

Discurso pronunciado por José Ramón Machado Ventura, miembro del Buró Político del Partido y Primer Vicepresidente de los consejos de Estado y de Ministros durante la clausura del VIII Congreso de la federación de Mujeres Cubanas
Compañero Raúl;
Compañeras delegadas al VIII
Congreso;
Queridas federadas:
¡Felicidades!
En estas dos jornadas finales del Congreso, al igual que en todo el proceso desarrollado previamente desde la base, ha habido dos presencias permanentes y esenciales: Fidel y Vilma.
No han podido estar físicamente aquí, como estuvieron, casi sin excepción, en cada momento culminante del ya cercano medio siglo de existencia de la Federación de Mujeres Cubanas, pero en las palabras de cada una de ustedes han estado sus orientaciones y enseñanzas de todos estos años.
Ello expresa no sólo el cariño, el respeto y la admiración que sentimos por ellos. Su presencia es palpable en cada asunto importante analizado por el Congreso, en cada proyección hacia el futuro de la labor de una de las mayores y más importantes organizaciones nacidas con la Revolución.
Fidel, afortunadamente, sigue junto a nosotros. Como ha dicho Raúl: "Está ahí, como siempre, con la mente bien clara y la capacidad de análisis y previsión, más que intacta, fortalecida".
Vilma, aunque ya no la tenemos físicamente, sigue presente en la propia obra de la Revolución, sobre todo en cada esfuerzo por enaltecer a la mujer, por garantizar que ocupe el lugar que le corresponde en una sociedad como la nuestra, al igual que por hacer mejor y más plena la vida de nuestros niños; en resumen, en cada nuevo logro que alcanza la Federación de Mujeres Cubanas en su importante labor.
Pocos meses después de la victoria del Primero de Enero, Fidel encomendó a Vilma la tarea de crear una organización de mujeres verdaderamente revolucionaria, y a ella se dedicó en cuerpo y alma, prácticamente hasta el último minuto de su vida.
Su papel ha sido decisivo en cada una de las muchas tareas asumidas por la Federación durante estos años. No resulta posible enumerarlas, pero es evidente que sin ese persistente esfuerzo, acompañado de la firme decisión política de la dirección revolucionaria y de nuestro Partido, en primer lugar de Fidel y de Raúl, no hubieran sido posibles los extraordinarios avances logrados por la mujer cubana en los planos político, social, cultural y económico, si se compara con la situación existente el primero de enero de 1959.
Ello no significa que podamos sentirnos satisfechos. Todavía, por ejemplo, no obstante haberse avanzado considerablemente, no hay correspondencia entre la preparación profesional y sobre todo la actitud revolucionaria de las mujeres, y la proporción de ellas que ocupan los principales cargos del Estado y el Partido. Es algo en que debemos continuar trabajando, aunque sin caer en esquematismos de cifras y por cientos.
Como refleja el informe central presentado al Congreso, son muchas las direcciones de trabajo actuales de la FMC, y sin dudas importantes los logros alcanzados en la etapa evaluada.
Todas sus esferas de acción: la labor internacional, de solidaridad, el trabajo en los medios de difusión, las investigaciones sociales, etcétera, son necesarias e importantes.
Pero el trabajo en la base, directamente con la gran masa de federadas y en particular con las más jóvenes, debe seguir siendo el frente principal de acción. De ahí que como plantea el informe central "Hay que revolucionar los contenidos y formas de convocar y realizar nuestras reuniones".
La labor comunitaria, la atención a los problemas sociales, es una faceta muy importante de esa labor con las masas, pero el accionar de las instancias de base de la FMC no se limita a ello, debe ser mucho más abarcador, pues aún es largo el camino que resta por recorrer en la difícil lucha por alcanzar la plena igualdad de la mujer.
Es algo que no se logra simplemente con una ni con cien tareas, por grandes y efectivas que sean, requiere mucho trabajo cotidiano y persistente, sobre todo en la base, y es parte fundamental de la batalla ideológica a favor de la Revolución.
