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La ciencia moderna sigue a la escucha del cubano Finlay

Por Francis Norniella y Reinaldo Santana

Servicio Especial de la AIN
2 de junio 2004

Los métodos de combate en el mundo contra enfermedades transmitidas por vectores deben mucho al cubano Carlos Juan Finlay (1833-1915).

Con apenas 25 años y recién recibido de médico, Finlay comenzó sus trabajos experimentales sobre la fiebre amarilla, una de las dolencias más mortíferas de la historia humana (mataba a ocho de cada 10 infestados).

Su descubrimiento de que el también llamado Vómito Negro era transmisible mediante el mosquito Aedes aegypti y se controlaba con la erradicación de este y de sus larvas en los depósitos de agua, sustenta la praxis de la ciencia médico-sanitaria moderna frente al paludismo, dengue y otros padecimientos tan letales como aquel, propagados por el propio insecto.

Este científico creó el método experimental de producir formas atenuadas de la dolencia en los seres humanos, lo que le permitió comprobar la veracidad de sus concepciones y descubrimientos, e iniciar el estudio de los mecanismos inmunológicos de las enfermedades infecto-contagiosas.

El análisis sistémico de los fenómenos tuvo en él a un gran promotor, pues a los estudios de medicina añadió los de meteorología, entomología y botánica, entre otros conocimientos, para arribar a trascendentales conclusiones.

La originalidad de su concepción teórica, la creación de un método experimental y la validez de sus resultados, las medidas prácticas para el control y erradicación de las enfermedades trasmitidas por vectores, son la aplicación de su plan, el cual constituye la esencia de los actuales procedimientos antivectores en las campañas contra el dengue.

De la mano de Finlay, Cuba vence al dengue

En el mundo, dos quintas partes de la población viven en áreas en riesgo por el dengue, caracterizado por fiebre alta, náuseas, dolores musculares y articulatorios.

Este mal afecta el Pacífico Occidental, Australia, África (en particular la porción oriental), el Medio Oriente, América y el Caribe. Es actualmente la arbovirosis humana de mayor importancia y la principal causa de hospitalización y muerte entre los niños del sudeste de Asia.

En 1997, más de 100 naciones reportaron epidemias de la enfermedad; se estimó en 50 millones el número de casos y en 25 mil el de defunciones. En el año 2002 las muertes por esa causa sobrepasaron el millón.

Cuba sobresale en el control epidemiológico del dengue y en la erradicación de las epidemias de ese padecimiento, que durante los últimos 20 años ha aumentado de forma significativa en el continente americano y Las Antillas, donde no se vislumbra una solución al problema por las políticas neoliberales y la consecuente privatización de los servicios de salud en la mayoría de los países.

La Isla ha salido airosa en el empeño por vigilar y destruir al agente trasmisor del mal y, por tanto, interrumpir la cadena de propagación. Las investigaciones permitieron establecer las características de esta dolencia, en especial su variante hemorrágica, y definir los denominados Signos de Alarma, que facilitan un diagnóstico temprano y la salvación de muchas vidas.

El sistema cubano de salud permite detectar precozmente las enfermedades, diagnosticarlas y poner en práctica el tratamiento correspondiente. En ello desempeñan un papel importante el médico y la enfermera de la familia, pilares del programa sanitario en la Ínsula.