más voluminosos; una lluvia nuclear amenazante;
un asedio de cincuenta y dos años; una bomba – un aluvión de mentiras; un bloqueo asfixiante;
638 complots de asesinato (y aun ahora volverían a intentarlo);
Una nube estacionaria de mendaces; el ultraje irresoluto de Guantánamo.
Sin embargo permanece la historia cubana – olas imperiales de la arremetida que decaen en la arena.
El estar entre la espada y la pared: los mismos dilemas que Toussaint los enfrentaste tú,
para entonces determinar quiénes son los aliados y enemigos.
Al igual que él, luchaste, casi pierdes, y quebraste el potro
sobre el que sufría tu patria, la liberaste de los grilletes dorados, y cuando estaba libre
conoció la rabia irracional del derrotado amo que quiere que le vuelva su querida esclava.
Es lo que desean todos, que sean los emperadores estrellados o Napoleón.
Tan claro debe de ser todo esto desde las alturas de la Sierra Maestra
Me pregunto cómo se ve Cuba ahora desde la vista esta:
una jovencita delante de un espejo, hermosa, estremeciendo de decisiones no tomadas;
una hija, a media voluntad deseosa de irse de casa pero afligida por serte fiel.
En una máquina afuera, el Yanqui y su señora aguantan, con ajorcas de oro y la persuasión más pura y pulverulenta.
Cuba, como un flan temblando frente al espejo, sus ojos cuestionadores oscilan de la izquierda a la derecha
Yo también estoy estremeciéndome. Hasta recordarme: La criaste tú. Muy bien.
Sabrá andarse con cuidado
para tomar una senda sin las señales que tenías, pero aún con tu visión.
Trazará un plan, para su familia dispersa por el archipiélago que en ella ha puesto la esperanza, en la civilización caribeña. Su historia, Jefe, ha sido tu absolución.
Cuba, señor, es tu mejor regalo a ti mismo. Y a nosotros también. Felices 85, Fidel.
Escrito por Traducción por
Kendel Hippolyte . Santa Lucía Leonard Robinson
El 1ro de agosto de 2001
(Cubaminrex- Embacuba Santa Lucía)