

Pro arte musical, pauta en Cuba del sublime arte del ballet.
CUBA, 30 de junio de 2011.- El año 1931 marca una pauta trascendente en la historia de la enseñanza del ballet en Cuba, bajo la presidencia de Oria de Albarrán y la directiva, Natalia Aróstegui de Suárez, Pro-Arte Musical instituye sus tres escuelas: ballet, declamación y guitarra, en tanto los cursos de la especialidad se iniciaron el 30 de junio de ese propio período y su director fue el profesor Nicolai Yavorsky.
Al fundar esta sociedad, se colocaba la piedra angular de lo que sería la introducción de la enseñanza de un arte nuevo, y se iniciaba lo que habría de ser, en breve tiempo, una de las instituciones artísticas y pedagógicas más responsables con que contaría la isla caribeña.
La escuela de ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical fue fundada con el propósito de promover y enseñar esa manifestación, con énfasis en el ballet clásico. Las clases, en principio, fueron gratuitas para todos aquellos que estuvieran interesados. Posteriormente, había que ser socio, necesariamente, para disfrutar de ellas.
Las primeras clases se impartieron en el escenario del teatro
Auditórium, hoy teatro Amadeo Roldán, ya que por aquel entonces, no había otro local con piso de madera, apropiado para esos menesteres. Poco después se escogió como salón de clases el tercer piso de camerinos, con la entrada por la calle D, en El Vedado.
En esta sociedad comenzó la carrera de tres figuras relevantes y
trascendentes en la historia del ballet y la cultura cubanos:
Alberto
Alonso, Alicia Alonso y Fernando Alonso.
La Alonso fue, desde los inicios, alumna de la escuela e hizo su primer solo en la obra La bailarina de la cuerda floja, en 1933, y con el decursar de los años, por su talento, arte y entrega, ganó fama universal y devino Prima Ballerina Assoluta en la ínsula.
Fernando Alonso, quiso también probar fortuna en la danza y en 1936 debutó con Claro de Luna y su compañera fue Alicia.
En la Sociedad Pro-Arte Musical niños, niñas, principiantes y alumnado intermedio recibían clases de ballet, mientras a los grupos más adelantados se les impartían, además, clases de punta, adagio, danzas de carácter y variaciones. Todo el estudiantado se examinaba dos veces al año y se ofrecía una función anual en el escenario del teatro Auditórium.
En el período del 29 de diciembre de 1931 hasta el cinco de julio de
1961, la escuela hizo diversas presentaciones. En la última, en la Sala Hubert de Blanck, se bailó la coreografía Ejercicios de ballet de fin de curso, a cargo de las profesoras Elena del Cueto, Finita Moré y Adelina Durán.
Para muchas de las funciones antes mencionadas, la entidad contrataba cada año a las más afamadas estrellas de la danza, que viajaban expresamente a Cuba y bailaban junto a solistas y alumnos de la escuela.
Además de Pro-Arte existieron otras academias y talleres que
contribuyeron al desarrollo del Ballet en Cuba, la mayoría vinculados a prestigiosas figuras del ballet, tanto cubano como internacional.
En 1960 se llevó a cabo en uno de los salones de la Escuela Provincial de Ballet de La Habana la primera prueba de captación del alumnado.
A partir de ese momento dejó de funcionar la cátedra de ballet y el edificio quedó a disposición del Conservatorio.
Otra de las instituciones que no puede dejar de nombrarse es el Club Ballerina, que fue organizado por un pequeño grupo de abonados a Pro-Arte Musical y estuvo presidido por Célida Parera. Su finalidad era recaudar fondos para Pro-Arte e incrementar el gusto por el sublime arte del ballet en el país.
(Cubaminrex- AIN)