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La biotecnología en Cuba es presente y futuro

Por Bárbara Avendaño


Sólo a merced de la propaganda contra Cuba que abarrota los medios de comunicación foráneos, cualquier ciudadano extranjero puede crearse -y de hecho sucede- una imagen distorsionada de la realidad de la Isla caribeña. Limitado su acceso a los adelantos científico-técnicos, las páginas Web facturadas en el territorio cubano, con la verdad de su pueblo y sistema, son para muchos una quimera.

Ni siquiera los habitantes de los países adonde llegan vacunas y otros productos destinados a conservar la salud de su gente, elaborados en la nación cubana, conocen que la fortaleza de la Biotecnología en esta tierra consiste en haber logrado integrar un grupo de instituciones (210 en total, con 30 000 trabajadores y 12 000 científicos) cuyos resultados, fruto de esa cooperación, han permitido lograr un progreso inusitado en el tema, imposible escala de comparación con cualquier país en vías de desarrollo.

Este avance fue capaz tras un triunfo revolucionario ocurrido en 1959, que dio paso a la campaña de alfabetización de 1961, la reactivación de la Academia de Ciencias de Cuba en 1962, y la creación de los institutos de Salud Pública en un primer momento.

Le siguió la fundación del Centro Nacional de Investigaciones Científicas, el inicio de la producción del Interferón leucocitario, la institucionalización del Frente Biológico, inauguración del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) en 1986, concepción del Polo Científico del Oeste de La Habana en 1992, con 52 instituciones y más de 1500 investigadores, y del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente en 1994.

Mientras entre 1990 y 1996 el país atravesaba un período de profunda crisis, las inversiones del estado en esa esfera no se detuvieron (1000 millones de dólares), y surgieron nuevos centros que forman parte de un sistema de salud, basado en la epidemiología, la prevención primaria y el diagnóstico precoz, otros servicios más especializados y con el apoyo de la Industria Médico Farmacéutica.

La estrategia cubana en la biotecnología se basa, además, en un profesional de alta calificación que participa en el llamado "ciclo cerrado", (investigación + desarrollo + producción + comercialización), donde se mide el efecto de los resultados, en cuántas enfermedades se evitan y cuántas personas se salvan; algo que no ocurre en el resto del mundo, donde según referencias el objetivo principal del científico es publicar en una revista de amplio espectro.

Una práctica de los científicos cubanos es probar en ellos y su familia cada logro, después de las pruebas imprescindibles. La primera prioridad es el mercado nacional y también la educación y el entrenamiento de los especialistas, quienes asisten a los principales centros mundiales para hacer más rica a su nación.

El impacto social de productos biotecnológicos cubanos puede encontrarse en vacunas como la de la Meningitis B/C y la Hepatitis B; tecnologías para el diagnóstico de defectos del tubo neural, VIH, dengue, síndrome de Daw, embarazo, cáncer, entre otros; y fármacos dedicados a combatir enfermedades virales, infarto del miocardio, rechazo de trasplante de órganos, por citar algunos.

Entre los éxitos del CIGB, conocido como buque insignia de la biotecnología en el territorio, es preciso mencionar el interferón recombinante Alpha y Gamma, la Estreptokinasa recombinante, varios Kits diagnósticos y la vacuna recombinante contra la garrapata bovina.

Actualmente este centro trabaja a corto, mediano y largo plazo en vacunas bivalentes, trivalentes, tetravalentes y pentavalentes, en un candidato vacunal contra el dengue, de conjunto con el IPK, en otros dos de tipo terapéutico para combatir el SIDA, que alarga la aparición de la enfermedad en aquellas personas ya contagiados con el virus, y en variantes preventivas.

Se desarrolla de igual forma la bioinformática, en cuyo campo se ha hecho una gran inversión con el propósito de estudiar genes asociados a enfermedades, conocerlas mejor, y crear fármacos.

En la esfera de la agricultura se buscan soluciones para distribuir mejor la riqueza. En la biotecnología de las plantas se trabaja fuertemente en la creación de una nueva generación de bioproductos, plantas transgénicas resistentes a stress biótico y abiótico (plagas, enfermedades, sequías y salinidad) aunque todavía no se ha obtenido ninguna.

Asimismo los investigadores enfilan su labor a lograr plantas de mayor valor nutricional (Nutracéuticos), y dinámica vegetal que no tengan afectos adversos en la salud humana y en el ambiente.

En el caso de la biotecnología animal, el mayor impacto que se ha tenido es la mencionada vacuna contra la garrapata bovina. Existe un proyecto de clonación en este ganado a fin de alcanzar mayores rendimientos de leche y en células madres para recuperar tejidos.

Los beneficios de la biotecnología llegan a todos los cubanos por igual, respaldados por una legislación instrumentada en materia de seguridad biológica. De sus hijos salen los nuevos hombres de ciencia herederos de la sabiduría y la ética de Carlos Juan Finlay.