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Sin apenas verse, dos poetas cruzan el mismo puente

Por Alberto Dolz

 Sus vidas, como sus libros, corrieron paralelos en el río de la literatura cubana, pese a que sus respectivas experiencias vivenciales los acercaban más que  otros.
  
Con ocho años de diferencia, La Habana fue la ciudad natal compartida. Dulce María Loynaz, 1902,  y José Lezama Lima, 1910.   
  
También fue la tumba de ambos, 1997 y 1976, respectivamente. Hijos de padres militares- el de ella general de la guerra de independencia, el de él coronel de artillería del ejército republicano-.  
  
Ambos fueron escritores manifiestamente católicos y graduados en Derecho Civil  de la universidad capitalina. 
  
Aunque dispares por la  solvencia económica familiar, sus residencias respectivas se erigieron en atalayas que en uno y otro caso imantaron a intelectuales y admiradores y fueron,  a su manera y alcances,  cenáculos para la tertulia.
  
Cuenta el sacerdote Angel Gaztelu, amigo del uno y padre confesor de la otra, que el último libro que leyó Lezama fue Jardín, la novela lírica que la Loynaz comenzó a escribir en 1935 y luego publicada en 1951 luego de reescribirla siete veces.  
  
En ese mismo año,  el autor de Paradiso consideró el texto de demodé.Sin embargo, en unas notas hechas llegar a la escritora en 1976, año de la muerte de Lezama, este corteja la novela con elogiosas observaciones.

«Las obras que están hechas para resistir el tiempo son diversas y van sumando como misteriosas arenas. Al llevar la vida a su Jardín, usted lo ha convertido en un arquetipo, una de esas esencias platónicas que no sólo vencen al tiempo sino que éste se vuelve su olvido y le va regalando nuevos misterios y funciones. Lo que sí siento es no haberla conocido antes, pues su vida aparece en su obra con toda la seducción que apuntan la gracia y una manera delicada de acercarse a los que nos rodean como si fueran un misterio que se nos entrega y que al mismo tiempo permanece sellado. Usted ha creado lo que pudiéramos llamar el tiempo del jardín, allí donde toda la vida acude como un cristal que envuelve a las cosas y las presiona y sacraliza».
  

 

Aldo Martínez Malo, uno de los biográficos de la poetisa, con quien intimó en los últimos años de su vida, asegura que la Loynaz releyó la gran novela lezamiana y que llegó a afirmar que aunque la pieza se situaba «en mis antípodas»,  su autor «es un genio muy cubano».
  
Sin embargo, el ensayista mexicano Alberto Ruy  Sánchez testifica que durante  su visita a la Loynaz en los años noventa,  la poeta confesó ante un grupo de admiradores: «No he leído Paradiso. Sinceramente yo he leído muy poco. Comencé a perder visión desde hace muchos años, y lo primero que me aconsejaron los médicos fue que suprimiera tanta lectura».

Especulaciones aparte, la obra narrativa de ambos, con Jardín y Paradiso como novelas insignes, es  atravesada por un puente común: la poesía.
  
«Es muy interesante ver como un poeta va a la novela. El poeta nunca deja de ser poeta, está la poesía en todo lo que escribe, ya sea una carta, un ensayo, y eso le pasa a Lezama cuando leemos su ensayística y le pasa a Dulce María en todos sus textos», asegura Carmen María Torres Ruisánchez.
  
Profesora de la facultad de artes y letras de la universidad de La Habana, Torres Ruisánchez  acaba de realizar un estudio preliminar al que tituló José Lezama Lima y Dulce María Loynaz: diálogos a destiempo entre la imagen y la luz.

«Hay una marca especial compartida que es toda la conformación de una imagen», certifica. 
  
La académica aplicó un análisis comparativo para conocer las eventuales avenencias estéticas y estilísticas de ambos autores. Para ese fin tomó como modelos Noche dichosa, un  poema en prosa de Lezama que aparece publicado en su libro La fijeza, y los poemas Duda y el 68 y el 73 del libro Poemas sin nombre, de la Loynaz.

«En ese  trabajo sólo analizo las  perspectivas que ambos tienen sobre la poesía, que tienen características comunes y diferentes, porque son deudores de corrientes literarias distintas –Dulce María va más hacia el modernismo, mientras que Lezama es deudor de la vanguardia de toda una serie de experimentaciones que Dulce María  no comparte-. Sin embargo, en los poemas que utilizo como objeto de estudio tienen en sí una historia, una narrativa y conversan uno con otro temática, simbólica y semióticamente», detalla la investigadora.
  

Torres Ruizsánchez prepara ahora su tesis doctoral sobre las conexiones entre Jardín y Paradiso, que ella describe como poemas novelados. En un par de años, tendremos un texto. Aguardemos por más revelaciones.
(Cubaminrex-Cubanow)

 

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