| Ciencia y Técnica >> Con claridad en la Mirada I- Biociencias en Cuba |
Con
claridad en la mirada (I)
Acusar
a Cuba de producir armas biológicas, además de los riegos
que implica para la seguridad nacional, es una agresión económica
y un atentado contra el desarrollo científico del país
Tal como en Hamelín, científicos del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí, de La Habana, con picaresca medieval en sus tuétanos, se las han ingeniado para vencer a cuanta rata y ratón se ha detenido a "escuchar" el sonido de su flauta.
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Pero como su música es la ingeniería genética, más original les ha quedado el Biorat, un producto que ya anda por su segunda generación, mientras el resto del planeta no deja de halarse los pelos por no poseer algo similar contra su ancestral enemigo. Lo cierto es que el producto cubano ha demostrado no tener piedad con estos roedores que, mediante sus excreciones y ectoparásitos como pulgas y garrapatas, son serios trasmisores de enfermedades de la talla de la leptospirosis, la peste bubónica y la fiebre hemorrágica. En su ficha policial le achacan también pérdidas en cosechas y graneros que solo en América Latina ascienden a mil 500 millones de dólares anuales. |
La versión modernizada del Biorat tiene como base a una cepa de Escherichia coli recombinante, mientras su predecesora tiene como principio activo a la bacteria Salmonella enteritidis var Danysz. Estos agentes, incluidos en un cebo de arroz sin descascarar, se convierten en un manjar para la familia de Miquito. Tras el festín, la endotoxina presente en la cepa le produce al roedor lesiones y necrosis en la mucosa del intestino, corazón, bazo e hígado, que culminan en una infección general.
Pero su efecto es de curso lento, y en esto radica la engañifa a lo flautista de Edad Media. Avispadas como son, las ratas aprenden rápidamente la causa de la muerte de una compañera y eso es suficiente para que no tropiecen dos veces con la misma piedra.
La víctima, sin embargo, perece varios días después -y hasta en diez días posteriores-, por lo que le da tiempo al animal a retornar enfermo a la cueva. Al contaminar los alimentos, y el canibalismo del que es objeto el animal al morir, contagia a sus congéneres. A diferencia de los rodenticidas químicos de efecto inmediato, estos mamíferos no logran hermanar al Biorat con la enfermedad y por ello no crean mecanismos de protección.
| Totalmente inocuo para el hombre, el resto de los animales y las plantas, este producto tiene una hoja de servicios que envidiaría el mismísimo Alexandre Yersin, identificador del bacilo de la peste. Gracias a trocitos de Biorat, fueron controladas epidemias en 1994 de peste bubónica en Perú, de leptospirosis en Nicaragua (1995), y de fiebre hemorrágica, en 1997, en Bolivia. Por su parte, luego del paso del huracán Mitch por Honduras en 1998, y en Venezuela un año más tarde, después del desastre ocurrido por intensas lluvias en varios estados, se empleó de forma preventiva. |
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No obstante, las transnacionales no podían tragar que el rodenticida cubano -aun cuando su efectividad por campo oscila entre el 90 y 100 por ciento- ganara nuevos mercados. Ya en 1996, el gubernamental Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos publicó en la revista The Lancet un artículo que alegaba el supuesto peligro de Biorat para el hombre, por tener como principio activo a la bacteria Salmonella enteritidis.
Una prestigiosa entidad, el londinense Public Health Laboratory Service, se encargó de refutarlo en la misma publicación. Sencillamente sus científicos habían realizado estudios de caracterización de la cepa presente en el producto cubano -al nivel bioquímico, serológico y genético-molecular-, y habían concluido que la bacteria no era otra que la Salmonella enteritidis var Danysz, diferente de cualquier otro aislamiento de Salmonella presente en animales o en el medio ambiente.
Más recientemente, poderosas empresas lograron con su pegada que el Biorat quedara cautivo en almacenes guatemaltecos, pero tras un año salió triunfante al obtener el fallo favorable de la Corte Suprema de Justicia de la nación maya. No solo hubo que reponerle el registro en ese país, sino su libre comercialización.
En Cuba existen más de 60 centros científicos que trabajan en la esfera de la biotecnología, así como cientos de instalaciones donde esta se aplica. El país produce casi todos los interferones por la vía genética, además de que se trabaja en esferas tan novedosas como la bioinformática, se realizan investigaciones sobre el genoma humano, la transgénesis y las vacunas conjugadas, entre otras. La Isla cuenta además con 700 mil profesionales y más de 220 institutos de investigación.
Algunas
entidades han alcanzado una expansión notable como es el Centro
de Inmunoensayo, productor de 24 kits diagnósticos para 15
enfermedades. Esta institución cuenta con 167 laboratorios
en la nación y 234 en América Latina.
Cuba balancea 1,8 científicos e ingenieros por cada mil habitantes
y el 1,2 por ciento de su producto interno bruto lo destina a gastos
del sector. Sin embargo, los notables resultados no dependen de grandes
fajos de billetes: un proyecto tan difícil como la vacuna contra
el SIDA (entre el 2005 y el 2007 los investigadores esperan tener
una propuesta autóctona) se oxigena con tan solo unos cien
mil dólares anuales.