En ella sin duda son útiles e importantes todas las vías y los medios que puedan emplearse, pero nada sustituye la labor diferenciada, persona a persona y en el momento oportuno, que sólo pueden realizar el Bloque y la Delegación, convirtiéndose en un espacio de debate y análisis sobre los problemas e intereses de la federadas, sean estas jóvenes o adultas mayores, trabajadoras o amas de casa.
Tener presente la permanente enseñanza del compañero Fidel, que pudiéramos resumir en lo que expresó en el IV Congreso de la FMC, cito:
"Hay que hacer un trabajo de educación, de conciencia, mas no sólo en los hombres sino también –y me atrevería a decir sobre todo– en las mujeres", afirmó.
Cumplir esta clara orientación exige, ante todo, valorar con realismo el trabajo en la comunidad para ajustarlo a las necesidades y posibilidades del presente.
Las actividades a nivel de nación, provincia o municipio, como regla rinden frutos que se aprecian rápido. Por el contrario, los del trabajo tenaz, complejo, permanente y no pocas veces ingrato con la base, generalmente aparecen a mucho más largo plazo, incluso después de años.
Si no estamos firmemente convencidos de que aunque no se aprecien de inmediato, son precisamente los más sólidos y valiosos, corremos el riesgo de dejarnos deslumbrar por los oropeles de las grandes actividades y caer en el grave error de no dedicar la mayor parte de la inteligencia y energías de los cuadros al trabajo directo con las personas en el barrio, que es donde está la masa de federadas.
Al respecto, les sugiero meditar en un conjunto de principios de la labor con las masas, no sólo válidos para la Federación de Mujeres Cubanas, sino para toda organización y dirigente que actúe en contacto directo y cotidiano con la población.
En primer lugar, no pretender abarcarlo todo, error al que conduce no pocas veces un entusiasmo no bien encauzado. Es necesario dedicar el tiempo necesario a establecer prioridades –que lógicamente no son las mismas en cada lugar–, y una vez definidas estas, concentrar los esfuerzos en los objetivos más importantes.
En este sentido los cuadros y las estructuras intermedias pueden y deben ayudar con su participación directa, siempre que sea posible.
Otro aspecto vital es comprender que el trabajo ideológico en la base no se limita a repetir lo dicho por las instancias superiores. El trabajo ideológico, integral y concreto en ocasiones da respuesta a múltiples inquietudes presentes en una comunidad.
Trabajo ideológico es también brindar a cada persona los argumentos y razones que en su caso se requieren. En una palabra: conversar, eso es lo verdaderamente eficaz.
No siempre tenemos en cuenta algo muy importante que Raúl nos dijo a todos en el XIX Congreso de la CTC, cito textualmente: "... conversar con la gente, pero de verdad, para conocer qué piensa. No contentarse con hablar sino también oír, aunque no agrade lo que nos digan; reconocer cuando nos equivocamos y si es el caso, decirle al otro que no tiene razón, o criticar siempre, cara a cara, las actitudes incorrectas".
Y agregó: "... quien ocupa un cargo de dirección debe saber escuchar y crear el ambiente propicio para que los demás se expresen con absoluta libertad", hasta aquí sus palabras.
Repetir frases hechas o consignas generales, ya se haga en una reunión o en una conversación individual, rinde escasos frutos y no pocas veces ninguno, además de que encierra el grave riesgo de generar tedio o peor aún, de transmitir a quienes nos escuchan la sensación de que les habla alguien superficial o que sencillamente les está haciendo perder un tiempo que estamos en el deber de respetar.
Al respecto, aprovecho para insistir en que sólo se deben citar reuniones y otras actividades colectivas cuando sean realmente necesarias y útiles, ni tampoco extenderlas de manera innecesaria.
Es igualmente importante concebir las acciones de manera integral. Tener presente que se actúa en el mismo escenario que otras organizaciones políticas, de masas y sociales.
Por tanto, se impone la acción coordinada y coherente de todas ellas. No se trata de competir a ver quién hace más actividades, si el CDR o la Federación, sino de unir fuerzas en aras de la eficiencia y la efectividad del trabajo. Con esto siempre gana la Revolución.
