

Una historia de horror y placer: el origen pinareño del tabaco ruso
MOSCÚ, 9 de diciembre de 2011.- Una interesantísima historia de horror y placer sobre el consumo del tabaco en Rusia ha sido publicada por el investigador cubano Blas Nabel Pérez, quien fungió como diplomático al frente de los asuntos culturales de la Embajada de Cuba en la URSS en la década de los años 80.
Debidamente fundamentado con un minucioso estudio documental, no cabe dudas de que el primer tabaco llegó a Rusia desde Cuba introducido por los ingleses en el siglo XVI de las mejores vegas cubanas, las únicas entonces capaces de producir todo el material necesario para el mejor puro cubano: las de Vuelta Abajo.
Así como rápidamente ganó adeptos durante su arribo en época del reinado de Iván el Terrible, también fue prohibido al poco tiempo con multas y hasta castigo corporal por considerársele la “yerba del diablo” a tenor de una temprana idea de contaminación extraída de un versículo bíblico que aseguraba que no es lo que entra, sino lo que sale de la boca del hombre lo que contamina (Mc7, 14-23; Mt 15, 10-20) a la que se sumó también el humo, idea que se afianzó sobre todo después del violento incendio en Moscú en el año 1634 al achacársele como la causa.
Cuenta una crónica de un viajero que pasó por Moscú en 1640 que el zar Mijaíl Fedorovich Romanov llegó a declarar el consumo y posesión del tabaco como pecado mortal y el castigo –para hombre o mujer que osara incurrir en semejante falta—podía llegar hasta cortarles la nariz; pero... a tenor de los beneficios comerciales que generaba la venta del tabaco, durante el reinado de su sucesor, el zar Alexei Mijáilovich Romanov, quien monopolizó la venta del tabaco para las arcas del Estado, hasta que nuevamente el poderoso patriarca ortodoxo Nikita Minov, más conocido como Nikón, tomó cartas en el asunto y se convirtió en uno de los principales enemigos del tabaco. Se cuenta que en la catedral Ulozhennie se instruyó en 1649 castigar a los fumadores con latigazos.
Por oscuros vericuetos anduvo nuestro tabaco hasta que en el siglo XVIII ocurrió exactamente lo contrario, cuando el zar Pedro I, el Grande, no sólo llego a tener el hábito de consumir puros, sino que forzó a los boyardos a fumarlo bajo temor de muerte. El propio Pedro I introdujo una norma única de calidad de tabaco para vender, ordenó la experimentación necesaria para esos fines y las plantaciones de tabaco con semillas cubanas de Vuelta Abajo quedaron establecidas en Ucrania donde se fundó en 1716 la primera fábrica de tabaco de Rusia.
En años posteriores el mercado del tabaco para Rusia adquirió una gran dimensión y a principios del siglo XIX se inicia el comercio directo entre Rusia y Cuba. En San Petersburgo se estableció una casa comercial especialmente dedicada a la venta de tabaco y rapé cubanos que eran consumidos como un gran signo de distinción entre la aristocracia. Una de las primeras marcas que surgieron y ha perdurado hasta nuestros días fueron los puros Cosacos, y los envases en que se exportaban desde Cuba eran muy semejantes a los que todavía hoy se emplean, o sea, con los típicos tercios construidos con yaguas.
Pero ahí no acaba la historia feliz del tabaco cubano en Rusia… tenía que pasar por nuevas encrucijadas hasta llegar al presente donde también es un producto que denota al consumidor distinción y poder adquisitivo. Pero no se las voy a relatar porque jamás podría hacerlo tan bien como quien investigó y escribió este trabajo que sintéticamente les he contado.
Entonces, pues, sigan el link http://blasnabel.blogspot.com/2010/11/el-tabaco-llego-rusia-desde-vueltabajo.html para que puedan conocer más de una historia que nos involucra desde el ayer a cubanos y rusos de hoy.
¡Buen provecho y si pueden, buen humo cubano! (Cubaminrex/Embacuba Rusia)