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Isla perfecta para el arte
Estudiantes ingleses de pintura quedaron sorprendidos por la creatividad, el desenfado y las facilidades con que cuentan sus homólogos en Cuba. Durante una semana alumnos de la Academia de San Alejandro y del Colegio Cardinal Wiseman intercambiaron conocimientos mediante talleres de pintura
Tomado de Juventud Rebelde
Por Julieta García Ríos
17 de feberro de 2006
Son las dos de la tarde, y en el pulido piso del pasillo que queda frente a la galería de la Escuela Nacional de Bellas Artes San Alejandro descansan más de una veintena de obras recién salidas de las manos de sus creadores. A su alrededor, los jóvenes autores permanecen atentos a los criterios que puedan emitir los profesores y artistas ingleses Tom Davies, Michael John Shaw, Kelly Bushell y su homólogo, el cubano Edel Borón.
Sobre láminas de cartulina han plasmado sus sentimientos. Lo han hecho con el empleo de papeles en colores, tinta y tempera. La variedad es impresionante y puede apreciarse desde un retrato al carboncillo, un inmenso ojo realizado en forma de collage con tiras de papel de diversos colores, hasta el perfil de una joven angelical de largos cabellos suspendidos en el aire, a los que el viento parece haber impregnado algunas ramas secas del framboyán que embellece el patio de San Alejandro.
Los autores de las obras son siete muchachos ingleses del College Cardinal Wiseman, una escuela de arte, tecnología e historia, e igual número de alumnos de la Escuela Nacional de Bellas Artes San Alejandro, institución en la cual se desarrolló durante siete días un proyecto de intercambio entre alumnos.
“Ha sido un día muy provechoso. Todos han sido muy expresivos y he visto como se han divertido mientras creaban, manifiesta el profesor Tom Davies.
“Cada uno de ustedes ha ido ganando en expresividad e independencia. Pero hoy todas las obras son muy buenas. Sería maravilloso exhibirlas. El resultado sería una exposición fresca, atractiva y muy contemporánea para cualquier público”, comenta el profesor Edel.
Entonces el entusiasmo se advierte en cada uno de los rostros de los jóvenes. Luego se pasa a confeccionar la agenda del día siguiente que contemplará dos técnicas: se harán impresiones y obras tridimensionales a partir del ensamblaje de plástico y metal.
CARDINAL WISEMAN AND SAN ALEJANDRO PROJECT
“Sabíamos que la Escuela Nacional de Bellas Artes San Alejandro es una de las mejores escuelas cubanas de arte; así que nos interesamos por experimentar cómo funciona la enseñanza de las artes plásticas en las edades comprendidas entre los 14 y 18 años”, cuenta Paul Patrick, director del Cardinal Wiseman, institución que abarca la enseñanza media y preuniversitaria.
Paul, quien ha visitado a Cuba en diez ocasiones, destaca el hecho de que los estudiantes tengan todo el tiempo para cultivar su arte en edades tempranas, pues eso contribuye a hacer de ellos artistas de alta calidad.
“Siempre he estado convencido que Cuba es un modelo para el mundo en desarrollo. Además de ser un lugar muy seguro para quienes la visitan”.
El Director explica que en Inglaterra no existe una escuela como San Alejandro, dedicada íntegramente a potenciar las artes plásticas en adolescentes. “El colegio que dirijo, aunque imparte Arte, no lo hace con tanta frecuencia de clases como este”.
El proyecto entre ambas instituciones incluye la exhibición en Londres de las obras realizadas durante el taller, y aspira a que estudiantes y profesores cubanos puedan ir a Inglaterra a realizar talleres similares.
OPORTUNIDAD FABULOSA
Mientras los noveles artistas descansan, Milagros Herrero Chong nos tradujo el diálogo con Tom Davies y Michael John Shaw, dos de los profesores ingleses que integran el grupo, y quienes trabajan también en la Escuela de Arte de la Universidad de Londres (SLADE), la mejor de su tipo en Gran Bretaña.
Para el pintor Tom Davies, el proyecto con los alumnos de San Alejandro es una oportunidad fabulosa para intercambiar conocimientos y cultura entre dos países tan distantes. “Puedo decirte que estos estudiantes cubanos tienen un mayor desarrollo de habilidades en el dibujo y la pintura en comparación con los ingleses, y también he apreciado que se sienten más libres al crear, disfrutan más de la vida y están menos estresados que los nuestros”.
—¿Existe mucha diferencia entre el arte que se hace en ambas naciones?
—No, en el Taller que estamos realizando junto con el profesor Edel coincidimos en muchas de las técnicas y ejercicios que estamos desarrollando.
