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La Fiesta de Alicia.

CUBA, 22 de diciembre de 2010.- Alicia Alonso, simboliza una vida entera dedicada a la danza. La gran bailarina, esa que emerge real, espontánea, pura, como el movimiento, en estos días de diciembre (21) siempre tutea las memorias, está de fiesta. Es su aniversario. Por eso, la víspera, la sala García Lorca del GTH, su casa, la escena donde tanto nos ha conmovido, volvió a iluminarse de manera especial. Amigos, admiradores, colegas, alumnos y profesores, rindieron homenaje a la Maestra en tan significativa fecha.

Alicia, la artista que audazmente ha esgrimido siempre el verbo sorprender, dejando en el tiempo la huella fértil de su genio y su sensibilidad, la poesía de sus movimientos, cosiéndonos recuerdos, cada vez más nuevos, fue esta vez sorprendida del lado del aplauso y por su pueblo, ese a quien tantas alegrías ha obsequiado en este tiempo.

Las cortinas de las centenarias tablas se descorrieron para dar paso a una sencilla pero hermosa Gala —dirigida por Raúl Martín— que tuvo momentos de alto vuelo. Fue un Homenaje de la danza y otro de la música, "musas" que siempre han escoltado a Alicia en el tiempo.

Varios nombres se conjugaron en la obra ParAlicia que abrió el espectáculo. En primer lugar, Frank Fernández, quien creó una sutil música para hacer el recuento de tanta vida, energía y ánimo sobre la escena, "y que representara el espíritu de la danza, que transitara entre los misterios del arte y culminara en tributo…" al decir del maestro. Tania Vergara, la destacada coreógrafa que moldeó el ritmo con los movimientos y nuestra Viengsay Valdés —extremadamente lírica y perfecta—, fue el alma en el escenario para conmovernos nuevamente y subrayar que Alicia sigue bailando. En escasos diez minutos con un piano en la escena y la cámara negra se recordó sin palabras. Viengsay sola y luego acompañada por el juvenil Yadil Suárez aportaron un instante singular, con la original coreografía que en los finales acercó a Alicia en imágenes sobre una lejana pantalla, girando y girando hasta transformarse en paloma, mientras los bailarines la observaban sentados en las tablas…

La soprano Johana Simón, solista estable del Centro Nacional de Música de Concierto de La Habana, quien recientemente obtuviera el Premio del Concurso de canto Grande Voci, en Salzburgo, Austria, acompañada al piano por Dania Rodríguez aportó un tiempo lírico. Primero, con Habanera (música de Pauline Viardot y texto de Louis Pomey), y después con E strano… ah fors’e lui…sempre libera (escena final del primer acto de la ópera La traviata, de Verdi), lo que constituyó una grata ofrenda sonora, muy ovacionada. Y sobre todo, un gran gusto acercarnos a esta joven y talentosa cantante, quien a sus excepcionales cualidades vocales y a su dominio musical y estilístico, suma el raro don de la expresividad escénica.

Polito Ibáñez llegó con dos canciones de su original acervo creativo, Las cosas simples y Enamorada del viento (especialmente dedicada a Alicia ) a quien dijo allí que siempre admiró y conoció sobre las tablas cuando era aún estudiante del ISA, y a quien quiso hacer una canción—muy singular y hermosa— que vio la luz en la gala. Después ocupó el espacio Ivette Cepeda y el grupo Reflexión. Ella trajo Mariposita de primavera, Quiéreme mucho y la muy aplaudida Tú eres la música que tengo que cantar, con música y letra de Tony Pinelli, que resultó un punto alto de la ceremonia. La noche cerró con Sacrilegios (versiones libres de conocidos temas de la música cubana) de la mano de Ernán López-Nussa (piano) y Habana Report, que motivó al auditorio con la manera especial de interpretar esas tradicionales creaciones nuestras con matizados toques jazzísticos.

Una sonora y enorme ovación entregó el público a los músicos, para luego, dirigirla a Alicia, cuando un haz de luz iluminó su butaca. Allí, entre aplausos, recibió de manos de Abel Prieto, ministro de Cultura, un hermoso ramo de flores. Emocionada, sorprendida esta vez y feliz, agradeció tantas alegrías que aún continuarían…

Fue una noche cuajada de símbolos. Camino al Complejo Morro-Cabaña donde la Maestra esperaría el aniversario 90 junto con los amigos, siguieron las sorpresas. Sobre las centenarias piedras que conforman el Castillo de La Punta apareció Alicia bailando. Unos proyectores reflejaban a la bailarina en diversos ballets a los que prestó su piel. Y vino a la memoria Lezama Lima que fue el primero que habló de su obra fundacional, que la comparó con elementos autóctonos de nuestra nacionalidad, del acervo cultural, como emblema cimero de cubanía… Alicia es un símbolo que camina hacia la eternidad, como recordó un día Miguel Barnet. Es también Cuba, ¡ya no nos caben dudas! (Cubaminrex-Granma)

 

 

 


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