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Crece la agroecología entre campesinos cubanos
Aldo Madruga
Más de 14 mil campesinos cubanos practican y difunden la agricultura
sostenible en todo el país, como forma de producir con un mínimo
de insumos, cuidar los suelos y entregar productos más sanos a
la población, según informó Alberto Cárdenas
León, coordinador del Movimiento Agroecológico Nacional.
Precisó
que esta agrupación, surgida en febrero del 2001 en Villa Clara,
está integrada también por otros 11 630 pequeños
agricultores en la categoría de aspirantes, quienes tratan de satisfacer
los requisitos necesarios para ser considerados promotores ecológicos,
entre los cuales se encuentran no usar fertilizantes e insecticidas químicos,
utilización de la tracción animal en el laboreo y cosechas
y, sobre todo, amar a la tierra y facilidades para divulgar cómo
la cuidan y explotan.
En el fortalecimiento de estas técnicas sustentables desempeñan
una decisiva labor, además, los casi tres mil técnicos agrónomos
e ingenieros incorporados como facilitadores al movimiento, cuya función
consiste fundamentalmente en servir de puente entre la ciencia, la técnica
y las experiencias prácticas y conocimientos que a nivel de surco
y sobre los suelos que trabajan, acumulan los campesinos, muchas veces
heredados de sus padres y abuelos.
De acuerdo con lo informado por el coordinador de este movimiento que
auspicia la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños
(ANAP), experiencias prácticas —de cultivadores y en fincas
de referencia, donde no se usan agentes químicos— demuestran
que, muy contrario a lo pensado por muchos, cuando se utilizan correctamente
todas sus ventajas, la agroecología en cuanto a rendimientos y
productividad no es un retroceso con respecto a la agricultura gastadora
de grandes cantidades de fertilizantes químicos y combustibles.
En realidad, autoridades mundiales en la materia coinciden en considerar
esta práctica como un imperativo actual para devolverle a los suelos
las potencialidades perdidas, conservarlas y contribuir a mejorar la salud
humana, cada vez más agredidos por el uso abusivo de sustancias
químicas costosas, y que causan daños irreversibles al medio
ambiente.
En las bases de este movimiento ocupa un importante lugar la utilización
de materia orgánica, biofertilizantes y medios de control biológico
desarrollados por los Centros de Reproducción de Entomófagos
y Entomopatógenos (CREE), para lo cual se aprovechan abonos elaborados
con follajes, desperdicios de cosechas, estiércol, y otros procesados
a partir de microorganismos.
Tomado de Granma, 11 de septiembre 2003