La primera sesión del día la dedican a dibujar basándose en dos modelos vivos. Más tarde, en el patio, pintan libremente sobre la base de los dibujos hechos anteriormente. Todo de manera informal, sentados en el suelo y bajo la sombra del framboyán.
Como una experiencia muy positiva y valiosa valora Michael John Shaw esta iniciativa, en la que la barrera idiomática no ha podido limitar la comunicación “porque a ellos los une el arte”.
“Cuba desde el punto de vista artístico es muy atractiva. En mi obra trabajo mucho con paisajes, y para mí es sorprendente la relación que existe aquí entre el paisaje y su gente. Ambos están conectados; el paisaje es precioso, pero su gente también. Son ustedes un pueblo muy amistoso y familiar”, dice.
NUEVAS IDEAS
A Josie Fitzgerald, de 17 años de edad, le parece increíble estar en esta isla y tener la posibilidad de unir culturas tan diferentes. “Esto me da la oportunidad de recopilar nuevas ideas e intercambiar criterios con otros estudiantes que no son mis compañeros de clase”, explica.
—¿Aprendiste algo nuevo?
—Precisamente hoy que vamos a dibujar el rostro, la cabeza humana —a partir de la observación de modelos—, lo cual no he podido practicar en clases.
Puja Patel, 18 años y ascendencia hindú, confiesa que a ella le ha llamado mucho la atención la libertad y el desenfado con que pintan los estudiantes cubanos.
“El ambiente aquí es relajado, propicio para crear libremente; en cambio, en mi país el entorno es muy estresante y me siento todo el tiempo presionada”, confiesa.
“A veces ni siquiera tienes tiempo de ser tú misma. Porque la estructura de los programas de estudio es muy esquemática, reproductiva. Es más difícil crear el yo interior. Aunque en los talleres que recibo los sábados con el profesor Michael me siento mejor, más libre, porque él nos deja crear cosas nuevas incorporando técnicas aprendidas.
“En estos días he aprendido que para un artista es importante expresarse en la obra, aunque para ello a veces sea preciso apartarse un poco del esquematismo de líneas y técnicas. También me ha asombrado la preocupación que sienten los estudiantes cubanos por cada uno de sus compañeros. Ellos se interesan por el trabajo que hacen, se sugieren ideas y se ayudan mutuamente. En Inglaterra cada uno va a lo suyo; en general somos menos cooperativos”.
Para Harshaun Roopra, de 16 años, los talleres son buenos: “En la escuela recibimos muchas asignaturas y para el arte quedan menos frecuencias de clases. Aquí estamos desarrollando el arte tanto como quisiéramos. Hasta somos más creativos”.
Jagbir Dhillon, de 18 años, nos confiesa que en Cuba esperaba encontrarse solo con tabaco y mulatas sensuales, pero todo ha sido mejor de lo que pensaba.
“Hay una mezcla cultural grande, la gente es muy agradable, más sonriente, comunicativa. Se ven menos estresados que los europeos.
“La escuela de San Alejandro me parece fabulosa. En Inglaterra para ingresar a una academia similar tienes que presentar muchísimos trabajos donde hayas empleado diferentes técnicas. Por eso me parece muy bien que el ingreso a este tipo de escuela dependa de pruebas donde se mide el talento de los estudiantes”, dice.
FUERZA Y AMOR
“Si tuviese que pintar Cuba reflejaría la fortaleza de su gente y el amor que irradian”, expresa la profesora Kelly Bushell, quien disfrutó al captar en los cubanos ese sentimiento.
Pero ella también ha quedado prendida de nuestro paisaje y entorno: “Cuba tiene una belleza real y no pintoresca. Es la cotidianidad que genera su propia belleza, el ir y venir de su gente, su alegría, los variados estilos arquitectónicos, el paisaje. Creo que eso es lo que hace que los visitantes puedan apreciar una visión única y especial”.
Cuenta Kelly que ella pensaba encontrar en Cuba una “pobreza total y absoluta”. Por eso “ha sido muy satisfactorio ver que los estudiantes tienen prácticamente todo los materiales necesarios para trabajar y que el Gobierno se preocupa porque ellos tengan las mejores condiciones”.
Para mí, agrega, es muy importante regresar a Londres con la verdad de lo que es una escuela cubana de Arte. “Es magnífico palpar la realidad de este país cuando en el mundo se manejan conceptos tan erróneos”, manifiesta.
En cuanto al intercambio, relata que cuando apenas habían transcurrido tres días en la Isla sus alumnos se sentían más confiados y creativos. Ante la interrogante del por qué de esa actitud, contesta:
“El primer día de trabajo apreciaba que estaban preocupados, porque veían que los estudiantes cubanos eran muy buenos. Quizá eso les dio fuerza para aceptar el reto y abrirse más a desarrollar sus habilidades. Y otra razón es que Cuba es una isla perfecta para el arte”.
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