Sin duda, llevar todo lo que he dicho a la práctica exige contar con dirigentes y cuadros capaces de hacerlo, y está claro que no es tarea fácil seleccionarlos y prepararlos.
Sabemos incluso que no pocas veces resulta más difícil en el caso de las mujeres, a pesar de que está comprobado que como norma tienen mayor responsabilidad y disposición que los hombres, pero no ignoramos que existen causas objetivas que atentan contra esa actitud natural presente en gran parte de las compañeras.
Estamos conscientes de que en estos años difíciles de Período Especial, a la sobrecarga de trabajo habitual que siempre ha soportado la mujer, hay que sumar la psicológica que implican la escasez, las tensiones y el resto de las dificultades materiales.
Esas causas objetivas motivan que algunas compañeras, como también no pocos hombres, eviten asumir responsabilidades adicionales a las muchas que ya tienen, pues lógicamente las propuestas para ocupar cargos de dirección se dirigen a los de mayor prestigio, responsabilidad y capacidades.
Esta situación está presente no solo en los llamados cuadros profesionales, sino también hasta en las organizaciones de base, realidad esta última que se manifiesta de una forma u otra en todas las organizaciones que tienen como centro de su labor el barrio.
Pero es algo sin duda que afecta especialmente a la Federación, que necesariamente debe buscar sus dirigentes de base y cuadros profesionales entre esas mismas compañeras que llegan del trabajo a hacer la comida, limpiar la casa y el resto de los quehaceres hogareños, tareas en las que con frecuencia –por no decir generalmente– no participan los hombres en la medida necesaria, de lo cual todos debemos sentir insatisfacción, pues incluso la mayoría de las mujeres lo siguen viendo como una "ayuda" y no como un deber de su cónyuge.
No obstante, no resolvemos nada con lamentarnos ni esta situación va a cambiar de un día para otro. La única alternativa es asumir una actitud de ofensiva, no dejarse llevar por la rutina, promover cuadros jóvenes y escuchar sus criterios acerca de qué cambios introducir en cuanto hacemos.
Valorarnos también cada uno de nosotros, en todas las instancias. Meditar qué cuestiones de nuestro estilo y métodos de trabajo agobian adicionalmente a los dirigentes en la base, de forma particular cada organización de masa lo debe hacer y revisar periódicamente, para evitar que junto a las nuevas y apremiantes tareas, permanezcan algunas ya caducas y fuera de tiempo y que solo la rutina y la inercia las sostienen. Esto es sumamente importante porque no pocas veces algunos de los errores que cometen los dirigentes de base son simplemente una copia de la forma en que ellos reciben las orientaciones de sus niveles superiores.
Por ejemplo, un cuadro que se desempeña a nivel nacional o en una instancia intermedia no puede pensar que ha cumplido cabalmente el papel que le corresponde, cuando se reúne con los compañeros que dirige directamente para transmitirles las orientaciones, debe decirles el cómo; es decir la forma, las vías, los métodos más apropiados para llevar esas orientaciones a la práctica, ya que por ser un cuadro de nivel superior debe demostrarlo. Tiene que buscar vías para actuar también en la base, incluso con personas individualmente, pues además constituye la forma más efectiva de enseñar a los dirigentes que atiende.
No olvidemos que las personas con que trabajamos de manera directa tienden a copiar nuestro estilo y métodos.
Si nos dedicamos sólo a hacer reuniones, eso mismo harán ellos y así sucesivamente hasta la base, que es donde más ilógico y dañino resulta ese reunionismo que deja pocos dividendos y en cambio agobia a miles de compañeras.
Insisto en que estos no son problemas exclusivos de la Federación de Mujeres Cubanas, están presentes en mayor o menor medida en otras organizaciones de masas. Pero bueno, este es el Congreso de ustedes, y además creo que estas ideas las pueden ayudar en su trabajo.
Confiamos en que la responsabilidad y ese espíritu tenaz con que nuestras mujeres se enfrentan a los problemas, contribuyan a situarlas en la vanguardia del combate por mejorar el estilo de trabajo de nuestros dirigentes y cuadros.
