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Intervención en el acto de graduación del IV Diplomado en Servicio Exterior.

19 de mayo de 2011

 

Cro. Bruno Rodríguez Parrilla, ministro,
Cros. Ana Teresita González Fraga y José Ramón Cabañas, viceministros,
Queridos vicerrectores Ileana y Casalsç
Querido  Claustro
Invitados, familiares

Queridos graduados:

Ante todo  permítanme agradecer  la iniciativa de dedicar esta graduación a nuestro querido compañero el profesor Rubén Muñiz, quien  dedicó gran parte de los últimos años de su vida profesional a nuestra Institución.

Es un gesto que demuestra la sensibilidad de este grupo, heterogéneo en su origen pero homogéneo en sus  convicciones y en su dedicación al estudio y al trabajo que supo devenir un colectivo unido, eficiente, integrado a todas las tareas docentes y políticas de nuestra Institución.

Esta graduación se realiza en una fecha de gran relevancia, el 116 aniversario de la caída de Martí y el 121 del natalicio de Ho Chi Minh.   También en  un año de gran significación porque muy especiales son los hechos que conmemoramos y trascendentes los que ejecutamos.

Hace 50 años el pueblo cubano abrazó para siempre y con plena conciencia la causa del socialismo indisolublemente ligada a la de nuestra independencia, que defendería con su sangre solo 24 horas después en las arenas de Girón, donde infligió la primera derrota al imperialismo yanqui en América Latina.

Junto a la victoria de Girón conmemoramos  el quincuagésimo aniversario de la campaña de alfabetización, única en su tipo.  Cuando caía Eduardo García Delgado, aquel joven que, en vísperas del artero ataque imperial, escribía con su propia sangre el nombre de Fidel, la juventud cubana emprendía  una de las tareas más ricas y ennoblecedoras que le haya correspondido a una generación: contribuir con la luz de la enseñanza a la plena dignidad del hombre, haciendo realidad el precepto martiano que vincula indisolublemente cultura y libertad.

Este es el año de esos aniversarios. Lo es también del  trigésimo de la creación del ISRI y el trigésimo quinto  de su antecesor el ISSE.  Hace 50 años Raúl Roa fundaba lo que se ha conocido siempre como la primera escuela del Servicio Exterior, de la cual él mismo fue conductor y profesor.

Los estudiantes de esa escuela no eran graduados universitarios, algunos ni siquiera bachilleres,  eran revolucionarios decididos a defender la patria incluso a costa de sus vidas, integraron las filas del Ministerio con  esa única vocación.    Aprenderían  allí los basamentos  indispensables que luego enriquecerían con el trabajo cotidiano, a la luz inextinguible de Raúl Roa.

Ustedes, fruto de la obra de la Revolución,  ingresan al Ministerio de Relaciones Exteriores con mucha mejor preparación, son graduados universitarios, han concluido un diplomado concebido para prepararlos para el cumplimiento de las complejas tareas del Servicio Exterior. Han realizado prácticas en distintas direcciones, conocen las normas del protocolo y el ceremonial,  saben que para negociar hay técnicas que aplicar; que la Convención de Viena nos impone deberes pero constituye instrumento indispensable para hacer valer nuestros derechos; se han adentrado en las complejidades de la teoría de las relaciones internacionales y saben que ya desde Westfalia se codificó la igualdad soberana de los estados que hoy se pretende burlar por el imperio. Conocen profundamente los principios de la política exterior cubana y  su basamento constitucional.

Tienen la preparación que les dio la permanencia en la Brigada de la Frontera en Guantánamo. Han visto al enemigo,  han vivido la afrenta que significa su presencia en territorio ilegalmente ocupado. Tienen la vivencia del enfrentamiento diario a  problemas sociales que no se han podido resolver pese a los esfuerzos de la Revolución y que surgen o se agudizan como consecuencia del golpe económico que significó el desmontaje del socialismo europeo con un bloqueo económico recrudecido.

Ustedes conocen nuestras realidades, son parte de ellas, saben del inmenso sacrificio que significa la decisión de resistir, de no transigir, de llevar a cabo una política de principios. Saben también que  son, precisamente  esos factores conjuntamente con la unidad de los revolucionarios los que nos han hecho llegar al día de hoy.

Por todo ello están mejor preparados para iniciar  la nueva etapa de su vida como funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores y lo hacen en condiciones muy particulares, en momentos verdaderamente trascendentes para nuestro país.

Como revolucionarios cubanos están firmemente comprometidos con el cumplimiento de los acuerdos del VI Congreso del Partido, con la línea trazada, con la necesidad de trabajar mejor para perfeccionar  nuestro socialismo.  Como funcionarios del MINREX están, además, en el deber de divulgar y defender esa línea frente a burdas campañas políticas  con una expresión mediática  de incalculables proporciones.

Están en la obligación no solo de denunciarlas, sino de preverlas, alertarlas y prepararse  para el combate,  porque lo que hoy ocurre en Libia, bien pudiera ocurrir en nuestro país como se alerta en el editorial de Granma del pasado 16 de mayo.   

Lo hicieron los egresados de la primera escuela del Servicio Exterior, lo hacen todos los días los compañeros que anónimamente preparan  una nota, hacen una denuncia,  se reúnen con un parlamentario, movilizan la solidaridad con Cuba,  escriben una declaración  o un comunicado, sin crédito alguno, porque sus nombres no aparecen ni siquiera en los informes que redactan porque esos son fruto de la experiencia acumulada y del trabajo colectivo.

 

Porque para esos funcionarios no hay mayor recompensa ni mejor crédito que el haber contribuido --con el grano de arena que significa   el trabajo diario bien realizado--  a revertir una campaña, a impedir una agresión, a firmar un acuerdo importante, a que se conozca y se respete la decisión del pueblo cubano a ejercer sus derechos soberanos y defender su independencia.

Emprenden ustedes un camino que solo tiene un destino: servir  con fidelidad, modestia, dedicación  a la Revolución, ser revolucionarios firmes, convencidos, inclaudicables, diestros en el manejo del “tacto, la táctica y el contacto”.

Para ello los conmina, ayuda e inspira el ejemplo de los caídos en Girón, en la lucha contra bandidos, de las víctimas del terrorismo, de nuestros Cinco Héroes, de la resistencia inconmensurable del pueblo cubano,  de Raúl y el invicto Comandante en Jefe.

Los felicito una vez más.

Muchas gracias

(Cubaminrex)

 


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