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Cuba en defensa de la capa de ozono

Alberto Salazar

La Habana, 16 sep (PL) En el Día Mundial para la Protección de la Capa de Ozono, Cuba ratificó que uno de sus propósitos en ese dominio es entrar al próximo año consumiendo solo la mitad de las 500 toneladas anuales de clorofluorocarbonos (CFCs) que emplea hoy.

A tenor con los acuerdos del Protocolo de Montreal, el consumo de CFCs en los países subdesarrollados debe ir reduciéndose gradualmente hasta prescindir de ellos en el 2010, de modo que la isla avanza a buen paso hacia aquella meta y con mucha probabilidad la alcanzará antes del plazo establecido.

Hace siete años el país utilizaba 625 toneladas anuales de CFCs, señalados como una de las principales sustancias degradadoras del ozono.

Para redondear aquel propósito, Cuba capacitó mil 600 mecánicos y técnicos en las prácticas óptimas de la refrigeración y reconvirtió las plantas nacionales productoras de refrigeradores domésticos y comerciales, a fin de sustituir paulatinamente los gases refrigerantes destructores del ozono.

En ese contexto, un excelente botón de muestra lo constituye una planta productora de gas ecológico LB-12 que se alista para entrar en funcionamiento en la oriental ciudad de Santiago de Cuba con respaldo del Fondo Multilateral del Protocolo.

El LB-12 no lesiona la capa de ozono y resulta más barato que los CFCs, de modo que cuando la proyectada fábrica trabaje a plena capacidad y beneficie al 15 por ciento de la población cubana, la Isla no solo estará protegiendo la capa de ozono, sino también economizando recursos.

En esa senda, el país también ha cancelado las importaciones de equipos y tecnologías basadas en el empleo de CFCs, diseñado proyectos capaces de prescindir de tales compuestos en la fabricación de aerosoles industriales y de uso médico, así como recuperado y reciclado equipos móviles de refrigeración.

Sintonizado con los compromisos que estableció como signatario del Protocolo de Montreal, igualmente se convirtió en el primero del mundo que destierra al bromuro de metilo de las plantaciones tabacaleras, donde cada año llegó a emplear más de 400 toneladas de ese potente fungicida.

Si es cierto, como sentenció Einstein, que la civilización es una carrera entre la educación y el desastre, Cuba está demostrando apostar por lo primero.