Este Congreso ha sido una demostración indiscutible de unidad y definiciones con relación a cómo seguir fortaleciendo la organización y continuar perfeccionando su trabajo.
Felicitamos a la compañera Yolanda, al Secretariado, al Comité Nacional, y en especial a las magníficas delegadas, que han sabido expresar con elocuencia y precisión los sentimientos de las mujeres de la base a quienes representan.
Con toda sinceridad, debo decirles que la Dirección de nuestro Partido y Gobierno reconoce y aprecia el trabajo de la Federación de Mujeres Cubanas, y en especial aquellas mujeres que a lo largo de casi 50 años, siguen siendo ejemplo de fidelidad, combatividad, firmeza revolucionaria, y lo demuestran cotidianamente. Ellas también merecen nuestro aplauso.
Compañeras delegadas:
En el año 1996, durante su participación en un coloquio sobre el pensamiento de Fidel, Vilma resumió certeramente el proceso de gestación y crecimiento de la Federación de Mujeres Cubanas. Cito sus palabras:
"La mujer exigió su participación desde el 59 en una forma tan directa y formidable que de ahí surge la Federación. Y Fidel sintió por esto; lo calorizó, lo apoyó, lo consideró sumamente valioso, por eso se dice que fue a dos manos que se fue haciendo la promoción de la mujer, porque las mujeres respondieron desde el primer momento, durante la lucha y después, en esta etapa fundamental que fue el año 1959. Las mujeres decidieron crear una organización para participar en la Revolución, para prepararse y poder seguir avanzando en su aporte a la Revolución. Y eso ha sido lo que ha ocurrido", concluyó.
En cualquiera de los momentos de la heroica historia de nuestro pueblo, desde el inicio de las luchas independentistas hasta hoy, está presente ese particular papel de la mujer, que a decir de Martí, resulta imprescindible en toda obra humana para que sea invencible.
Así fue durante la lucha en la Sierra y el llano por alcanzar la verdadera independencia, y también a lo largo de estos 50 años de constante batallar para seguir siendo dueños de nuestro destino.
Lo ha sido especialmente en estos años de Período Especial, en particular en su etapa más dura, cuando nuestras compatriotas: madres, esposas, hermanas e hijas, echaron sobre sus hombros el peso principal de la enorme carga cotidiana que ha significado alimentar, vestir y sobre todo preservar los valores espirituales esenciales de la familia, célula básica de nuestra sociedad, frente a todas las dificultades y hasta las incomprensiones de no pocos.
Es doble el mérito de nuestras mujeres porque fueron capaces de asumir ese gran reto con la mayor modestia, en silencio, como algo natural y con absoluta dignidad. Lo hicieron además sin renunciar al derecho conquistado de ser personas socialmente activas, tanto en la comunidad como en el centro de trabajo, aquilatadas en primer lugar por su preparación y aporte al bien común.
No es exagerado afirmar que las cubanas, gracias a su abnegación y responsabilidad, a su esfuerzo realmente heroico, han constituido ejemplo y motivación en esta etapa difícil. Merecen, por tanto, el reconocimiento y la gratitud de todo nuestro pueblo.
Sin duda, tal actitud resultaría inconcebible fuera de la Revolución. Es el fruto de cuanto esta ha hecho por el desarrollo de la mujer en todos los campos.
Es el resultado también de la labor de la FMC con la especial impronta de Vilma, con ese estilo de dirección suyo, mezcla armónica de dulzura, afabilidad, firmeza y energía, presente en cada una de las múltiples tareas cumplidas por la organización durante estos 49 años.
El mejor homenaje de las jóvenes de hoy a esa mujer extraordinaria es ser consecuentes con su legado. Es la garantía de que la Federación de Mujeres Cubanas será siempre la potente fuerza revolucionaria que fundaron Fidel y Vilma, aquel 23 de agosto de 1960.
¡Viva la Federación de Mujeres Cubanas!
¡Gloria eterna a Vilma y a todas las heroínas de la Patria!
¡Viva Fidel!
¡Viva la Revolución!
(Cubaminrex- Granma)